domingo, 7 de junio de 2015

AZUL #15





El humo negro salía por la chimenea tiznando el cielo de una de las últimas mañanas del año. El fuego que la alimentaba no se había prendido por casualidad, esa mañana era la propicia. Apenas si había una ligera brisa y su dirección haría que no se alejara demasiado. No pudiendo así ser olfateada por narices curiosas. También la humedad del aire haría su trabajo haciendo que las cenizas que transportaba no fueran más allá del bosque de coníferas que rodeaba y escondía a El Buen Pastor. El horno alcanzaba los 1500 grados centígrados y a esa temperatura toda, absolutamente todo lo humano se convertía en polvo.
Los ojos de la mujer estaban fijos en el cristal por donde se podían observar como las llamas lamian el pequeño cuerpo. Un poco más allá, el doctor Orgaz observaba el termostato con desgana. Particularmente no disfrutaba de esta parte del trabajo, muy al contrario que Livia. Ella si encontraba placentero todo lo macabro; sin embargo a él sólo le movía la Ciencia y esta parte del trabajo no era más que una pequeña molestia. Una vez acabados los experimentos había deshacerse de los especímenes fallidos. 
Sí, la ciencia había sido su obsesión desde que podía recordar, pero el mundo siempre se las ingeniaba para interponerse entre él y el reconocimiento, poniéndole límites absurdos, propios de mentes supersticiosas y atrasadas del Medievo. El Hombre tenía que utilizar todos los medios para alcanzar el conocimiento .Estaban ahí para eso. Para él, como no podía ser de otra forma, el fin justificaba los medios. Aunque los medios fueran vidas humanas. Que fueran niños o no; carecía de importancia. Fue entonces, cuando todo parecía estar perdido cuando apareció Set. Le devolvió su laboratorio y le dio la oportunidad que su genio merecía.

- Doctor, doctor.
-Sí, sí. ¿Qué quiere Livia?
La voz de la mujer lo sobresaltó, sacándolo de sus recuerdos.
-La hora se acerca Él está a punto de llegar.
- Sí, tiene razón Livia. Haremos una última comprobación. Adelántese, en unos minutos iré con usted. Gracias.
La mujer miró hacia el suelo, agradeciendo el cumplido y se marchó y con de ella el ruido de los tacones al subir la escalera de hierro que la sacaban del cuarto de calderas.
El doctor Orgaz se quedó solo, mirando el crepitar de las llamas del horno. Las partes carbonizadas del féretro, comenzaban a desmoronarse como si fueran de arena. Esta vez, casi lo había conseguido. Había estado tan cerca. Pero los nuevos especímenes estaban de camino y esta vez no fallaría.

Las ventanillas del automóvil mostraban la acuarela de trazos imprecisos en que se transformaba el paisaje distorsionado por la velocidad. Los dos niños dormían en el asiento trasero. Kamil ,el más pequeño se apoyaba en el hombro de Kalule ,que lo hacía sobre la manta hecha un ovillo que les habían proporcionado en el puerto. Las dos criaturas estaban exhaustas y el cansancio las había derrotado. Cuando los acompaño hasta el coche ,aún temblaban de frio y/o de miedo . Luis no podría decir cuánto había de lo uno o de lo otro . Con sólo imaginar por lo que habían tenido que pasar para llegar hasta aquí, se le ponía la piel de gallina . Miraba por el retrovisor ,observando como descasaban el uno sobre el otro . Igual que dos cachorros indefensos que esperan a su madre en el cubil. La diferencia estribaba en que ellos no tenían a nadie a quien esperar. Él era todo lo que tenían en el mundo .Por un momento pensó en su hija , rápidamente intentó desechar esa imagen de su mente pero no lo conseguía. ¿Qué estaba haciendo?. ¿Dónde conducía a aquellos niños?. El peso de la evidencia le aplastaba poco a poco el pecho y no le dejaba insuflar aire a los pulmones . Lo sabía, aunque llevara todo el trayecto buscado alguna otra explicación que le satisficiera más. No podía seguir autoconvenciéndose, fuera cual fuera el destino de esos niños, no sería nada bueno. Ahora que lo veía desde esta perspectiva ,todo encajaba mucho mejor. Todo lo que le había sucedido desde que entró en aquella maldita gasolinera comenzaba a cobrar sentido. El viejo tenía razón . Daba demasiadas cosas por sentadas . Se había comportado como un imbécil . "El destino te ha dado una nueva oportunidad" se había dicho a si mismo, muchas veces, porque él era especial. Lo que él era ; era un gilipollas, que se había dejado engatusar por cuatro trucos baratos, guiado por su ambición y su vanidad. Tenía que haber escuchado a Laura. Pero ya era tarde ,se había convertido en cómplice de aquello . No podía cerrar los ojos ante esta barbarie. Debía enmendar su error. 
.El temblor comenzó en la planta de los pies . Primero fue como un espasmo, como un calambre, que recorrió todo su cuerpo . Luego sus tripas se removieron provocando que el desayuno deshiciera su camino. La nausea era incontenible . Agarró con todas sus fuerzas el volante a la vez que frenaba desviando el coche hacía el arcén . El cambio automático y el control de tracción, hicieron el resto evitando el siniestro. Consiguió retener parte del vómito ,pero unos chorros de café y tostadas a medio digerir salieron a reacción tanto por su boca como por su nariz, impregnándolo todo con un lodo ácido y ocre que olía a limones podridos con toques de arábiga.
 En las manchas de vomito sobre el volante y el cuadro de mandos , no sólo estaban los restos de su desayuno si no que también estaban la decepción , el fracaso y una gran dosis de miedo. Todos ingredientes habían se habían cocinado en su interior haciendo una mezcla explosiva .
Sí ;sentía miedo, miedo a oponerse a ese viejo de ojos de hielo azul, que era capaz de comprar niños, dios sabe con qué intenciones; como si fueran ganados. No mucho peor, porque el ganado hacía que su viaje al matadero fuera de primera clase, comparado con el que estos niños habían tenido que sufrir.
Con la mano derecha aun temblado cogió un pañuelo de papel de la guantera y se limpió la boca y se sonó los mocos que aún le escocían en la nariz. Volvió a mirar a los niños ,que seguían durmiendo como angelitos, a pesar del incidente, quizás les hubieran dado algún sedante.  No tenía madera de héroe, muy al contrario se reconocía un poco cobarde y conservador . Todo aquello lo superaba pero la imagen de aquellos niños en el retrovisor hacía que su conciencia mordiera su corazón.
Con otro pañuelo retiró un pegote de vómito de la pantalla del navegador. Todavía estaba a 300km del Buen Pastor, su destino. Aún tenía alguna opción para parar esta locura. Tragó saliva sintiendo su sabor agrio y su quemazón en la garganta a medida que bajaba. Sabía que iba a hacer algo de lo que muy probablemente se arrepentiría ,pero tenía que hacerlo. Tenía que hacerlo porque aquellos niños, eran ahora su responsabilidad.

