NOSOTROS

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lunes, 2 de enero de 2017

Uno más por uno menos

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......


Dónde me llevará esta ola?
Aguantará la tabla el camino?
Será este el final de mi destino?
Me recibirá la Aurora?




Milenios de tiempo como unidad de medida para intentar poner orden en esto que nos empeñamos en llamar vida y no somos más que una partícula de polvo en un desierto infinito.




El tiempo no es nada. La vida es todo, sin vida no hay nada y sin tiempo no vivimos, malvivimos. Todo se reduce a terminar pronto la labor y volver a casa. Al día siguiente, lo mismo. Y así hasta el fín de semana. Y otra semana más y luego llegan los meses, pasan los años y finalmente, pasa la vida.




Seguir tu camino o cambiar de aires..


sin certezas,
sin prejuicios,
con las maletas llenas
de amaneceres limpios,
de sonrisas inquietas,
de la ilusión de un niño
y los vicios de un poeta




2017 no lo he podido empezar mejor volviendo a San José, punto de partida de los descendientes de La Molinera, así era conocida mi abuela.
En este molino enviudó con 28 años y tres hijas a su cargo y ella solita luchó y salió adelante.
Yo no sabría decir si me viera en su situación si sería capaz de conseguirlo, me temo que no, que tendría que pedir ayuda y no creo que la cosa acabara bien. Así que mientras no se demuestre lo contrario, la invencible es ella, el orgullo familiar.
Y una vez hecha la visita familiar, el siguiente destino es mi segundo refugio: Rodalquilar.




Me gusta venir aquí también en cualquier época del año. En verano porque hay un gran abanico cultural de actividades y en invierno porque es más ''íntimo'', como más familiar.




Cada vecino ha arreglado el exterior de su casa como ha querido, unos con motivos navideños y otros colaborando con sus paredes en una exposición fotográfica y de pintura.




Era muy temprano y apenas se habían levantado los de la tienda y los que tenían animales a su cargo, porque el resto estaba Morfeando tras la celebración del inicio de año.




Caminar por las calles del pueblo y que sólo se escuchen los pájaros es lo más cerca de estar en el paraíso pero sin salir de este mundo.




Es en estos sitios así en los que el concepto de ''tiempo'' no tiene ningún sentido ni lo necesita. Es silencio, paz, tranquilidad, agua, techo, compañía y alimento. Más que suficiente para respirar vida y disfrutarla cada segundo siendo muy consciente de ello.




Es aquí y ahora, no queda ayer y mañana está por llegar y no es estar por estar, es vivir y ser feliz.




La casa que no te recibe con un galán de noche, lo hace con un jazminero y la que no lo tiene, te ofrece un buen asiento donde guardarse de la lluvia o del sol en verano. Todas dicen algo, todas cuentan algo de sus moradores.




No parece que estemos en Almería, verdad? Por suerte es zona volcánica y aunque no tenga actividad, el terreno es rico en minerales y crece con facilidad casi cualquier cosa que se siembre.




Bancos y mesas en la calle donde el tiempo se mide en vasos, tazas y jarras.




Calles de expresión inerte que cobran vida con unas muestras de arte y le dan otra dimensión.




El pequeño rincón. Este hueco es imposible de fotografiar en verano, siempre hay coches durante las 24 horas del día.




Y llega la hora de marchar. La tabla a la que me agarré como náufrago, aguantó todo el oleaje y me llevó a buen puerto. Ahora toca encarar la nueva unidad de tiempo en forma de almanaque y como el preso que espera su libertad, ir tachando los días de mi celda particular llamada ciudad y esperar a poder volver a obtener la próxima ''condicional'' y disfrutar de nuevo cada segundo, cada brisa, cada luz, cada golpe de su risa.








Mantengo humildes mis orejas.