Son las tres de
la mañana, me he terminado la botella de ron que trajiste.
Todos los
discos, los que compramos en aquella tienda del centro que cerraba, están
tirados en el suelo, junto a mis piernas. Los he puesto todos. Estoy tan
perdida ahora, no paro de acariciar el terciopelo negro y dejar caer la aguja
una y otra vez sobre la misma canción.
Tengo todos los
vicios al alcance de la mano pero me sigues faltando tú, siempre fuiste mi
mejor droga, tú.
El cenicero está
lleno. Enciendo otro cigarrillo. La habitación, nuestra habitación, está llena
de humo, sé que lo odias y yo te maldigo porque no estás aquí.
¡Joder! ¿Dónde
coño estás?
Te he llamado y
te he escrito mil veces, sólo quiero decirte que te quiero. Hace tanto que no
te lo digo…soy dura, ya lo sabes, igual que aquella canción de los Beatles que
solías cantarme…
I
want you
I want you so bad
I want you,
I want you so bad
It’s driving me mad, it’s driving me mad.
Yeah.
She’s so heavy heavy.
¿Dónde estás?
La dureza se extingue
siempre cuando tus manos caen sobre mi, ¿dónde están tus manos, dónde están las
canciones, dónde estás tú, dónde?
Lo siento,
siento todo lo que te dije; soy dura, lo sé, lo sabes…verte salir por la puerta
me ha roto en dos, en mil pedazos más con cada una de las veces que no me has
contestado, vuelve…sólo quiero decirte que te quiero, joder, sólo eso.
El sueño me
vence, la aguja no para de girar sobre el último surco, cierro los ojos,
rendida…
Puedo oír la
música de nuevo. No sé si sueño, noto unos brazos alrededor de mi cuello y de
mis piernas que me levantan del suelo, siento que levito y mi cabeza gira como
ese vinilo. Te respiro…eres tú. Siento tus labios sobre los míos, suaves,
ligeros. Intento que algún sonido salga de mi boca, tengo que decirlo por si
esta fuera la última oportunidad. Te quiero.
Era una mañana soleada del mes de
mayo, de ésas de las que al sol hace calor y a la sombra frío, típicas de la
primavera madrileña. El paseo de carruajes del parque del Buen Retiro estaba
rebosante de gente. La feria del libro nada más había hecho abrir sus puertas.
Los visitantes ya recorren ávidos los puestos en busca de los últimos títulos
de sus autores favoritos, pero sobretodo la recorren con ganas de verlos, de
pedirles que estamparan su firma, que les dedicasen un ejemplar, para tener un
trozo de ellos, un recuerdo de esa especie de magos, que son los escritores y
escritoras, de esas personas, que les hacían reír y llorar, amar y odiar,
viajar o soñar, usando tan sólo unas pocas hojas de papel y su imaginación,
existían, que eran de carne y hueso. Un ejemplar firmado era algo más que un
libro, era una fe de vida. Yo era uno de ellos.
Había leído todo lo que ella
había publicado, que no era poco. Aún recordaba cuando su primera novela cayó
en mis manos, allá por el 2003. Era una novelita de tapas blandas y edición
barata, ésas que se reeditan con vistas al verano, estaba en la estantería de
unos grandes almacenes, junto con otras de la misma editorial. Estaba en un
expositor de cartón de color chillón y bajo el reclamo de “imprescindibles del
verano.”.Hubiera pasado por delante de ese expositor sin fijarme en él
siquiera, pero aquel librito de color morado y título en grandes letras rojas,
llamó mi atención. “Vampiro”, una simple palabra. Las letras simulaban unos
arañazos en la cubierta, como recién hechos y aún sanguinolentos. No puede sino
sonreír, era la portada más cutre que había visto. Pero cutre o no, había
cumplido su misión y no pude evitar la tentación, lo tomé para ojearlo. Debajo
del título y en pequeñas letras doradas estaba el nombre de la autora, Laura
Sastre. Lo giré, leí la sinopsis esperando encontrar una truculenta historia de
vampiros y amor adolescente, de ésas que estaban tan de moda por aquellos años.