Continuará...


sábado, 6 de junio de 2015

Oculto tras la luna II (cap.final)

16:00 hora zulú
Se acercaba el ocaso y empezaban a mezclarse colores con grisáceos de bienvenida de un nuevo ciclo.
Silencio. Durante todo el día, silencio. En el árbol, silencio. Todo parecía inerte, excepto los ecos de algún lobo solitario llorando a la luna. Fantasmagórico, gélido, inerte.
Llegado a éste punto, Mr. H. ya tenía adaptado a su herramienta de precisión el visor nocturno para ir acostumbrándose a la ausencia de luz natural y empezar a distinguir objetivos reales de sombras, producto del movimiento natural de la luna.
Ahora irían llegando lenta y paulatinamente las horas de máxima concentración. No debería permitirse ni un parpadeo.


Un nuevo repaso mental a la distribución de la aldea para asegurarse que no confundiría un recodo de una calleja con una puerta abierta, que por cierto, no vió ninguna que lo estuviera.
Desde su posición destacaba una casa más grande que las demás, debió pertenecer a alguien relevante de aquel lugar que comenzaba a inquietarle. Rumores sobre cadáveres que aparecen de pronto en los alrededores, pero ni una maldita foto, nada que poder estudiar, tan sólo las coordenadas recibidas por el Estado Mayor de Defensa. Cómo dudar sobre eso o sobre los informes médicos que pudo leer sobre los cascos azules que observaron algo tan grotesco, profesionales curtidos en esos mismos escenarios y ahora en tratamiento psiquiátrico algunos de ellos.

17:30 hora zulú
''...con el sagrado juramento del Tercio de no abandonar jamás a un hombre en el campo de batalla hasta perecer todos..''
-Casi de noche y ni un movimiento. Hasta el lobo parece haberse marchado lejos. -Pastillas de cafeína.
-Necesito ver algo moverse, necesito un objetivo, que aparezca ya lo que sea, me da igual animal, persona o cosa.
-Cosa? Pero qué estoy diciendo? Dame conversación, cuéntame algo aunque sea mentira, dime guapo, yo que sé.
-Cuando los patitos hacen ''pío, pío'' -qué cosas me vienen a la cabeza!!-es que tienen hambre, o es que tienen frío.
-Venga, déjate de canturreos internos y céntrate: una casa grande, un campanario, siete casas a la izquierda y quince a la derecha, divididas en una calle menor.
-Se oye comentar a las gentes del lugar ''los roqueros no son buenos'' tarachán, tantaara..
-Y ni un maldito pozo de agua en ningún sitio. Al menos sería un buen punto de acecho. Todos necesitamos agua-vas sin afeitar y te hechan del lugar y además con tías buenas!-Pero está todo nevado, daría igual tomar un puñado de nieve de cualquier lugar y calentarla, pero tendrían que hacer fuego y no hay nadie desde ayer.
-Y como el aguaaaaa, como el aguaaaa, qué grande Camarón...

20:00 hora zulú
...una casa grande, un campanario, siete casas a la izquierda, quince a la derecha..
-Abogaadooo, ven abogaadoo...
-Sal ratitaaa, que quiero verte la colitaaa...

21:15 hora zulú
Los tonos verdosos del visor nocturno captan la luz y nos hacen ver en tonalidades verdes, lo cual es lo más indicado para la vista del ser humano. Es el color que menos cansa y con el que menos forzamos los ojos.
-'' ...morir en el combate es el mayor honor, no se muere más que una vez..''
-Pastillas de cafeína.
-''..la muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. lo más horrible es vivir siendo un cobarde...''
-Sigue sin haber movimiento, ni en la aldea ni en los alrededores. Ni una alimaña, Nada.

23:49 hora zulú
-Tengo el cuerpo semi paralizado, aunque veo perfectamente y puedo mover bien las manos. Empiezo a oler bastante mal, pero ahora no me voy a mover para limpiarme. No hasta que falte poco para que amanezca y pueda borrar bien cualquier rastro de acción humana.
-Qué guapa era María y cuánto me hizo sufrir. Aún me duele su recuerdo, pero mejor así. Si no funciona, mejor no forzar nada, me dijo.

24:00 hora zulú
El visor nocturno giraba suave y lentamente en los noventa grados efectivos del enfoque con el que dominaba toda la agrupación de casas de tejados a una y dos aguas, algunas construidas de pizarra y otras de piedra local. Dos estilos diferentes.
-Creo que he visto una sombra. Cuidado.

