NOSOTROS

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lunes, 22 de febrero de 2016

Dystopia, consecuencias de un pelirojo insoportable.

Porque esto es lo que ha sido todos estos años atrás Dave Mustaine, líder y fundador de Megadeth. Desde su ''marcha'' de Metallica, Dave creó la que para mí es una de las bandas punteras del Thrash Metal, Megadeth.

Le sentó bien empezar de nuevo, a pesar de la ira que le provocó su despido, acentuado en un viaje de vuelta a casa que duró 48 horas, allá sobre 1984.

De educación judaica y convertido a los testigos de Jehová, se reconvirtió al crsitianismo ''cuando todo mi mundo conocido hasta hoy se derrumbó'', comentó en cierta ocasión.

Y ahora lo tenemos de nuevo por aquí a este cincuentón mal encarado, de carácter irascible, pero igual que el Dr. House, de honestidad brutal y presentando nuevo disco: ''Dystopia'', dieciséis discos después desde 1985.

Esta ''honestidad'' que acapara Dave no es algo que deje indiferente al oyente. Su voz no es algo meloso como pueda ser la voz de un cantante de baladas, ni eso ha querido él nunca para su música, que como siempre, está muy por encima de sus registros, sin menoscabo del poderío que contiene la garganta de este cincuentón que se muestra en plena forma, con el mismo tipo, pelos y fealdad de rostro.


El disco empieza inquietante. con una breve intro que desemboca en bronca. Así, sin anestesia, puro Megadeth cañero, directo y desagradable. Como debe ser.

La segunda canción es Dystopia, del mismo nombre del disco y contiene unos riffs de guitarra por los que mataría cualquier guitarrista del género. Un temazo en mi opinión. Perfecto, con un buen estribillo y redondo en concepto y resultado.


No me canso de oirla, es genial, un trallazo como una patada en la oreja, pero de las que quieres recibir muchas veces.

Este disco tiene la particularidad (maravillosa para mí) de contar en las guitarras con el más que admirado por mí, Kiko Loureiro, guitarrista de Angra, del que ya os hablé aquí en cierta ocasión sobre ''Holy Land'', uno de los discos que más me hangustado en mi vida, en parte gracias al buen gusto y la elegancia que desprende la guitarra de Mr. Loureiro.

Este apellido lo voy a escribir poco porque me resulta muy complicao. Mejor le digo Kiko, que me gusta más.

Hay quien opina que este disco es lo mejor que han editado desde ''System Has Failled'' de 2004, otros aventuran que desde ''Youthanasia'' en 1994 y yo voy un poco más lejos, a ''Rust in Peace'' de 1990 donde se encuentra una gema musical (bajo mi punto de vista, claro), la canción es ''Hangar 18'' donde se divaga sobre el famoso extraterrestre que se estrelló con su nave y lo guarda con celo el gobierno americano según dicen..

''Death for Within'' es un tema heavy, muy heavy, de riffs y ritmos pesados, quizá lo más heavy del disco por su contundencia, es como una apisonadora: lenta en comparación a la anterior, pero aplastante y machacona.

''Bullet to the Brain'' empieza con unas bellas guitarras acústicas y redobles de caja como en un desfile militar, dando paso a un tema Megadeth de los de siempre, riffs asesinos, cambios de tono y de acentuación del tempo, con esa sensación de desequilibrio controlado que tanto me gustan.

''Post American World'' contiene un riff de inicio muy marca de la casa, aunque a ratos me recuerda al legado que dejó en Metallica. Esos arreglos de guitarra haciendo palm-mute siempre le saldrán mejor que a Kirk Hammet.

''Poisonous Shadows'' contiene un extra agresivo en forma de doble bombo a la batería, unos buenos coros evocadores de paisajes orientales y música con reminiscencias a la misma región. Aquí ya empieza a destaparse Kiko con arreglos armónicos en consonancia con el tratamiento de la canción. Al final del tema. queda sonando un piano de cola melancólico muy adecuado. Gran acierto.

''Conquer or Die'' comienza con una guitarra acústica al más puro estilo Randy Rhoads en ''Diary of a Madman'' desembocando en los ya conocidos riffs muteados de Dave y Kiko dejando claro por qué para mí es uno de los mejores guitarristas metálicos: limpieza de ejecución, velocidad, técnica depurada, buen gusto y un sonido muy definible.

''Lying in State'' es puro Trash madurado, pero conservando el sello Mustaine, recitando con los dientes apretados, un K.O. técnico si te pilla con la defensa baja. Trallazo a toda velocidad, buena ejecución de los músicos con resultado final abrumador.

''The Emperor'' tiene ese deje casi Punk tan asociado al género, pero del que se desmarcaron estas bandas hace ya décadas. Lo Punk no debe ser identificado sólo en lo musical, aquí no hay ya nada de esto, pero sí en la actitud a la hora de escupir puntos de vista en las letras de la canciones. Eso no se ha perdido y es de agradecer.

''Foreign Policy'' es la última canción del disco. Furibunda, veloz y resumen de un larga duración que se presumía complicado tras la salida de dos miembros de la banda, pero los resultados están por encima de las espectativas.


Quizá no merezcan una matrícula de honor por el disco, ni falta que les hace. Esta banda lleva décadas consagrada, gozan de buena salud y su reputación en directo es más que solvente, obviando ciertos pecadillos de juventud que ya quedaron atrás hace tiempo, pero, quién no los ha tenido? El que esté libre de pecado..


A destacar de Dystopia: el tratamiento de las guitarras, sonando tanto las de Dave como las de Kiko tremendas, sin puntos flojos, no dan respiro a lo largo de todo el disco.
El art-work del disco, con una portada sencilla, alusiva a los tiempos que corren y unas buenas fotografías de acompañamiento.
La ''frescura'' de ideas, renovadas en concepto, la calidad de sonido en general, todo muy bien compactado, medido y ejecutado. No hay puntos débiles, todos los músicos cumplen a la perfección sus cometidos. No hay que olvidar que aquí el líder es Dave, el capitán del barco y la mente pensante, pero no por eso el resto de músicos se limitan a cumplir. El Rock no funciona así, o te vuelcas en él o no suena.
Y por último, han hecho algo que llevo clamando desde hace tiempo: el disco dura justo lo que debe durar. 11 canciones con una media de duración de cuatro minutos. No es necesario alargar más las cosas cuando en tres minutos está todo dicho, ni hay por qué grabar cuarenta canciones si con una docena hay más que suficiente.

Espero y deseo que sus coetáneos y demás bandas posteriores tomen nota de lo que debe ser un disco de estas características.







Mantengo humildes mis orejas.