NOSOTROS

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viernes, 6 de marzo de 2015

No llegaron las musas a tiempo

Hay días que no.
Esos días que si lo sabe uno, pide la cuenta y se va cantando bajito, casi inaudible, pero con la procesión por dentro, como suele decirse.

Ayer me acosté a las seis de la mañana, por esas cosas de la vida y necesitaba dormir. Tenía que organizarme muy bien para el día que tenía por delante cuando me levantara a media mañana, así que me puse la alarma programada para las once y entré en la habitación.
No quise encender la luz al entrar para aprovechar la perrera que me invadía y así conciliar el sueño con rapidez.

Conozco cada rincón de mi casa al milímetro, me puedo desplazar con seguridad por cualquier lugar de ella sin necesidad de iluminación alguna. Deformación profesional lo llaman.
Son cinco pasos desde que abro la puerta de la habitación al frente, dos a la izquierda, un cuarto de vuelta a la derecha y me puedo sentar en el centro de la cama....
Juraría que así lo hice, tengo ese protocolo estudiado y más que asimilado, repetido miles de veces y en cualquiera de las circunstancias imaginables...when the repent! tropecé contra la mesita de noche haciendo el mejor solo de batería de todos los tiempos, tal fué el ruido que se organizó.
Hasta la lamparita dió saltos de alegría y entusiamo al ver la jam session que organicé en unos segundos.

Primer aviso!

En vista del dark show que organicé, no me quedó más remedio que encender la luz y colocarlo todo en su sitio.
Afortunadamente no hubo bajas que lamentar ni cacharro que arreglar.


Una vez hecha la compra del día y tras una cita pendiente con Don Almuerzo, donde me dejó claro que una dieta equilibrada era lo mejor para combatir mi mal carácter, me comí un trozo de bizcocho untao con nocilla. Qué maravilla!
Pero me dieron ardores.

Segundo aviso!

Había quedado a las siete de la tarde con la banda de bandidos con los que toco para ensayar los temas y ver cómo se va adaptando el nuevo guitarrista a la banda, su forma de tocar las canciones, el sonido que selecciona, etc.
Arranqué el coche (no es que lo hubiera incrustado en ninguna pared ni árbol ni nada, es que se dice así al ponerlo en marcha) y justo antes de salir, caí en la cuenta que lo ideal para ir a ensayar era llevar la guitarra.
Pues nada, otro lindo paseíto hasta casa para recoger la Ibanez, abrir el maletero, colocarla bien para evitar movimientos y traqueteos y salir de una vez hacia el cortijo, previa parada en boxes para avituallamiento.

Jamás llegueis al local de ensayo de una banda con las manos vacías, sobretodo si hay varios ''húngaros'' tocando allí. Si puede ser cerveza, mejor y sino, cualquier bebida refrescante será siempre bien recibida.
Los decibelios consumen energía humana y hay que reponer líquidos y regular el Ph.

Una vez dentro del local y dados los saludos correspondientes, voy a mi rincón de hacer ruido, reviso el ampli, coloco los cables en su orden establecido, a continuación el pedal de wah-wah y por último, el módulo de efectos, aparato casi imprescindible repleto de sonidos para agregar a la guitarra y poder imitar los sonidos de las estrellas de la música.
Delays y Echo multiplicados y dispuestos en repetición matemática para emular esos sonidos ampulosos como los de la banda Rush o cualquier sonido limpio y dulce como el que obtiene Clapton con su Fender.

Todo correcto aparentemente, pero el módulo de efectos no envía la señal al ampli.
Ya no pierdo los nervios cuando pasan estas cosas, me ha ocurrido en directo como a la mayoría y eso te cura de espanto. Cambié los cables por otros que tengo en reserva (siempre hay que tener piezas de recambio reservadas para imprevistos así. púas, cuerdas, cables, transformadores de corriente y hasta alguna correa, por si la que lleva la guitarra se rompe. todo puede pasar)





El módulo se plantó. No quiso funcionar y el nuevo guitarrista acababa de entrar por la puerta mirando a todos lados, con la medio sonrisa que se suele mostrar en estos casos, con las manos en los bolsillos como queriendo encomendarse a la bolsita de Mojo que llevaban en el bolsillo los viejos bluesman.

-hola, soy el nuevo, qué tal?
-hola, soy el viejo y ya quisiera estar como tú
-eh?
-nada hombre, que es un placer tenerte aquí, ponte cómodo y vamos a divertirnos un rato
-te refieres a tocar la guitarra, no? lo digo por aclarar conceptos, por..
-que sí, tío, que estoy bromeando, vamos a rockear!!

Tercer aviso!