Eran unas pocas palabras, nunca las olvidaré.
“Alejandro, sé que estás ahí
fuera, escondido, oculto al resto del mundo. Comprendo tu dolor y tu soledad.
No es fácil ser un vampiro”.
Casi se me cayó el libro de las
manos, sentí una especie de desvanecimiento. Me dirigí a la caja y pagué
los 10€ que costaba aquella novela y empecé a leerla inmediatamente. Choqué con
varios transeúntes mientras andaba leyendo, absorto en aquellas páginas, y
también lo hice con una farola y casi fui atropellado dos veces, pero no podía
dejar de leer. Las 275 páginas no me duraron más que unas pocas horas Sí, era
una típica historia de amor imposible entre un vampiro y una humana, no demasiado
original, pero lo que me hizo no poder dejar de leer, era su forma de describir
el dolor y la soledad de aquella criatura atormentada. Vi mi dolor, leí mi
soledad en aquellas letras..
Desde aquel día, he leído con
ansia todo lo que salía de su pluma, he navegado por internet recabando toda la
información que me ha sido posible e incluso he intentado conocerla en persona,
pero por unos motivos o por otros nunca tuve éxito. Hoy, por fin lo iba hacer,
se había convertido en una necesidad, en una obsesión. Como ya habrán
adivinado, no sólo me llamo Alejandro, también soy un vampiro.
Las casetas blancas están
dispuestas a ambos márgenes del paseo, en dos filas paralelas enfrentadas, hay
muchas. Consulto la hora en el reloj de pulsera, son las once y cuarto de la
mañana, el sol está alto noto su quemazón en la cara y en las manos a pesar de
la protección solar, me escuece, pero es soportable. Las gafas oscuras y las
lentillas hacen mejor su trabajo. Voy restando mentalmente las casetas que me
quedan, es la 220. Está en la hilera de la derecha, 150, 148, 146. Oigo las
conversaciones de los asistentes y de los expositores, la mayoría son cacareos
huecos de contenido, poco más que frases hechas y recurrentes, me levantan
dolor de cabeza; también huelo sus perfumes, los aftershave y la halitosis de
los fumadores, es como caminar por un vertedero sembrado de flores. Tengo sed.
El corazón me martillea en el pecho con fuerza, 130, 128. Intento no parecer
nervioso, las manos me sudan, me las meto en los bolsillos de la cazadora, y
bajo la cadencia de mis pasos, soy como un enamorado que no quiere llegar
demasiado pronto a su primera cita. 90, 88. No deben de separarme de ella más
de 500 metros. El número de visitantes baja a medida que me alejo de la
entrada, la mayoría se queda en los primeros stands, a mí sólo me interesa el
220. Los expositores me miran desde sus puestos de chapa, me sonríen, quieren
que me acerque, están frescos, ilusionados con la oportunidad que les da la
feria, quieren darse a conocer, promocionarse, vender, para algunos es la
primera vez, ya veremos si siguen igual de sonrientes dentro de una semana.
20, 18 ya he localizado la caseta 220, aspiro aire con fuerza, intento
percibirla antes de verla.
Huelo dos perfumes de mujer, uno
es Chanel Nº5, pesado y empalagoso para esta hora de la mañana; el otro
no lo conozco, es dulzón, huele a frutas demasiado maduras, también hay y una
fragancia masculina, maderas y canela, agradable. Debajo de ellos hay otro
olor, más sutil, fresco, a piel limpia, recién lavada y aún con trazas del
aroma de jabón de Marsella. Desde aquí no puedo asegurarlo pero tiene que ser
el de ella.
Dejo el centro del paseo por
donde camino y me escoro un poco a la izquierda, para tener mejor ángulo de
visión. Allí está, no está sola, hay un par de personas visitando el stand, y
un hombre su lado, debe ser alguien de la editorial, ella sólo estará unas
pocas horas.