Mr. H. reguló de nuevo el visor en dirección a las casas de la derecha, entre la pequeña calle que las separaba y se perdía al final hasta el bosque que rodeaba aquél emplazamiento.
Por un segundo no pudo dejar de sentir un escalofrío que le subió espalda arriba hasta la base del cráneo como un relámpago, transportándolo por un instante a esa casa de su infancia donde él sabía que había visto esa sombra fantasmagórica..
Jamás volvió a hablar de ese tema con nadie, ni familia ni amigos y mucho menos donde sirvió estos años pasados. Se había vuelto una persona introvertida, perfeccionó su facilidad para concentrarse y prestar atención consiguiendo abstraerse de cualquier cosa que no fuera el objetivo y llegó a su punto de explosión en aquella academia militar tras un largo periodo de entrenamiento físico y mental en algunos casos hasta cruel, pero nunca se quejó. Pudo comprobar con aquellos entrenamientos al borde de la resistencia humana hasta dónde podría llegar una mente bien entrenada. Ni siquiera los psiquiatras que lo examinaron para las pruebas de especialista pudieron avistar en él ningún ''tic'' ni comportamiento extraño que lo pudiera descartar para ser lo que él se empeñó en ser.

-Esto no me puede estar pasando, no es real, concéntrate, coño. Enfoca bien esa casa, la segunda. Ahí has visto la sombra. Sí, sabes que la has visto, actúa en consecuencia, estás solo, no hay nadie más por aquí, la casa está cerrada, pero sabes lo que has visto.

Tomó aire pausadamente, controlando la respiración...siete segundos inspirando. exhalar..
Había visto algo moverse, estaba convencido y no era producto de la falta de descanso. No hay alucinaciones en tan pocas horas sin dormir, llevaba allí casi todo el día y eran poco más de las 24:30 hora zulú, pero aquella sombra había aparecido por la puerta de la segunda casa.
Le inquietó aún más el darse cuenta que aquella visión parecía corresponder a algo no muy grande en estatura, pero era una silueta de forma humana.

De pronto casi se atraganta tragando saliva. En la oscuridad del hueco de esa puerta se podía empezar a intuir lo que parecía una figura de apariencia humana. De qué sino, se iba a tratar? Cómo había llegado hasta ahí, por dónde, si él no había perdido el contacto visual con la zona objetivo desde que llegó. La puerta estaba cerrada, siempre lo había estado en todas estas horas.

-Se está moviendo el cabrón! dijo decreciendo su voz en intensidad y volúmen a medida que salían las palabras de su boca.
-Sí, amiguito, muévete un poco, no seas tímido, que quiero saber quien eres.

La sombra o lo que quisiera ser eso empezó a desplazarse lentamente hacia la izquierda de la calle y daba la sensación de que flotaba o tan sólo era el efecto difuminado entre la nieve, la singular apariencia de las cosas en la noche, la nula adaptación del ojo humano a la oscuridad, el cansancio, todos esos factores dan lugar a visiones erróneas, nuestro cerebro debe recomponer con cierta lógica para él mismo, las señales que le envía el ojo y sin luz, ordenar ese malévolo puzzle para el cerebro no es tarea fácil.
Pero el caso es que las horas de acecho estaban dando sus frutos. Casi de manera fantasmagórica, aquella cosa se movía y podía ir reconociendo ciertos rasgos de la silueta según avanzaba. Ya no se identificaba con tanta dificultad como unos segundos antes, parecía tener más densidad y estaba casi a punto de confirmar que era un adolescente, cuando a Mr. H. se le vino encima como un armario que cae, la evidencia tan sencilla como esencial: por qué no veo su energía en tonos rojizos si es un ser vivo?
-De qué coño vas, chaval. Dime cosas, dame pistas, eres ruso? esos cabrones están diseñando trajes de combate invisibles?-Ya sé, por fuera son antitérmicos, verdad Iván?
-Ya te he bautizado, ya no te escapas..

Como en la película ''Nosferatu'' de 1922, la silueta continuó avanzando en dirección a la casa grande, la primera que Mr. H. tenía enfocada y fué girando lentamente hacia la izquierda del visor. En ese preciso momento, la silueta aniñada paró en seco, se giró levemente y miró directamente y sin dudar del lugar donde estaba camuflado nuestro especialista.

El dedo índice que llevaba horas dormido abrazado al disparador se tensó en apenas un segundo, como un perro de defensa esperando la orden de actuar, apenas casi incontenible. Lo que fuera aquello, sabía que estaba allí, casi veinticuatro horas después y otras tantas desde que llegó y estudió el entorno desde varios ángulos y asegurándose a cada paso que ningún ser vivo captara su presencia.
Casi podía distinguir su cara, las sospechas sobre su temprana edad parecían confirmarse, pero lo único cierto es que sólo se distinguían esos dos puntos de luz dirigidos hacia él.

Volvió a respirar profundo, sin mover ni un solo músculo que no tuviera nada que ver con esa actividad vital, pero sudaba, era mucha la tensión y mucha la presión del inconsciente para no disparar sin estar seguro de lo que estaba pasando.
-'' vale más no herir a un delincuente que matar a un inocente..''

Y desapareció. Así, instantáneamente, como por arte de magia. Ni una estela que poder seguir, ni una huella en el suelo..nada! No había nada, sólo silencio y quietud..
Inmóvil varios minutos después y ni rastro de lo que había visto. El ente, sombra, fantasma. espía, soldado ruso o lo fuera aquello, se había esfumado, pero llegaban las dudas. No las profesionales, las intrínsecas al ser humano, que a fín de cuentas es lo que era Mr. H.  El instinto de supervivencia le gritaba que tenía que huir de allí, alejarse de ese maldito sitio, donde él sabía perfectamente lo que estaba pasando, pero no lo podía contar.
-Qué voy a contar, dios mío, que ví un fantasma, que me miró a través del visor nocturno y de pronto desapareció? Cinco años después de estar ''retirado'' voy a contar esto? Ni hablar, de ninguna manera voy a echar por tierra mi hoja de servicios y mucho menos mi reputación. No hay disparos, no hay pruebas.

