NOSOTROS

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domingo, 5 de julio de 2015

AZUL#16






Se pasó las manos sudadas por la falda verde botella intentando disimular las arrugas. Era lo primero que había cogido del armario. Eso, una blusa blanca que amarilleaba y el abrigo de paño negro. A Paula le sacó unos vaqueros azules y jersey de ochos rojo y el anorak azul del colegio. Las dos llevaban recogido el pelo castaño claro en una cola de caballo pareciendo de esta forma Paula una réplica junior de su madre.
Cualquier otro día hubiera escogido su atuendo con más cuidado, pero hoy Laura solo vio la ropa por su uso básico y primitivo, protegerse del frio y ocultar la desnudez.
El dedo índice pulso el botón del portero automático hundiéndolo y haciéndolo gritar….

- Lo primero que quiero era pedirle disculpas por mi comportamiento de esta mañana doctor. Pero estoy muy asustada.
La voz quebrada de Eva daba aún más énfasis a su mensaje. Paula sentada a su lado lo miraba todo con los ojos curiosos de una niña. En especial la maqueta de un cerebro de esos que están hechos de piezas de plástico con sus lóbulos y partes anatómicas en distintos colores y que usan los profesores. Estaba distante como en su mundo. Llevaba así todo el día para aumentar un poco más la preocupación de su madre.
- y también quiero darles las gracias por recibirnos en su consulta.
El doctor se mesó su barba rojiza que enmarcaba su cara de tez lechosa, donde resaltaban los ojos de un azul cielo. Estaba acostumbrado a los halagos. Normalmente un médico recibía casi tantos como críticas, pero la temperatura de su cara comenzó a subir y por un momento temió ruborizarse. Había algo en aquella mujer que le resultaba sumamente atrayente. Si era honesto con el mismo, fue un punto a favor, a parte de su curiosidad profesional, lo que le hacía oír su demanda.
- No tiene por qué dármelas. Pero cuénteme, ¿qué era eso que tenía que decirme?
Laura observó el despacho blanco y ordenado. Con los títulos colgados en las paredes, las estanterías blancas, como la mesa, atestadas de libros . Se removió en la silla inquieta, no sabía muy bien cómo empezar. Parecía mentira, había recorrido media ciudad buscando a este doctor y cuando lo tenía delante su lengua se pegaba al paladar.

- Doctor no sé muy bien cómo empezar. Comento Laura mientras ponía en orden sus pensamientos.
- Hace un tiempo Paula comenzó a hablar con un amigo imaginario. Al principio no le dimos la más mínima importancia. Estaba contenta y feliz de tener un confidente secreto. Consulté el tema en internet y pude ver que este tipo de comportamiento era normal, pero con el paso de los días empecé a observar como Paula mantenía discusiones con "El Otro" como ella lo llamaba, hasta el punto de que a veces terminaba llorando. En el colegio también notaron como el carácter se iba endureciendo y pasó de ser una niña objeto de las burlas de los malotes de la clase a ser liderarlos por ella. También he de decir que al mismo tiempo que estos cambios se operaban en mi hija yo no he dejado de tener horribles pesadillas con ella. El pasado día de Navidad esto llego a su punto más álgido. Paila acusaba al amigo imaginario de castigarla a no ver. El resto ya lo conoce.
Yo no fui capaz de contarle aquello , pensé que serían cosas de niños o no sé .. Pensé que se pasaría igual que empezó .La verdad estaba hecha un lio, todo era tan raro y por qué no lo, llegue a tener miedo. Pero la pasada noche volvió a ocurrir Paula se despertó llorando desesperadamente y hecha pis. Desde entonces parece ausente .Yo no sé qué hacer. Pensará que estoy loca o algo así pero estoy decelerada. Por favor ¡Ayúdenos!

El doctor Jovellanos permaneció en silencio durante todo el tiempo que duró el relato, tomaba notas en un pequeño block mientras la contaba su historia.