Ya la había visto antes en fotos,
pero ninguna le hace justicia. Sus 45 años son la envidia de muchas chicas de
35. Su cara es un óvalo perfecto, de tez blanca, casi lechosa, enmarcado por
una melena negra azabache, recogida en una especie de moño que ha sujetado con
un lápiz. La nariz es pequeña ligeramente respingona, que le hace parecer más
joven. Su boca no es ni grande ni pequeña, con unos labios rosados que no
necesitan ningún carmín que los realce, con dientes iguales que perlas,
pequeños y regulares. Pero sobre todos sus rasgos es la mirada la que te
cautiva, con un poder casi hipnótico, inteligente, con unos ojos profundamente
azules y unas pestañas que son azotes de seda, te someten con cada parpadeo.
No soy consciente, pero llevo dos
minutos plantado en medio del paseo de carruajes, embelesado, mirando la caseta
220, mirándola a ella.
Tengo que acercarme, aprovecho
que está ocupada con esas personas, parecen muy interesadas, también son fans
de Laura, no sólo curiosean, así no seré su único punto de atención. Es
estúpido, pero creo que de esta forma tendré ventaja, más tiempo para saber qué
voy a decir, practicar mi frase, para no dudar cuando salga a escena. Soy
doctor en hematología, a menudo doy conferencias, estoy acostumbrado a hablar
en público, sin embargo irónicamente temo tartamudear.
“Buenos días Laura, encantado de
conocerla, soy su mayor fan”
“Hola, me llamo Alejandro, como
el vampiro de sus novelas, encantado de conocerla”
“Soy Alejandro. Buenos días,
además soy vampiro, igual que el protagonista de sus novelas”
¿Quién da más?, El catálogo de
estupideces que me bulle en la cabeza es antológico. El caso es que ya no hay
remedio.
- Buenos días, ¿en qué le puedo
ayudar?
Era el compañero de stand de
Laura. Un hombre que ya había pasado del lustro, calvo y con unas gafas
lectoras rojas, de ésas que se llevan alrededor del cuello en dos mitades y que
cuando se van a colocar sobre la nariz, se arman mediante un imán.
- Buenos días. Quería comprar un
ejemplar y que me lo dedicase la autora
- Por supuesto, si quiere se lo
voy cobrando mientras ella termina.
- Claro, claro
Ya la tenía, de hecho ya la había
leído. Venir a la feria sólo es una excusa para conocerla personalmente.
Sus novelas seguían siendo
fundamentalmente historias de amor entre vampiros y humanos. Llenas de clichés,
de lo que se suponían que eran los vampiros, y que se alejaban bastante de la
realidad, pero lo realmente increíble de aquella mujer era como dominaba la
psique vampírica, como la entiende y como la describe. Había llegado a pensar
que ella también era una vampira y que sólo escribía esas tonterías de los
crucifijos y del ajo como una cortina de humo. Pero no, ella no podía ser
vampiro, ya me había fijado en las fotos y ahora lo vuelvo a hacer, no cabía
ninguna duda, Laura Sastre tiene colmillos.
- Laura, perdona - le interrumpió
el compañero- tienes aquí a otro lector, que también quiere le dediques la
novela.
La aclaración era del todo
innecesaria, pues las dos señoras con las que charlaba cuando llegué se iban, y
ya se había percatado de que tenía más trabajo.
- Hola, por supuesto, será un
placer. -Dijo y tomó el libro que le tendía su compañero- ¿Cuál es su nombre,
caballero?
Está a escaso metro y medio,
preciosa, apuntándome con esos zafiros que tiene por ojos, sinceramente no he
oído la pregunta, sólo la he visto mover los labios, contesto automáticamente -
Alejandro- siento calor. Una especie de sofoco que me sube desde el pecho por
el cuello, los maxilares están recibiendo un aporte extra de sangre, siento la
tensión en la mejillas no puedo volver a abrir la boca o verá mis colmillos, que
han salido de sus cavidades en el paladar como si fueran las uñas de un gato,
es como una erección que también siento, pero más poderosa, más primitiva y más
difícil de resistir. El páncreas está segregando adrenalina, mi cuerpo
reacciona, se está preparando, todo él se tensa. Hasta mis oídos no sólo
llega el sonido de su voz, también oigo el latido de su corazón. Percibo como
la sangre asciende desde él por sus arterias carótidas. Las pupilas se me han
dilatado. Entra más luz en ellas, tamizada primero por el cristal oscuro de mis
gafas y después filtrada por las lentillas, de cualquier forma no es suficiente
protección, me arden. Unas irresistibles ganas de abalanzarme sobre ella me
asaltan. Temo perder el control, es un instinto básico y juvenil, algo
completamente olvidado, superado, impropio en alguien de mi edad y experiencia.
