NOSOTROS

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domingo, 20 de septiembre de 2015

AZUL #19




A vista de pájaro, el coche detenido en medio de la carretera secundaria era como un enorme insecto acechando a su diminuta presa. Aunque en realidad la situación era justo la contraria. El ciclista paladeaba penosamente mientras Luis lo miraba paralizado. Otra vez la alimaña del miedo le subía por la espalda para introducírsele por los oídos, dispuesta a morder su cerebro. Se sostuvo la mirada observando el castaño de sus iris. Interrogándose frente al retrovisor, en busca de una explicación, que calmaran a las infinitas preguntas, hostigadoras de su mente.
-¿Te has perdido?
-¡Cómo! ¿Quién ha dicho eso? Luis se giró en su asiento, preguntando a los niños. Debería parecer paranoico. Los chicos se hicieron al lado contrario a su asiento, en un movimiento defensivo.
- ¡¿Quién ha hablado, quién sabe español?! Gritaba.
Permanecieron en silencio, timoratos, arrebujados el uno contra el otro.
- Luis mírame, ¿tienes algún problema?
¿Quién hablaba?. Los niños desde luego no habían abierto la boca. Debía de estar volviéndose loco, no había nadie más en el coche. Su cabeza, algo no funcionaba bien dentro de ella. Levantó ambas manos, agarrándose del pelo en un acto de desesperación y angustia.
- ¡Mírame! Ordenó la voz.
Luis rastreaba, buscando. ¿A quién tenía que mirar? Sus labios temblaban ligeramente, dejando escapar un pequeño hilillo de saliva. No era consiente pero había empezado a gimotear como un bebe.
El retrovisor volvió a entrar en su campo visual y sus ojos se volvieron a contemplarse.
El frio azul le traspaso como un chuzo helado.
¡Sus ojos! Sí era su cara, pero...pero esos; esos no eran sus ojos. Eran... No podía ser.
-Luis, no tardes. Recuerda nuestro trato.
El azul se disolvió con un destello esmeralda en el topacio de su mirada. Sus ojos volvían a ser los suyos otra vez.  
Las ruedas giraron, derrapando sobre el asfalto. Arrancando piedrecillas y levantando polvo. La fuerza centrifuga empujo los tres cuerpos amenazándolos con arrojarlos fuera del automóvil. Bajo el capo, el motor se desperezaba rugiendo como una bestia que recupera la libertad. Luis giraba 180° buscando de nuevo la autopista, dejando a tras al ciclista obeso, a la Puebla de Montefrío y un trozo de cordura. Toda su determinaciones morales y éticas habían quedado reducidas a cero. En estos momentos, lo único importante era su misión: llevar estos niños ante Él.

Temblaba y el sudor de sus manos hacía que el cuero del volante resbalara. El coche desandaba el camino a una velocidad suicida. Pulsó el botón que conectaba la radio del equipo de Hi-Fi del vehículo. Esperaba que la compañía de la radio le tranquilizara o terminarían despeñándose. Preferiría algo más fuerte, pero no había traído ningún disco, ni siquiera en su Smartphone. Sería mejor una radio-fórmula popera, que nada. El aparato comenzó a explorar el dial en busca de las emisoras disponibles. Aunque el terrero era accidentado, su tecnología RDS, no tendría demasiados problemas para sintonizar alguna. Los segundos pasaban y sorprendentemente no conseguía enlazar con ninguna frecuencia. Hastiado Luis estaba a punto de apagarla cuando la música empezó a se, lejana y amortiguada pero ganando poco a poco volumen y calidad de recepción. Si quererlo, el recuerdo de la noche en que paro en aquella gasolinera, se abrió paso desde los registros de su memoria. Apretó el botón de power sin convicción y efectivamente no tuvo efecto. El aparato seguía funcionando .La estación de radio seleccionada parecía emitir un tema de rock duro. Sus notas afiladas y rápidas inundaron el habitáculo. El esfínter de su vejiga se relajo por un segundo y parte del orín que contenía se derramó mojándolo. En un primer momento, no había logrado reconocerla, pues hacía mucho que no la oía y porque, debia de ser alguna versión del clásico, que hacía aún más poderosa, la ya impresionante pieza de Al Di Meola ;"Race with the Devil on a Spanish Highway".

Continuara....