- Ciertamente es un caso extraño. Ahora permítame que le haga algunas preguntas a Paula. Voy a grabarlas si no le importa.
- No, por supuesto que no Doctor.
-Vamos a ver jovencita.
La niña le miró con ojos inexpresivos.
- Entonces es verdad que tienes un amiguito secreto, ¿no?
Cssi. Dijo convirtiendo, la ese en una c, como si le pesara la lengua.
Un puño de angustia apretó el corazón de la madre, haciendo que los latidos pararan por un segundo. El sonido de la afirmación se repetía en sus oídos con un eco amplificador del dolor, cortando, cercenando con su vibración envenenada. Ella había oído esa forma de hablar lenta y dificultosa. Fue una mañana de sábado cuando fueron a ver a aquel niño.
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Limpió como pudo todo aquel desastre, hasta que acabó con la caja de pañuelos de papel. El coche quedó razonablemente bien. Excepto por algunas zonas de las alfombrillas y de la tapicería donde el vomito se había introducido de forma irremediable. Lo que no consiguió adecentar fue su ropa. La camisa blanca estaba llena de lamparones, que hacían juego con los de su pantalón. A la corbata no le dio opción y se deshizo de ella directamente. La chaqueta, en el asiento del copiloto, era lo único que se había salvado.

Con el último pañuelo, impregnado en el liquido verde, del ambientador del coche, "Frescor a Pino" dio un repaso final a su obra de restauración. Pensó que el contenido alcohólico del perfume ayudaría a rematar la limpieza y de camino a ocultar el hedor. No fue buena idea. Los olores del ambientador y del vomito se mezclaron, creando una nueva fragancia que bautizó "Vomitona campestre”. Aunque el sistema de ventilación trabaja al máximo, bajo los cristales delanteros. Era preferible pasar un poco de frio que seguir oliendo eso.

- Je suis pis. Monsieur. Era la voz de Kamil el niño de rasgos árabes. Que se había despertado y se frotaba los ojos.
-¿ Cómo ?. No te entiendo. ¿Qué quieres?. Luis se descubrió alzando la voz ,como si con eso, el niño fuera a entender el idioma.
- J'ai beson d'aller aux toilletes. Monsieur.
Sus conocimientos de francés se limitaban a una decena de palabras sueltas.
-¡ Je suis pis !. ¡Je suis pis!. Repetía el crio llevándose las dos manos a las ingles con expresión lastimosa.
- Ah! Toilette. Esa palabra sí la conocía, el chaval quería ir al baño, se estaba haciendo pis.

Kamil saltó el guardarrail para aliviarse en unos pastos cercanos. El A6 negro seguía en el arcén, donde Luis había conseguido detenerlo tras el incidente. Si no lo movía pronto, terminaría llamando la atención y alguna patrulla policial podría acercarse. Aunque había decidido acudir a las autoridades, no creía que su situación actual , fuera la ideal. Prefería ir él ,a que le encontraran ellos. Suponía que el acto de denunciar de forma activa , por así decirlo , le repondría algún beneficio.

Esperó a que el chaval terminara y volvió a salir a carretera. El otro niño también se había despertado con el ajetreo. Pero no dijo nada, tan solo abrió los ojos y se quedó muy quieto; observándolo todo. Con los ojos muy abiertos que resaltaban sobre su tez del color del chocolate, como si intentara comprobar que en realidad estaba despierto, de veras y no seguía en una patera.

Los kilómetros se sucedían, los chicos se habían vuelto a dormir o al menos eso parecía. Luis, durmieran o no, lo agradeció. La barrera idiomática era un escoyo con el que no había contado . Así era mejor para todos. Además , ¿qué les iba a decir?.
Abandonó sus pensamientos y volvió a concentrarse en la carretera. Una pompa de gas ascendió desde el estómago y le hizo eructar, recordándole su compromiso y haciendo que un escalofrío recorriera su espina dorsal desde la nuca hasta la rabadilla. Pararía en la próxima localidad por la que pasaran y denunciaría el caso ante la Guardia Civil.

Puebla de Montefrío. Las letras resaltaban sobre el azul reflectante. Era la próxima salida , apenas si restaban 10 kilómetros. Notó una pequeña corriente de aire, en el vello de la oreja derecha, como si alguien respirara a su lado. Asustado giro la cabeza con rapidez. Nada; solo los niños amodorrados en los asientos traseros. Volvió la mirada hacia la carretera. ¡Qué tontería! ,¿Qué esperaba encontrar?

Pasó la mano sobre el pabellón auditivo, calmando la sensación de cosquilleo. Estaba tenso como la cuerda de un violín. Cambió de postura en el asiento varias veces, pero no encontraba ninguna cómoda. Los nervios desviaron el hormigueo de las orejas, por todo el cuerpo, obligándole a rascarse igual que un mono con sarna.  
Luis accionó los intermitentes del lado derecho y deceleró mientras intentaba relajarse y dominar los picores. El A6 iba a tomar el carril que lo sacaría de la autopista. A los pocos minutos, la voz femenina del navegador protestó. Se estaba apartando de la ruta prevista.

Continuará.....