Tengo que alejarme. La bestia que soy, el animal que se oculta en mi interior
está pujando por salir, no sé si seré capaz de dominarlo mucho más. Aprieto las
mandíbulas, noto como mis propios colmillos se me clavan, pruebo mi sangre.
- Muy bien, pues aquí tiene,
Alejandro.
Me mira de forma extraña y
curiosa, nota algo.
- Gracias.
Es lo único me atrevo a decir, es
poco más que un gruñido incomprensible entre dientes. Recojo el ejemplar firmado,
agacho la cabeza y me alejo de la caseta 220 lo más rápido que puedo.
No siempre se tiene la suerte y el poder adquisitivo de cara y no siempre se acierta a la hora de adquirir un instrumento por primera vez con el propósito de hacerlo sonar bien, sentirse feliz y compartir esa felicidad con los demás ya sea en casa, en la calle, en una reunión de amigos, o sencillamente en la soledad de la habitación, a solas entre tú y tu guitarra. Esto último a veces es lo más gratificante por ser lo más íntimo y lo más satisfactorio en términos de aprendizaje.
Pero no siempre sabemos seleccionar una guitarra que se adapte a nuestras necesidades. En la mayoría de los casos la economía no acompaña a nuestros anhelos y no queda más remedio que comprar un instrumento de precio bajo con las trabas que conlleva en prestaciones: una guitarra barata (para mí, después de tantos años, barato es todo lo que esté por debajo de los 250 euros) no está fabricada con las maderas que son necesarias en cuanto a nobleza de sonido, equilibrio, terminación, uso de materiales, etc.
No me gusta cuando alguien dice la típica frase: para empezar, le compro una barata, no vaya que se canse a los cuatro días y tengo un trasto en la casa pillando sitio. si le gusta, cuando aprenda ya se comprará una buena.
Un instrumento musical no es un trasto. Es una creación para hacernos crecer como seres humanos, sentirnos bien interiormente y hacer felices a los demás con la música. Las guitarras baratas también tienen su corazoncito y sufren cuando oyen esto.
Es como pensar que al tener el carnet de conducir debes ''soltarte'' con un coche viejo.
Con un coche viejo te puedes matar y eso no tiene solución, pero con una guitarra barata te puedes lesionar seriamente las articulaciones, originarte tendinitis crónica y otras lesiones que pueden cambiar tu vida negativamente, pero esto sí se puede evitar.
Si la economía no permite tener una guitarra de gama media, siempre se puede intentar mejorarla. Suelen ser guitarras ensambladas en cadenas de montaje a costes muy bajos y con poca precisión. Por eso son tan baratas en las tiendas. No pidamos pescao gordo y que pese poco, no puede ser.
Lo que sí se puede hacer es procurarle al instrumento una serie de mejoras a nivel de usuario, no va a mejorar la calidad de sonido, porque eso lo determina la calidad de la madera y su construcción, pero sí la vamos a hacer más ''comoda'' de tocar, ya que la mayoría vienen con las cuerdas altísimas en relación al diapasón, lo que dificulta enormemente la digitación.
Con todo lo necesario preparado para el auto-tunning, voy a intentar explicar con sencillez los pasos a dar para intentar mejorar el estatus de nuestra nueva adquisición.
Hay que recalcar que esto es a nivel casero, muy sencillo, aunque lo mejor sería llevarla a un luthier, preguntarle y luego pedir presupuesto, porque a veces la reparación suele ser más elevada que el precio de la guitarra.