Una idea le estaba ganando terreno según pasaba el tiempo y continuaba inmóvil: habré sido el primero en venir aquí a estudiar estos fenómenos, o habrán venido otros antes que yo? -Desde que acabó la guerra ya han pasado unos años, por qué ahora me llaman a mí?
-Y qué habrá pasado con los anteriores, desaparecidos? muertos? locos?- no descartaría ninguna de estas teorías, no sería la primera vez que pasan cosas extrañas en una guerra...


8:30 hora local ...en algún hospital de Madrid.
Mr. H. empezó a abrir los ojos progresivamente no sin dificultad. Le estaba costando mucho abrir un poco ese ojo. Quería hacerlo levemente, aparentando estar dormido para poder reconocer el sitio, pero una voz firme le advirtió:
-no trate Vd. de dar lecciones de supervivencia a quien le adiestró!
Coronel?
-el mismo. en cuanto termine de hacer esa tontería tengo que perguntarle por su viaje.
Sí señor, ahora mismo, pero dígame, cómo he llegado aquí? quien me ha traído? dijo incorporándose con esfuerzo. Se notaba débil y tenía una vía en el brazo suministrándole suero con algo  más que no podía ver bien en ese momento.
-le encontró una patrulla militar de aquella zona al pié de un árbol, casi enfrente de la aldea, cubierto con unas mantas y todo lo demás bien colocado junto a Vd. Tambien nos dijo esa patrulla que en su paracaídas encontrariámos un dibujo que alguien le dejó.
Un dibujo? de quien? Por qué alguien se iba a entretener en dormirme, bajarme del árbol, arroparme, dejar allí mis cosas y hacerme un dibujo?
-mire, aquí tiene unas fotos, el paracaídas está siendo analizado por la unidad de bacteriología.

Las fotografías le resultaron impactantes y aterradoras. El dibujo mostraba a un tipo muy parecido a él en una casa con la playa al fondo y rodeado de animales de granja y cerca de la playa un barco..como el suyo.
Pero lo más inquietante era una frase escrita en ruso que decía: ''el mejor cazador es aquél que sabe cuando no hay que disparar''.

Coronel, necesito hacer una llamada urgente. Luego le contaré detalladamente todo lo que necesite.
-de acuerdo, aquí tiene mi móvil. lleva grabado el número del cuartel de su pueblo. el sargento no ha dejado de llamar a la semana de irse Vd, le tiene aprecio el hombre.
Una semana? se suponía que tenía apenas setenta y dos horas para realizar el trabajo. Cuánto tiempo llevo aquí?
-casi un mes, alégrese que le encontraron y lo hemos podido traer y está vivo.









UNA GOTA EN EL CAMINO




Al parecer se han cambiado las tornas y hoy soy yo el que va a escribir (intentar) una líneas sobre un músico. 

El músico sobre el que voy a hablar no es conocido, ni siquiera tiene un disco en el mercado, pero no por ello deja de ser un grande en lo suyo.

No creo en el destino, ni en ningún ente sobrehumano que guíe nuestros designios, pero sí creo en las afinidades. En esas extrañas fuerzas que mi analfabetismo físico me impide poder explicar mejor, por eso usaré un ejemplo que siempre me ayuda cuando quiero hablar de esto. 

Supongamos que somos unas gotas de lluvia sobre un cristal, que empiezan a rodar camino del alféizar, pues bien, poco a poco y debido a las fuerzas invisibles de la física, las dos gotas se van acercando hasta confluir y formar una más grande. Pues algo parecido debe ocurrir con las personas, es como si pensaran en la misma frecuencia y cuando se dan las condiciones adecuadas, el momento adecuado…¡¡¡Bang!!!  Salta la chispa. Esa chispa es la “adecuada” de Bumbury, que hacía que todo ardiera, ésa que arranca los motores, ésa que te pone en movimiento y ésa es la que este músico me hizo sentir.

Pero las chispas solo sirven para comenzar la reacción, es el ¡YA! del juez de pista. Luego se necesita un combustible que te haga funcionar. Cada uno busca su combustible donde puede, un lugar recurrente donde muchos artistas hayan el suyo es en el Ego y he aquí donde se diferencian los buenos de los grandes.  Los grandes sólo usan un combustible: La Pasión por el Arte, la Pasión por la Música, la Pasión por el Rock.
Ese sentimiento, que hace que en tu alma prenda una semilla, donde jamás se oyó un acorde, donde a los rockeros los llaman “gente de mala vida”, donde te señalen con el dedo y se crucen de cera para no topar contigo pasión es que arraigue en ese páramo desolado porque nada de eso importa. La pasión hace que sigas adelante y que aunque no sepas ni como cogerla te enamores perdidamente de la Señorita Fernandes*  Esa pasión que te obligará a continuar conociéndola, a quedarte una y otra vez a solas con ella, aislándote del resto del mundo y aún cuando te sangren los dedos y los tendones te amenacen con romperse seguir y seguir, pues allí, detrás de esa nota, detrás de ese riff está la felicidad.

