NOSOTROS

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sábado, 4 de julio de 2015

Humano!!

Un día laborable, como otro cualquiera, uno de tantos en la vida de Bob, un oficinista de una gran corporación de cosméticos de ésas que ocupan toda una planta de un edificio no muy demasiado alto y situado en la periferia de una gran ciudad.

Frente al lugar de trabajo de Bob había una gran plaza o parque de recreo donde se veía gente andar de un lado a otro, de compras, trabajando o simplemente sentados en uno de los muchos bancos situados en círculos  concéntricos alrededor de una gran fuente de la que manaban divertidos chorros de agua durante todo el día.

En uno de esos bancos, concretamente uno que había situado a espaldas del edificio, era el lugar favorito donde se sentaba Bob a la hora del desayuno. Ya que tenía media hora, quería desenchufar de aquel tedio y respirar, observar a la gente, que era uno de sus pasatiempos favoritos mientras se tragaba aquél sandwich de pechuga de pavo y lechuga insípida acompañado de algún refresco light que había sacado previamente de la máquina que había en uno de los pasillos de la empresa.

Así llevaba ya diez años. Casi llegó a familiarizatse con algún que otro deambulante de la zona. Veía pasar a la gente, los observaba: la vestimenta, el calzado, el pelo, sus formas de caminar, anillos en las manos, auriculares...y empezaba a imaginar la vida de una de esas personas al azar.

Fué de tanto observar, que un buen día reparó en la presencia de un tipo sentado en el banco situado a continuación del que él ocupaba. Parecía un mendigo, muy desaliñado y aunque la ropa no estaba muy sucia, se podía apreciar que no había pasado la noche en una cama. De piel rosácea, pecoso, con una barba hasta la boca del estómago en tonos cobrizos, pero dominando el blanco y unas arrugas en toda la faz que apenas dejaban ver sus rasgos reales, casi desfigurados por el paso del tiempo. Un tiempo que dejaba ver que no había sido nada placentero ni fácil de llevar.

Mientras Bob tragaba como podía el aborrecido sandwich, le llamó la atención que el presunto mendigo decía palabras sueltas, inconexas en un principio: agua, naranja, zanahorias, café, manzana...
En un principio creyó que era producto de su probable demencia o que igual el señor aquél tenía sed o hambre, pero no se atrevía a girarse un poco para verlo bien; le hubiera ofrecido su desayuno.

Durante varios días se repetía la misma liturgia entre él y el inquietante señor que tambien tenía la misma costumbre de sentarse a observar a la gente y decir palabras sueltas, hasta que en una de las veces en que se atrevió a mirar un poco más directamente, pudo comprobar que cada vez que alguien pasaba cerca de donde estaba el mendigo, éste le miraba fijamente al pasar y decía una palabra: café, ternera, cocacola, cerezas, humano...automáticamente cada vez que alguien pasaba. Infalible.

Bob había llegado a deducir que a cada transeúnte le había asignado una palabra por algún motivo que ni siquiera el propio mendigo sabría, pero como Bob estaba familiarizado con algunas de las personas que habitualmente pasaban por allí, empezó a darse cuenta que las palabras que salían de la boca de aquél hombre, siempre coincidían con las mismas personas: café, ternera, cocacola, cerezas, humano..

Humano? Qué quiere decir con humano, empezó a preguntarse un tanto inquieto. Las otras palabras bien podían ser de el olor corporal que pudieran desprender esas personas, pero humano no le encajaba, no entendía esa descripción, mote o lo que fuera que pretendía el mendigo.

Una semana después de intentar descifrar ese rompecabezas, cambió su dieta alimenticia y empezó a desayunar tres manzanas.
Terminó, guardó los restos de la fruta bien envueltos en una bolsa de plástico y los dejó caer al fondo de la cartera de piel que llevaba utilizando desde que empezó en la corporación. Se levantó y en vez de girarse y encarar la entrada al edificio, decidió pasar delante del ser extraño que decía palabras sueltas a los viandantes.

Se dirigió hacia él, apenas siete pasos dió hasta llegar a la altura del mendigo, cuando éste le dijo: manzana.

La palabra entró por el oído derecho de Bob como un chorro de agua entra en los oidos cuando saltas en el mar. Al principio es como un golpe, un segundo más tarde reconoces la palabra, pero después te genera un eco que vuela a la velocidad de la luz entre tus neuronas, desesperadas por poner toda esa información en orden, controlar las pulsaciones y no dejarse llevar por el miedo.

No pudo evitarlo. Sintió un escalofrío como un latigazo que le cubrió todo el cuerpo. Intentó no acelerar el paso ni despertar ningún tipo de sospechas hacia ese tipo desconocido que le estaba causando terror!

Había dicho manzana, cuando él sabía perfectamente que ni lo había mirado, se aseguró de que aquel tipo que ya le resultaba siniestro no le había visto comer, se había sentado en el mismo banco , pero esta vez de lado, a espaldas de él, con un brazo sobre el respaldo pulido de la piedra, como si estuviera hablando plácidamente con alguien. Era imposible que supiera que había comido manzanas.

Al día siguiente, volvió a cambiar de táctica. Desayunó por primera vez en su despacho y al terminar, bajó rápidamente a su banco habitual y se sentó allí unos minutos.

El enigmático señor barbudo seguía con su más que posible trastorno mental: cerveza, hamburguesa, café, cerezas....sin mover la cabeza, semi alzada para poder mirar a los ojos a todo el que pasaba cerca de él.

Bob se levantó, casi acababa su tiempo de desayuno y tenía que volver con su equipo de trabajo, se dirigió hacia el mendigo. Delante de él iba una mujer joven en chándal a paso ligero y con unos auriculares...piña, dijo al pasar la chica por allí. Tres segundos después, era su turno: manzanas, jejeje!

La palabra del indigente llegó a la cabeza de Bob como un mazazo y esa risa siniestra terminó de arrojarlo a la lona, pero nadie tiró la toalla para salvarle, usando términos pugilísticos.
El shock que le produjo la certeza de ese tipo lo paralizó allí mismo. El terror lo había fijado a la tierra como si hubiera hechado raíces.

Humano. Humano!!! Entendió de pronto el significado de todas las palabras dedicadas a cada persona.
Humano!!


Este relato de terror lo escuché no hace mucho una madrugada en un programa de esa vieja compañera que es la radio. La envió un oyente anónimo, me impactó y he querido compartirla y que no caiga en el olvido ni se pierda en la infinidad de las ondas.