En este caso, lo que nos ocupa y preocupa es la elevada altura de las cuerdas sobre el mástil. No hay una ciencia exacta sobre esto, pero lo normal es que se encuentren a unos 3 mm. de altura con respecto al diapasón (donde ponemos los dedos para tocar)
En este caso, hay 4'2 mm de altura en el primer traste y en el doceavo, 4'4 mm. algo muy exagerado para cualquiera que pretenda hacerla sonar.
El objetivo es aflojar las cuerdas, extraer los huesos del mástil y el puente y limarlos poco a poco hasta rebajar la altura de las cuerdas, pero sin que éstas cerdeen, o sea, que al pisar un traste, no vibre con las varillas de los otros trastes y suene a tambor en vez de a guitarra.
Con una simple regla se puede ir comprobando si no tenemos a mano un calibre u otro instrumento de precisión. Pero insisto en que esto es una solución casera.
Sin llegar a quitar las cuerdas, las destensamos y sacamos el hueso para ir limándolo cuidadosamente por abajo, la zona de contacto con la madera. Nunca se debe hacer con la superficie en contacto con las cuerdas:
Esta es la parte más delicada de la operación, aquí hay que armarse de paciencia y no tener prisa bajo ningún concepto. Limar los huesos, volver a colocarlos en sus huecos correspondientes, situar las cuerdas encima, afinar, tocarlas traste por traste y comprobar que suenan las notas nítidas y volver a empezar hasta conseguir el rebaje deseado.
Una vez conseguido el tamaño deseado, quitamos por completo las cuerdas y procedemos a la puesta de largo de la guitarra:
Primero limpiamos toda la guitarra entera, revisamos todos sus rincones y observamos bien algún posible desperfecto.
Con un paño limpio, aplicamos cera natural con generosidad en las zonas de más uso por tener más desgaste. Nunca hay que usar productos que contengan ingredientes corrosivos bajo ningún concepto y mucho menos alcohol. El alcohol reseca y lo que queremos es alargar la vida de la madera y mantenerla en condiciones óptimas de conservación y para eso, el mejor alimento son las ceras naturales.
Yo tengo por costumbre dejar unas horas la guitarra en reposo para que la madera absorba bien las ceras y se nutra de manera efectiva.
Tras el reposo, se colocan los huesos en su lugar correspondiente y de forma lo más simétricamente posible y empezamos a colocar las cuerdas una por una:
Se empieza desde el puente y se realiza un entrelazado con la misma cuerda, entre tres y cuatro vueltas.
Sin soltar los extremos, tiramos de ellos en dirección opuesta, apretando con firmeza el nudo y sin soltar la parte larga.
El truco para que nunca se suelte por mucha tensión que se aplique a la cuerda, consiste en que la última vuelta del enlazado quede por detrás, casi tocando la tapa. Es un anclaje natural y no necesita llevar un tope y así no altera la imagen de la guitarra ni estropea su silueta.
Este debería ser el resultado final. Es obvio que tras el anclaje de la cuerda en el puente, el otro extremo se lleva hasta su clavijero correspondiente, se anuda con sencillez y se va tensando:
Una vez puestas y tensadas todas las cuerdas, se afinan y se comprueban de nuevo una por una en todos los trastes. Esta es una buena manera de empezar a familiarizarse de nuevo con la guitarra, ya que nos ofrece un nuevo tacto y un nuevo sonido.
Si comparamos las fotos finales con estas últimas, comprobaremos que la altura está sensiblemente reducida:
El traste seis está en el centro del mástil y es la zona más ''débil'' del diapasón y conviene comprobar minuciosamente la altura en este lugar y la limpieza de sonido. Es buen momento para practicar acordes, arpegios y escalas en esta zona y terminar de familiarizarse con la ''nueva'' guitarra.