Pues sí maestro, queremos y de mayor queremos tener unas orejas tan humildes como las tuyas.
Gracias por enseñarnos el camino 


                                           



“La música,es esa amante celosa que te exige dedicación exclusiva, piénsatelo bien antes de empezar”. Salvador Aguilera


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jueves, 4 de junio de 2015

La Luz Encendida






Siempre que llegaba a casa tarde, que era casi siempre, la veía. Aquella luz siempre estaba encendida.
Una puerta estaba abierta y la luz salía como un dedo amarillo que rasgaba la oscuridad, dejando ver primero a través del escaparate y luego de la persiana metálica el resto del local desierto. El local pertenecía a la constructora que hizo la urbanización y llevaba así, vacío, desde que se mudaron hacia ya al menos ocho años. La empresa debía de usarlo como almacén, pero jamás había visto entrar o salir a nadie. Por eso llamó su atención que aquella luz estuviera encendida.  La  primera reacción fue de alegría. La actividad en el local sólo podía indicar un aumento de negocio de la constructora y eso era una esperanza de que fuera verdad que  la economía se empezaba a reactivar y no sólo un simple cacareo electoralista en los medios. ¿Quién sabía? A lo mejor su suerte empezaba a cambiar y comenzaba a revalorizarse su apartamento  y en un futuro no muy lejano podrían aspirar a cambiarla por una más grande. La crisis les tenía atrapados en aquel pisito tan mono que compraron cuando eran novios, pero que se había quedado insufriblemente pequeño, sobre todo desde que nació Laura. Sí, aquella sensación alegre le acompañó mientras subía a su casa, por lo menos las primeras veces. Los días pasaron, la luz seguía encendida.
Una mañana de sábado decidió bajar a ver si la luz seguía encendida. Era una estupidez,  lo sabía pero siempre que pasaba por delante del local era tarde y ya entrada la noche, demasiado tarde para el horario laboral de cualquiera relacionado con la construcción y la sospecha de que simplemente la luz siguiera encendida porque se hubieran olvidado de apagarla le estaba empezando a obsesionar, ese pensamiento se había convertido una feroz larva que le estaba royendo por dentro.
El sol ya estaba lo suficientemente alto para que sus rayos incidieran sobre el escaparate convirtiéndolo en un espejo, haciendo imposible ver el interior del local, así que apoyó las manos sobre el cristal formando una visera y se arrimó todo lo que pudo. El local estaba completamente a oscuras, la luz estaba apagada. Una sonrisa boba se le colgó de los labios, semejante a la de un adolescente al que le dan su primer beso, sólo que a él lo único que habían dado a cambio dejar una mancha de grasa sobre el cristal fue otra de polvo en la punta de la nariz.
No volvió a pensar en aquello hasta unos días después.
Fuese por un motivo o por otro no volvió a pasar por delante de aquel local, sin embargo la casualidad hizo que aquella noche la única plaza de aparcamiento que quedaba libre fuera una justo enfrente de él y la luz estaba encendida.
Aparcó, mientras lo hacía, se descubrió fisgoneando por el retrovisor, le sudaban las manos, estaba nervioso. ¡Dios mío! aquello era una locura, parecía un novio que llegaba tarde a una cita. Bajó del coche prometiéndose que no se volvería a mirar aquel local vacío, polvoriento y oscuro, excepto por esa luz que salía de aquella habitación; era como el mantra autocomplaciente del eterno exfumador, si lo había dejado una vez, podría hacerlo otra. No volvería a mirar a aquel local vacío, polvoriento y oscuro, excepto por esa luz que salía de aquella habitación; excepto por aquel maldito chorro de luz amarilla, que salía de aquella maldita habitación, que salía de aquel maldito local, vacio y polvoriento, con el escaparate sucio y aquella maldita persiana metálica levantada a media altura. Casi lo había rebasado cuando…aquella maldita metálica levantada a media altura…lo paró en seco.
La calle estaba desierta y curiosamente en silencio, hacía frío y pasaban casi dos horas de las diez de la noche. Los gorditos trotones (no tengo el colesterol alto ni ná)  y los runners (mi mujer no me deja comprarme una bicicleta de 1000€) habían desaparecido, incluso las parejitas de novios (no queremos hijos pero nos compramos un perro porque tenemos mucho amor que dar y muchas cacas que dejar sin recoger) también se habían esfumado. Estaba solo y aquella persiana metálica levantada a media altura era una invitación, y sólo podía ser para él, no había nadie más. Pero eso no tenía ningún sentido, se repitió una vez más...Simplemente la persona que está dentro la ha dejado así para volver a salir. Sí, eso era, así de simple.
-Claro y por eso las otras veces se ha encerrado a cal y canto.
-¿Y por qué no? Sabes que no es así, lo sabes, te está esperando, pero si te tenía hasta el aparcamiento reservado.
-Echaré sólo una mirada, nada más no pasaré del umbral. Se volvió a mentir.
- ¡¿Holaaa?!
En sus tímpanos el “Hola” sonó a vocecilla de niño asustado, como esos de las películas de animación, cuando el protagonista se queda solo, perdido en medio de un oscuro y  tenebroso bosque, casi tan oscuro y tenebroso como aquel local, si no fuera por la luz amarilla que estaba encendida.  Nadie contestó.
 Bueno, su curiosidad había sido saciada, lo había intentado; o no había nadie o no querían visitas, lo mejor sería seguir su camino e ir a casa, además era tarde y ¡qué diablos!, se estaba comportando como una vieja alcahueta.
Algo interrumpió el haz de luz amarilla que parpadeó por un instante. Allí había algo, quería decir alguien, Pero el ya se marchaba, de nada serviría volver a decir “Hola”, un “Hola” no contestado era suficiente para entender que no sería necesario un segundo.
- Gallina
- No es eso.
- Cló-cló… cló-cló
-¡¿Holaaaa?! Buenas noches, es que la persiana estaba alzada y me preguntaba…
Aquello era patético. Pero patético o no, se había agachado y ya estaba dentro de la enorme boca del rape, como un pececillo curioso e imprudente atraído por la luz.  Y si estoy interrumpiendo algún negocio sucio y si en este mismo momento están pagándole un soborno a alguna autoridad por una licencia de obras, más que nada para ahorrar tramites y burocracias (como le explicarían antes de darle una paliza y meterle el cañón de una pistola en la boca para recordarle lo que puede llegar a picar la curiosidad) Sí, se estaba metiendo en algo que no le incumbía ...¡Ay Dios! ya era tarde algo...alguien se había vuelto a poner delante del foco de la luz interrumpiéndola por unos segundo y por este espacio de tiempo se hubiera quedado completamente a oscuras si no fuera por la leve claridad sepia de las farolas de la calle. La luz volvió a manar libre.
- Bueno, pues ya me marcho, sólo era para recordarle que tenía la persiana levantada...Por si se le había olvidado y eso...Como es tan tarde y este barrio es tan solitari.., digo tranquilo.
El estruendo de una montaña de hierro al derrumbarse le hizo saltar y dar un gritito cursi y afeminado…la persiana había bajado de golpe…al final iba no iba a resultar tan exagerada la metáfora del pececillo y el rape. ….