Decidí que lo mejor era volver a tocar a la vieja usanza, nada de efctos. La guitarra directa al ampli y usar el volúmen y el tono como ecualizadores. Así se ha hecho siempre y así siempre suena bien cuando las dos herramientas son buenas.

El nuevo y sus tiernos veintipocos años saturado de ímpetu se conectó a su ampli y empezó a tocar unos solos espectaculares de Deep Purple y Led Zeppelin que me sonaron a gloria y me dijo: conoces esta canción?


Claro que la conocía, por supuesto que sí!
Me recordó por unos instantes cuando yo empecé a su misma edad a tocar con otra gente y tenía ése mismo entusiasmo y las mismas ganas, noches sin dormir abrazado a mi Fernándes mejicana, soñando en ese escenario, viéndome entre Clapton y Santana en una increible jam...casi tocando el cielo.

Pero le dije que nos pusiéramos manos a la obra con la tarea, porque en los ensayos pasan las horas como minutos y los litros de cerveza como chupitos.
Así que entre risas y tragos lubricantes empezamos a tocar toda la banda y comenzó el tributo a Rush de los que somos fanáticos..


Fueron cayendo temas, the analog kids, limelight, kid gloves...
Todo sobre ruedas, hasta que en un descanso cigarrero sonó un móvil.

-qué quieres ahora, nena?
-
-cari, estoy en el ensayo, cómo voy a ir a la casa ahora, que estoy en mitad del repaso y tengo que ir allí a treinta kilómetros.
-
-pero, has metido la llave bien? ya sabes que son dos vueltas
-
-joder, siempre te pasa algo cada vez que vengo a ensayar. hoy la puerta no te abre, el otro día no arrancaba el coche, el mes pasao me dejé una luz encendida para que no estuviera la casa a oscuras cuando llegaras y casi llamas a la policía pensando que nos habían robado!
-
-que no, que no voy a ir ni la música la voy a dejar porque tú lo digas
-
-pues me paece muy bien. vete a dormir a la casa de tu prima la fea que cuando acabe me iré yo tambien, pero a la mía.

Cuarto aviso!!

Ya no sonó bien ninguna canción. Mi compañero no estaba para centrarse en tocar ni para hacer nada y el nuevo estaba flipando en colores.
Intentamos consolar al afectado que al final guardó sus cosas y se largó raudo y veloz y al nuevo le dije:
-estás seguro de que te quieres dedicar a tocar la guitarra en una banda de Rock? mira qué duros somos, no conocemos el amor, pero nos quieren joder siempre. Somos una manada de lobos!

El pobre chaval no sabía qué decir, su cara parecía un semáforo, se le iba un color y le venía otro.
Tuvo un estreno espectacular y yo fuí un gran maestro de ceremonias. Creo que nunca me va a olvidar, tengo este don de gentes que me hace ser tan adorable..


Tocaba guardar las cosas y dejarlo todo para otro día.
Hay veces que las musas hacen honor a su nombre y te muestran el otro lado, el travieso.
Unas veces te acompañan desde que te acuestas y te ayudan a tener dulces sueños y se quedan contigo varios días. Son ésas ''épocas'' creativas donde nada más empezar a tocar sale todo a pedir de boca, te elevan a otro estado espiritual.
Pero otras veces (como ayer) ni siquiera se dignan a decir ni ''hola'', estaban a otras cosas y pasaron de nosotros.

La música es un arte y como tal hay qu dedicarle tiempo, constancia y cariño a diario. La música no entiende de impuestos desorbitados ni de nóminas y mucho menos de relaciones personales y sociales, no entiende de compromisos, de fiestas ni de decesos, es como el sol y la luna, constantes, implacables, siempre han estado ahí y seguirán estando, igual que cualquier otra forma de expresión artística que conozcamos, pero hay que entregarse en cuerpo y alma si quieres dedicarte a esto.
Es muy exigente. Tanto, que se inmiscuye en la privacidad del músico, condicionándolo en muchos casos al aislamiento, ya que todas las horas del día parecen ser pocas para saciar a la diosa Corchea.

Nos despedimos con la resignación aprendida con los años y nos deseamos de corazón mucha mierda para la próxima cita, como dicen en el teatro.

Ahora tocaba conducir de vuelta a casa. Eran las diez y media de la noche, la luna llena dominaba la cartulina azulada y la carretera se mostraba insinuante entre curvas, líneas continuas y discontimuas, señales verticales y alguna farola situada en la esquina de esa casa que está justo en medio de una curva junto a la explanada de una cooperativa agrícola..

Unos pirulos luminosos de color amarillo se agitan ante mí de forma enérgica y reconocible.

-buenas noches, esto es un control de alcoholemia, tiene inconveniente de soplar en la cánula?