Tachán!! jajaja ha resucitado, resurge cual ave Fénix de sus cenizas, luce mejor, suena mejor, es más cómoda al tacto y hasta parece de mejor familia (como diría mi abuela)
Pero no nos engañemos, sigue teniendo la misma calidad que tenía antes, sólo que la hemos resucitado a nuestra conveniencia y con las posibilidades que nos ofrece, pero es toda una alegría poder redescubrirla, disfrutarla y encariñarse con ella.
Ahora lo que procede es tocarla mucho y tener paciencia con ella porque está readaptándose tras el lifting, el lavado de cara y la inyección de vitaminas en forma de ceras naturales. Las cuerdas están todas nuevas y recién puestas y hasta que se aferren bien cada una a su tensión se desafinarán constantemente durante unos días hasta que suene perfecta, redonda.
Durante estos días hasta que se la entregue a su dueña (R.M.) ocupará un lugar especial en la habitación de la música, junto a mis amores inseparables, Claudia y la Srtá Fernándes, que la aconsejarán y le dirán ciertos truquillos de maquillaje para que luzca preciosa y presuma de juventud exultante.
Espero que no le cuentan demasiadas intimidades, aunque lo dudo muy seriamente; son dos señoras que saben estar a la altura de este cabalero que las ama incondicionalmente.
Pd:
Recomendación para la dueña:
(R.M.)
Todas mis guitarras tienen nombre propio: la Ibanez, Claudia, por la bella actriz Claudia Cardinale (una de las actrices que más le gustaban a mi padre, el muy pillín) la dorada, Señorita Fernándes por ser de la casa Fernándes, usada en los 80's por Santana y Clapton y hoy día la usan guitarristas como Alberto Cerijo o el bajista de Metallica. La acústica que te he prestado estos días, La Negra, ya sabes por qué, es evidente. La otra acústica, la Álvarez es una marca que me ha gustado siempre y hacía casi veinte años que quería tener una. Esta Álvarez se llama Elba, nombre de divinidad, porque suena brillante y equilibrada y tiene el color como la piel morena, igual que la divinidad hindú. Y la española se llama SaFa, por La Sagrada Familia, la obra de Gaudí que como sabes, se encuentra incompleta. La SaFa la encontré una tarde tirada en medio de una obra, sucia, sin cuerdas, manchada de cemento y tierra. Le dediqué casi cuatro meses de cuidados y cariño hasta resucitarla y rescatarla al mundo de la música y hoy, casi 25 años después, puedo asegurar que cumple su función de maravilla.
Tu guitarra será tuya siempre, será un altavoz de tu vida, de tus sentimientos, se atreverá a decir lo que tu no sepas explicar con palabras. El desamor, la injusticia del mundo, la rebeldía, las ganas de viajar, contará secretos, anhelos y pasiones y será la invitada de lujo en tardes de invierno y noches de verano. Contará casi toda tu vida y estará siempre ahí, a tu servicio, será una extensión de tu cuerpo y de tu alma, un ser con vida propia de la que tú y solo tú serás responsable.
Y como todos los caminos comienzan dando un paso al frente, tu primer paso debería ser bautizarla.
Acaba de resucitar. No sabe nada, no recuerda nada de su vida anterior, pero depende de ti para todo, es tu bebé y tiene que tener un nombre que la identifique.
Espero que cuando te la entregue ya tengas pensado el nombre que va a tener. Mientras tanto, yo le iré diciendo ''Peque''.
Hay momentos, días en la vida de cualquier persona en que parece que todo se derrumba y dejan de tener sentido muchas cosas que creías que gobernaban tus preferencias, tus necesidades vitales.
Muchas decisiones tomadas de la última carta que deposita el croupier sobre la mesa de juego y azar que supone la vida.
Golpes de K.O. técnico que te sorprenden con la guardia baja y te parten el esternón. Te abandona la respiración, invadiendo tus sienes palpitaciones espasmódicas que te bloquean cualquier tipo de pensamiento y no puedes responder a la agresión porque estás paralizado por el dolor. Es en ése preciso momento cuando el directo a la mandíbula te tapona los oídos, los globos oculares parecen estallar, pierdes el conocimiento y caes a la lona saltando por los aires el protector dental.