Una semana después todas las farolas del barrio tenían pegada una hoja de papel solicitando ayuda en la búsqueda de un vecino desaparecido. La pista se perdía junto a su coche, estacionado justamente enfrente del local, ése que llevaba tanto tiempo vacío y donde no había ninguna luz encendida.
                             

                                                                              FIN


Cumplimos un añito de vida!!

Y estamos muy contentos, la verdad. Hace un año empezamos esta desafiante aventura que nos dio por llamar El Cajón de la Calavera Sinfónica entre tres personas que compartíamos ciertas afinidades e inquietudes culturales, tal como reza nuestro encabezamiento.

Aventura porque no sabíamos nada de esta herramienta llamada Blogger, pero nuestra curiosidad era insaciable, casi obsesiva y teníamos mucha ilusión por comenzar, aunque casi ni teníamos idea de cómo afrontar este proyecto sin ánimo de lucro. Sólo plasmar y compartir contigo, con vosotr@s.


El cajón como concepto material referente a tantas cosas que tenemos guardadas en la memoria, en un folio, en un trozo de hoja usada y mal escrita a modo de guión sobre una idea. Libretas guardadas en una vieja carpeta o archivador polvoriento esperando pacientemente su oportunidad de cobrar vida.

Calavera como significado místico del pensamiento, la matriz del espíritu, inteligencia y conocimiento. El trofeo de guerra..
El trono de la fuerza vital del cuerpo y el espíritu.

Y sinfónica porque aglutina y encauza todos los movimientos artísticos, creativos y personales de los que conformamos esta maravillosa aventura.

''la creatividad es contagiosa. pásala''
Albert Einstein.

Y aquí estamos un año después, contando nuestras ideas, plasmando pensamientos, sensaciones, sentimientos, canciones, relatos, cuentos, experiencias propias y ajenas, alguna receta (porque hay que comer, recuerdas?) y queremos compartir con todos vosotros nuestra alegría por poder seguir aquí y agradeceros humildemente vuestras visitas, los comentarios y todas las muestras de ánimo y gratitud recibidas.

''en cuanto nace la virtud, nace contra ella la envidia y antes perderá el cuerpo su sombra, que la virtud la envidia''
Leonardo Da Vinci


Estáis tod@s invitad@s a nuestra celebración, pasad, tomad asiento y disfrutad de vuestra fiesta del primer aniversario del blog.

GRACIAS!!




Hola! (Él de arriba, como habreis adivinado es Salvador).
Siempre he pensado que los recopilatorios que los grupos de música lanzan cada cierto tiempo al mercado son esencialmente "sacacuartos" y algo completamente prescindible para sus auténticos seguidores. Bueno, pues hoy somos nosotros quien os ofrecemos un recopilatorio (nótese la ironía), donde no están todas las son, pero sí son todas las que están. Son entradas o como dirán los duchos en la materia, post antiguos, recopilados a modo de un resumen de lo que ha sido este viaje que dura ya un año. Ha sido difícil elegir .Si ya las leyeron en su momento a lo mejor apetece darles un nuevo vistazo y si no, qué mejor oportunidad de descubrirlas. ;) y \m/


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martes, 2 de junio de 2015

Oculto tras la luna.

                                                  Basado en una historia real?


5:00 a.m. hora zulú.
Los campanazos del reloj/despertador analógico irrumpieron estruendósamente en la habitación de la casa situada en una pequeña colina a unos pocos metros sobre el nivel del mar en una pequeña localidad del sur europeo de cuyo nombre no debo acordarme..
Como cada mañana, Mr. H. (llamémosle así para no alimentar suspicacias) abrió levemente un ojo, casi sin temblarle el párpado. Le bastó un sólo segundo para poder saber que al menos en esa habitación donde dormía cada noche, todo estaba perfectamente.
Hizo enmudecer el despertador, aguardó unos segundos inmóvil concentrado en captar cualquier pequenño ruido que pudiera estar en disonnancia con el habitáculo y de un salto se puso en pié.
Todavía a oscuras por el horario y sin encender ninguna luz, se vistió, se asomó al comedor y vilvió a reconocer su hábitat. Todo estaba bien.

Sin tiempo que perder, salió al exterior, respiró hondo como queriendo llenar hasta las tripas de ése olor a salitre, espuma y arena que tanto le gustaba..
Hasta tres inspiraciones prufundas contabilizadas mentalmente en siete segundos.
Pero no había tiempo que perder, toda su vida queriendo retirarse en una casita frente al mar y esa venía con ganado y pastos. Era esa o ninguna en aquél pueblecito perdido entre calas de medio punto y situada en el desembarco de aquella cordillera de picos ásperos donde apenas había cobertura alguna, así que hubo que tragar con las condiciones si quería ese lugar en concreto. Ya habría tiempo de vender los animales, pensó en su día..
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Ya llevaba casi cinco años viviendo allí y aún conservaba casi al completo el rebaño. Le había gustado esa responsabilidad, le suponía un reciclado de actitud y responsabilidad cuidar de esos seres vivos, mantener su casa ordenada y limpia. Rústica, de apariencia casi abandonada y con una estética adecuada al entorno natural. No lo rompía, casi no se percibía al fondo de la cala entre la maleza autóctona y la carretera de tierra llegaba hasta unos doscientos metros de su casa. Más que válida para vivir como un asceta y tener un tiempo positivo de reacción ante cualquier visita no deseada.

