NOSOTROS

NOSOTROS

viernes, 20 de marzo de 2015

AZUL #7






 




El coche gris se alejaba por el camino de grava bajo la lluvia persistente. En una de las ventanas dos figuras observaban su marcha.
- Parece que todo ha salido como se esperaba. Comento Livia.
- Sí, aunque por un momento pensé que iban a salir corriendo. La mujer es peligrosa. Dijo el doctor y se alejó de la ventana para acercarse a su mesa.
-Ahora déjeme solo Livia.
- Como desee.
La mujer se disponía a abrir la puerta cuando el doctor volvió a llamarla
- Ah, Livia por favor, traiga la grabación de la sesión y por favor no olvide preparar la eliminación del anfitrión; ya no será útil.
- Por supuesto, como usted diga doctor. Dijo cerrando la puerta tras de si. 


- Bueno después de todo no ha sido para tanto.
¿Verdad? Comentó Luis.

A Laura no le apetecía de hablar del tema, además Paula parecía contenta. Así que dejó sus objeciones a un lado y acordó con su marido que sí, que en realidad no había sido para tanto. Pero en su fuero interno no dejaba de darle vueltas a todo el asunto. Paula en efecto, era la que más entusiasta con la experiencia. Los cuarenta minutos con Set parecían haberla cambiado. No dejaba de decir que lo había pasado fenomenal y que el cuarto de juegos, como ella lo llamaba, era muy "chuly”, y que verías cuando lo contara a sus amigas del colegio. También preguntó qué cuando iban a volver. Su madre le contestó con evasivas. Volver no era parte del trato. Realmente lamentaba lo que ocurría a ese pobre niño, pero no, no volverían.

. Ahora sobre la carretea negra y húmeda, el coche parecía un insecto atrapado en la lengua de una bestia, que inevitablemente lo conduciría a sus fauces; la ciudad.
La manzana tenía un color rojo brillante. Sobre su piel aún quedaban unas gotas de rocío. La agarró con la mano y con un pequeño tirón la separó de la rama de donde colgaba. Se la acercó a la cara y aspiró su aroma dulce y fresco al tiempo.

-Paula, cariño, ven. Toma. Llamó a su hija que correteaba por entre los manzanos.
La niña se acercó trotando.
-¿Qué mamá?
- Toma mi amor, come.
La niña tomó la manzana y la llevó a su boca. La pulpa blanca era dulce como el caramelo.
-¿Está rica cariño?
- Sí mamá, está riquísima. Dijo Paula a la vez que masticaba.
El jugo de la fruta comenzó a resbalarle por la comisura de los labios. Era rojo sangre y caía en gruesos goterones sobre la camisa blanca que llevaba puesta.
Eva miró el resto de manzana que aún quedaba en la mano de la niña. Pero no era una manzana, era un corazón sanguinolento y palpitante al que le habían dado un mordisco.
Laura se lo volvió a llevar a la boca diciendo.
- Mamá está riquísimo, riquísimo.....

Sus propios gritos la despertaron, a su lado Luis que se había despertado sobresaltado por sus gritos le decía; tranquila, sólo es una pesadilla .Ya pasó, tranquila.

Continuará....