Y nadie tira la toalla. Nadie va a rescatarte de la fría tarima del ring situado en un pequeño rincón del mundo. Por ahí, perdido..
Dicen que lo malo de la vida no es caer, es no querer levantarse y seguir peleando. Con las armas que tengas. Pero las más importantes no hay que salir a buscarlas, las llevamos dentro todos y cada uno de nosotros. Vienen de serie y las mías son la búsqueda y alimento de mi raciocinio, que no me invada la soberbia ni el pecado de ira, mantener mi corazón limpio y noble y servir a mis sentimientos, a mis deseos de vivir en paz con lo que me rodea, con las personas que afectan mi vida, a buscar y mantener mi espiritualidad humilde y luchar todos los días de mi vida con ellas.
Todo lo demás debe carecer de importancia y si se la damos, es porque nos falta algo. Hay un vacío por ahí que nos pide a gritos ser satisfecho y parece que nos puede dar miedo mirar directamente a ése lugar tan imprescindible para la vida que se llama corazón.
Que el amor mueve montañas, está claro como el agua de la fuente. Por amor hacemos las locuras más maravillosas que se nos puedan ocurrir y al mismo tiempo no dudamos en hacer el gesto más bondadoso hacia otro ser humano, porque el amor noble no entiende la palabra ''sacrifio''.
Hasta dar la vida por otra persona sin dudarlo un segundo se llega a hacer por amor.
Por amor a la música me tuve que reinventar. Un diagnóstico en el peor momento de mi mejor etapa artística me hizo parar en seco. No sólo afectaría a mi trabajo de músico, también lo haría en mis otras ocupaciones. Dolores articulares, tendinitis y como guinda del pastel, artrosis.
Ya nada volvería a ser lo mismo. Moría de pena, me marchitaba por momentos como flor en octubre.
Salí de la consulta cabizbajo, hundido, nada me consolaba, no podía creer lo que me estaba pasando y no quería aceptarlo. Me negaba a admitir la realidad.
Cuando me harté de llorar y autopadecerme, afloraron en mí los peores impulsos, esos contra los que siempre he luchado por desterrar de mi alma. Salí de la ciudad, llevé el coche a las afueras y en la entrada a un pueblo cercano, paré junto a unos pinos.
Rabia, odio y desesperación. No me reconocía. Sudaba como si hubiera competido contra Ussain Bolt, me dolía el pecho de respirar con ansiedad. Me acerqué a uno de los pinos y lo golpeé con los puños cerrados, casi clavándome las uñas en el interior de las manos. Lo golpeé con las tibias a la altura de las costillas como tantas otras veces lo hacía en el tatami, pero no era un compañero de gimnasio ni un saco de boxeo.
Un árbol no cae por eso. Ni siquiea le afectan los golpes de un simple mortal.
Cuando vacié mis frustraciones y mi ira sobre aquel ser vivo inocente, empecé a sentir dolor físico, caí al suelo dolorido y sangrando. No me atrevía a moverme, daba por hecho que me había roto los nudillos que estaban en carne viva, con jirones de piel y carne levantados y las piernas casi ni me respondían.
Indefinido entre minutos y horas el tiempo que pasé allí, casi deseaba morir, pero nadie era culpable de lo que me estaba pasando, pensé en todas las personas a las que quería y necesitaba seguir sintiendo cerca y en especial, lloraba por la música. No estaba dispuesto a dejar de tocar mis guitarras, a compartir buenos momentos con otros músicos y sobretodo, deseaba seguir viendo esas caras de felicidad que provocaba la música en las personas que venían a escucharnos tocar.
El reto por todo esto valía mucho la pena y no estaba dispuesto a volver a morder la lona.
Ni recuerdo cómo llegué al coche, pero me subí y como pude, me encerré en casa a lamerme las heridas, calmarme y planificar de nuevo mi vida y lo que quería hacer con ella. Fueron varios días de meditación, de búsqueda de armonía y paz interior. Necesitaba volver a cultivar de nuevo todo el jardín de mi vida que arrasé por desesperación y rabia.