La casa estaba completamente en regla, salvo por un pequeño detalle: no había la más mínima señal de civilización digamos, actual. No tenía luz electrica, pero tenía un motor de gasoil que arrancaba en caso de una circunstancia singular y sin prolongarlo mucho en la noche. Quería y necesitaba estar alejado de la civilización y no quería saber nada de teléfonos y mucho menos internet, así que si alguien quería ponerse en contacto con Mr H. debería presentarse allí y allí sabían que vivía el ministerio de defensa y la guardia civil de el pueblo..



Escuchó la ebullición de la cafetera avisando que ya estaba listo el maldito brebaje. Sabía que era algo sicológico, pero por qué renunciar a ése pequeño placer, era algo tan espirituoso..el olor a fuego natural y el aroma del café daban a la casa una sensación muy familiar, le devolvía aquellos momentos de la niñez entre juegos y sueños que ya empezaba a tener, como cualquier niño.
Pero este fué un niño especial. Aprendió pronto a andar, pero hablar le costó un poco más. Su pequeña cabecita estaba en continuo procesamiento de todo lo que le llegaba del exterior, ruidos, luces, colores, voces, perosnas, sombras..
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Mr. H. se dió cuenta con apenas ocho años que no era bueno para él ni al parecer para su familia, que dijera que algunas veces cuando se quedaba solo en la casa, se sentaba en el centro del comedor, inmóvil, observando e intentando descifrar cada ruido que llegaba a sus oídos..
Pensaba que si respiraba suave y superficial haría menos ruido y podría escuchar mejor...dos minutos..parece que en la habitación de al lado han respirado fuerte..
Y lo sintió. Sintió que alguien lo estaba observando en total silencio, desde la oscuridad de la puerta entreabierta de la habitación que tenía a la derecha. Respiró hondo esta vez y giró sus ojos tan rápidamente como pudo...
Hubiera jurado en ese momento que una nube negra se escondió a la velocidad de la luz, desapareciendo en la oscuridad del cuarto, pero dejó un rastro en la retina del joven H. Cerró los ojos con fuerza como queriendo rebobinar mentalmente lo que sabía que había visto y tratar de entender lo que era, pero el miedo era tan grande, que su instinto de supervivencia le obligó a abrir los ojos y volver a mirar a la puerta entreabierta con la esperanza de que fuera su hermano mayor queriéndole gastar una broma, pero no se atrevió a moverse de allí hasta casi una hora después, que llegó la familia, volviendo a invadir la casa entre comentarios y gritos provocados por los juegos infantiles, pero él sabía lo que había ocurrido. Lo contó y esa noche casi se queda sin cenar por el enfado que le supuso ver a su familia reirse a carcajadas primero y regañarle después ante la insistencia sobre lo experimentado. Se fué a la cama y se durmió por agotamiento, le aterraba la idea de que esa sombra le visitara por la noche, pero un cuerpo de ocho años poco puede aguantar sin dormir, así que irremediablemente se quedó dormido...

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 El ganado esa mañanase encontraba con la misma ansiedad de libertad que cada mañana, abrió las puertas del corral y en un aparente desorden fueron saliendo hacia el norte, buscando los altos de los cerros cercanos. Conocían el itinerario y Mr. H. las acompañaba en su particular pastoreo de observar los animales y el entorno, pero esa mañana tenía que revisar su embarcación de una pequeña vía que se le abrió unos días antes por el temporal de febrero. Febrerillo el loco, como siempre decía su familia y ahora los lugareños también.

Permaneció unos minutos de pié detrás de la casa hasta que desapareció el último animal y se aseguró que no había nadie en los alrededores.
Seguro?
Escuchaba algo, como piedras cayendo? no, era cíclico y parecía acercarse. Permaneció inmóvil en la esquina donde se encontraba. oculto entre las últimas sombras que quedaban ya a las 6:30 de la mañana, hora zulú.
Entornó un poco su ojo izquierdo y a los pocos segundos ya pudo distinguir la nube de polvo que se levantaba en el camino. Siguió inmóvil, esperando a poder distinguir la figura de aquello que se acercaba a no poca velocidad, por lo que dedujo que sería un gran vehículo, todoterreno, seguramente.


El land rover llegó hasta el final de aquel camino sin asfaltar y avanzó unos pocos metros más deteniéndose casi con brusquedad, no sin antes dar varias ráfagas de luz encañonando la casa a modo de aviso junto con largos gritos del claxon.

El sargento parecía un buen tipo, de trato respetuoso, pero directo, de autoridad diplomática, pero firme. Un señor cerca de la jubilación, pero muy implicado en sus responsabilidades. Las pocas canas que le quedaban como recordatorio de lo que en su día fuera un pelo castaño, delataban una vida dedicada a su vocación no exenta de pocas anécdotas. Toda una enciclopedia viviente del Cuerpo.

Solo en el preciso momento en que le vió bajarse del coche, Mr. H. rompió el horizonte y se mostró visible ante la autoridad, aunque no sin precauciones empezó a caminar hacia el sargento, al llegar a pocos metros, se saludaron cortésmente, pero sin confianzas.

Buenos días, sargento. Viene vd, muy temprano, no sé si me va a alegrar verle. Necesita algo de mí?
-buenos días, prefiero despertarle antes que buscarle, no se deja ver vd. fácilmente por el pueblo.
Estoy ocupado con mis cosas, ya sabe, todos los días hay faena.
-mire, anoche nos llegó un sobre al cuartel certificado desde Madrid. Lleva sus datos y me piden su firma en este recibí para escanearla y enviarla por nuestra intranet. Aquí tiene: por favor, fírmela que debo volver de inmediato y enviarlo.
De acuerdo, sargento, deme y lo firmo enseguida.

