NOSOTROS

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sábado, 25 de julio de 2015

Entonces supo que había llegado el día


Jineta y artes. De pesca.

Así podría resumir a un vecino de mi abuela, allí en mi pueblo, donde sólo podías vivir de lo que daba la tierra o salir a faenar. Ninguna de las dos opciones eran tentadoras, aquí apenas llueve y los invernaderos están empezando a verse y la mar no ofrece ya ninguna posibilidad de progreso, sólo se permite la navegación de recreo.
Décadas de lagunas legislativas y un fondo marino masacrado por el abuso fácil y constante tanto de los visitantes como de los lugareños, aunque he de decir al hilo de esto, que nadie tan ecológico ni tan amante de su entorno como aquél que vive de él.
Sólo un jabegote conoce mejor que nadie las épocas de pesca, las fechas de las corrientes de paso que traen grandes cantidades de peces de todos los tamaños, el desove, para no usar redes de arrastre(que entonces eran permitidas), las fases de la luna que son propicias, etc.
Los furtivos nunca han sido bien recibidos. No eran del pueblo, no había tanta necesidad.

El ''vecino'' (al que me voy a referir así por respeto a él y a su familia) vivía en un de las cuevas naturales del pueblo, zona antaño volcánica, lo cual propiciaba estos ''lujos'' naturales, pero sin electricidad ni ningún otro tipo de comodidad que la única que daba el entorno.

Vivía allí con su esposa y sus siete hijos, con no más de un año y pico de diferencia entre hermanos. Como se suele decir, eran ''todos parejos''.
Las cuevas adyacentes eran pequeñas, apenas se podía entrar de pie en ellas, pero eran adecuadas para guardar las artes de pesca, algún utensilio obsoleto y cobijo en días de tormenta de algún animal.

En una de estas, guardaba una jineta que usaba para cazar cinejos cuando no salía a faenar. Ya entonces no se podían tener estos animales, algo estaba empezando a cambiar en nuestras leyes, él lo sabía, pero la vida en los pueblos que están un poco apartados nunca ha sido fácil, pero también decía: alimentar ocho bocas no es fácil, el que quiera, que ocupe mi lugar aquí.






Nunca he conocido un pescador cobarde. Pueden ser cualquier cosa menos eso. Ellos aman a La Mar, la llaman así, en femenino, para estrechar más los lazos de unión, si cabe. Aquí salían a faenar con el ocaso en sus viejos cascarones de seis metros de eslora y los más sacrificados del oficio ya le habían adaptado un viejo motor de gasoil. Los remos en noches de tormenta, casi no valían de mucho, había que volver a tierra y sin un motorcito que te ayudara, lo tenías muy difícil, aún siendo esto el Mediterráneo. Aquí las tormentas se han tragado flotas enteras.

Usamos mucho la expresión: ''te temo más que a un nublao'', supongo que será originaria de otra región, pero nos viene al pelo!

El vecino no era un tipo muy sociable, de hecho llegué a verlo en contadas ocasiones y nuestras charlas no iban más allá de cuatro formalidades y algún comentario de alguna noche de tormenta y borracheras.


-pienso mucho en la muerte, niño! me dijo una vez mientras se bebía una botella de vino en cuatro tragos.
Nunca le ví tambalearse por beber, excepto el típico bamboleo que tienen los de la mar al caminar, pero según me decía cosas, deduje que había tenido miles de horas en la noche a bordo de su barca para pensar en todo. En todo, hay tiempo para pensar en todo cuando estás en la mar.

''La noche y la mar crean brumas,
saludas a los fantasmas
y te envenena una bruja''.

''Si la noche no saluda
y la mar no te acaricia,
átate un cabo y respira
y que no te coma la prisa''.


El cielo estaba negro aún siendo media tarde en mi pueblo, sólo se abría para mostrar los rayos que caían a la mar como racimos de uvas. El levante pegaba de cara y las olas pasaban los cuatro metros de altura.

-no vayas a salir ahora con la barca, por los clavos de cristo te lo pido, mira tus hijos, no te dá ná?
-los niños ya comen solos, no les va a pasar ná malo.
-quieres que vaya a la tienda y les pida una botella de vino fiá? vengo de momentico, pero espérate aquí.
-que no, que si quiero vino, tengo en la barca!
-pero no ves cómo está la mar de fiera? te va a tragar! me vas a dejar aquí desampará, con mi padre y tus hijos, se te se mueve ná por dentro? qué te ha pasao, que no te conozco?
-yo la cabeza la tengo en su sitio y mi sitio está en la mar, así que me bajo a la playa y me voy.

Nunca más se supo nada de el vecino. No volvió a aparecer, ni un rastro de la embarcación que yo sepa y mucho menos de él.
Hay tormentas pasajeras que se van capeando con más o menos dificultad y suerte, pero luego se calman las aguas y se sigue faenando. Así día tras día, noche tras noche, pero hay otras tormentas, mucho más terroríficas, son las que se apoderan del corazón de alguien, ya sea cartero, bailarina o como en este caso, pescador.

El vecino no supo cambiar el rumbo de su alma cuando le llegó la tormenta y naufragó en su propósito de superación, en poder otear otra clase de vida, un futuro más esperanzador y como todos los espíritus libres, prefirió reunirse con su amada antes de ahogarse en la realidad de su vida.

Esto no es un juicio, no soy juez, es un intento de empatizar con una forma de vida que me pilla muy de cerca, es algo que me produce un profundo respeto y admiración. No es fácil la vida de la gente de la mar, nunca lo ha sido, pero están envueltos en un halo de libertad, de leyendas y de historias muy humanas, de gentes sencillas, pero con una alta conciencia de el ''yo'', de contemplar la vida y percibirla de forma diferente desde la soledad de sus embarcaciones.

La familia de el vecino, quedó muy mal amparada, tanto en lo emocional, como en lo social, pero entre los vecinos y demás recursos sociales pudieron salir adelante dignamente.

Seguro que hay miles de historias como ésta en cualquier lugar del planeta, sobre personas que viven de una manera especial y quieren acabar sus días conscientemente de la misma manera, sin importarles lo que dejan atrás, ni familia, ni mucho menos amigos, ni lugares, ni momentos.

El vecino lo fué descubriendo, se dió cuenta que la mar era su vida y que la mar era eterna.

Supo que había llegado el día..