El sobre venía lacrado y con el remitente en siglas que supo descifrar al instante. Sabía que su vida cambiaría irremediablemente en las próximas horas. Respiró hondo esa vez, sin intentar  controlar ningún gesto de preocupación. Su cara se había vuelto solemne y sus ojos se volvían frios. Como la madrugada.
El suboficial se le acercó un poco y en un tono mucho más afable le dijo: tiene con quien dejar los animales estos días? yo me crié aquí, conozco la zona y mi infancia la viví en el cortijo de mis padres, conozco los animales y no me vendría mal ir retomando el contacto de nuevo. Me voy a jubilar pronto y quiero vivir tranquilo aquí y dedicarme a disfrutar de esta tierra. Sin compromisos, me ofrezco sinceramente, lo haría con mucho gusto.

Gracias, sargento, no creo que esté fuera más de tres días, pero si no le sirve de molestia, le quedaría muy agradecido si viniera a cuidar de los animales. Detrás de la casa tiene todo lo que pueda necesitar para ellos.
El sargento asintió y le ofreció la mano como muestra de acuerdo y respeto y mirándolo fijamente le dijo: mire, no sé a qué se dedicaba antes, pero viendo el remitente, lo supongo. Me cae vd. bien, cuídese mucho y si la cosa se alarga, no tema, seguiré viniendo por aquí hasta que regrese.
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El ruido del helicóptero al despegar del portaaviones era ensordecedor, apesar de los aislantes acústicos de sus cascos protectores. Empezaba un viaje de casi una hora hacia un lugar perdido en la europa del este..
La misión estaba clara y había tenido el tiempo suficiente de estudiar detenidamente la localización del territorio y la ubicación del objetivo: una pequeña aldea casi perdida de no más de veinte casas, que despues de tres años del fin de la guerra en Bosnia, ofrecía serios problemas a los cascos azules. El pueblo estaba desierto, pero quien pasaba la noche allí, aparecía muerto, descuartizado o decapitado. No había fuerzas rebeldes en un radio de más de cien kilómetros a la redonda y aparentemente no existía vida humana allí.
El trayecto dejaba tiempo para el descanso y la concentración, pero un especialista revisa siempre todo lo  que lleva encima, nada del equipo puede quedar exento de una minuciosa supervisión. Eso, o arriesgarse a no volver nunca..

Cuando el paracaídas se abrió con ese zumbido tan característico al oponer su resistencia al viento, notó cómo todas las correas se clavaban entre sus ingles y los sobacos, una sensación bastante parecida a morir descoyuntado, algo que le resultaba muy familiar y para lo que fué entrenado específicamente...quince años atrás.
El viento le desfiguraba los mofletes y el frío terrible parecía arrancarle trozos de la cara a cada segundo que pasaba. Las pulsaciones estaban casi al límite del colapso, pero la adrenalina casi le hacía sentirse inmortal, poderoso.
El hábitat natural del ser humano se encuentra en el suelo, no en el aire.
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7:00 de la mañana, hora zulú, en algún paraje perdido entre las grandes montañas. Calculaba que habrían unos 6º bajo cero, una temperatura seria, implacable si estás perdido, herido o no llevas la suficiente vestimenta como para poder sobrevivir una noche allí.

Ahora tocaba moverse como un animal de la zona, con mucha precaución. No dejar rastro, no alterar la supuesta paz que parecía que había, no delatarse por un ruído ni ofrecer ningún rastro de visualización a ningún ser vivo. Y no romper el horizonte.





Desde el punto de llegada hasta aquella pedanía no habría más de diez kilómetros, pero tardó en acercarse casi todo el día, debía asegurarse cada pocos metros que nada ni nadie le había detectado, parándose a observar a su alrededor cualquier cosa que le hiciera ver alguna anomalía, algo que no encajara entre tanto bosque nevado.
Su uniforme mimetizado era blanco completamente, así como todos los elementos que necesitaba para hacer su trabajo, todo era de un blanco impoluto, excepto una red verde caqui que llevaba bien guardada.

Así llegó hasta la aldea, con movimientos suaves, casi elegantes, escudriñando cada rincón como si fuera una pantera en la jungla estudiando los puntos débiles de su presa y sorprenderla para darle caza y no darle tiempo a reaccionar. Una bala, una baja.
Llevaba cuatro cargadores del 7'62 para su rifle de larga distancia con silenciador y mira telescópica, además de explosivos plásticos y diferentes herramientas de supervivencia.
Una vez situado en el alcance óptimo de su visor mocturno(150mts) estudió una buena ubicación. Debía ser la que le ofreciera el mayor ángulo de observación de la pequeña aldea y a su vez el lugar debía ofrecerle la mayor protección.
Analizado esto, se decidió por el lado oeste, para recibir el sol al amanecer y poder estudiar el lugar desde el ocaso, pero debía hacerlo desde uno de aquellos impresionantes árboles centenarios. Todo estaba blanco, todo del mismo color.

Subido a el mejor árbol que encontró para que escondiera su cuerpo y a más de quince metros de altura, sabía que no se movería de ahí en las próximas cuarenta y ocho horas como mínimo, No podría moverse. Para nada absolutamente.
Lo primero era asegurar su lugar de apoyo con unas correas para evitar una caída que le resultaría mortal con seguridad.
Adoptar en la postura el crecimiento, la expresión del árbol, las formas de sus ramas.
Crear el mejor punto de apoyo para el arma de precisión. Debe quedar de tal forma, que no rompa la armonía de las ramas y que se mantenga sola, apoyada casi junto a la bocacha y de movimiento seguro.










Una vez convertido en árbol, tocaba estudiar en profundidad la aldea. Tenía por delante un par de días de ser una central de datos, comparativas y deducciones. Horas de poner a prueba tu mente. Ella a de hacerte pensar que no necesitas moverte, casi ni respirar, hay que bajar las pulsaciones y hacerse ajeno a las inclemencias del tiempo.


El fin es observar, localizar y si es necesario, actuar.

Continuará..