Y empecé a buscar...
Busqué otras calles, otras caras, otras músicas, otra luz, una nueva motivación, necesitaba otros estímulos que me ayudaran a poder retomar con naturalidad mi nueva propuesta artística. Si quería seguir en la música, debía afrontar los nuevos retos que se me presentaban con otra óptica diferente, con mucha más humildad y unas nuevas orejas abiertas a otras cosas.
Hasta que ''un día cualquiera'', como casi siempre en la vida, de estas veces que llegas a casa de noche, cansado y lo único que apetece es sentarse en el sofá y escuchar algo de música por internet, la palabra ''elbow'' aparecío por you-tuve.
Pese a mi precario conocimiento del idioma inglés, sabía que era una referencia a la articulación del codo (más o menos) y recuerdo que pensé: mira qué ''graciosillos'' los tipos estos, oye! yo con mis dolores de huesos y estos cachondos llamándose Elbow.
Pero como hay que reírse de uno mismo hasta en las peores circunstancias, le dí al play del video un tanto excéptico, ya que no sabía lo que me iba a encontrar ahí, pero, por qué no darles una oportunidad?
''bebiendo bajo el sol de la mañana
quitándose de encima lo pesado
pesado como una pistola cargada..''
Me emocioné mucho. Lloré de alegría, de esperanza y de felicidad. De nuevo se hacía latente el poder de una melodía bonita sobre unos acordes sencillos y unos arreglos delicados.
''qué ha hecho que me comporte de esta manera
usando palabras que nunca digo?
sólo puedo pensar que debe ser amor
de todos modos, parece que hace un día precioso''
Elbow son una banda originaria de Manchester y hacen rock alternativo, grabaron su primer disco The Newborn en 2000 y hasta hoy han editado un total de 21 discos entre EP's, Lp's y directos, una carrera artística muy prolífica y muy bien sazonada con recursos minimalistas a la vez que con grandes y elegantes orquestaciones, según la necesidad de cada canción.
''que alguien me diga cómo me siento
bésame como en la última cena
bésame como si fuéramos a morir esta noche..''
''adoro tus ojos
y ahora sólo veo la luz..
tumbada conmigo
medio despierta..
parece que hace un día precioso''
''trabándote con las palabras que dices..
de todos modos,
parece que hace un día precioso,
así que abre las cortinas de par en par!
un día como éste al año me iría muy bien!''
Hay canciones al igual que las personas, que llegan a tu vida cuando menos lo esperas, pero las necesitas tanto que sin dudarlo un instante les abres el corazón, entran en tu vida y se quedan a vivir para siempre. Te escuchan, te ayudan, no te juzgan y hacen tu existencia mejor, aportan estabilidad, paz y alegría.
Conmigo ocurrió de esta manera con estos chicos que se llaman ''codo'' muy apropiado el nombrecito para lo mío.
No es un hobbie, la música es una necesidad vital y a esto me ayuda mantener siempre humildes mis orejas.
Ya es verano y con él, llegan los viajes de fin de semana, vacaciones y la música del coche (a gusto de cada oreja) puede ser una buena compañera de carretera y hacer tu viaje mucho más llevadero; puede incluso que memorable.
Sé que aún me quedan muchas carreteras por quemar y aunque no me ha interesado quemarlas todas, nunca se sabe cual será tu próxima vía de escape o dónde podrás encontrarte un nuevo cruce de caminos.
Tengo el coche preparado, subes?
Desde hace bastantes años siempre que salgo de viaje pongo ésta canción, es mi clásico y como no podía ser de otra manera, el título de éste post:
On the road again.
Esta canción no puede faltar en cualquier viaje, dá igual el medio de transporte que elijas. En moto mola mucho más y te hará sentir dueño y libre por unos minutos:
Born to be wild.
No creo que pueda tener mejores recuerdos de los viajes familiares que los que hacíamos con la música de Los Chichos:
Son ilusiones.
No puede faltar esta banda, esta voz. Ni en mi coche, ni en mi vida. Este es además uno de esos temas de carretera, auténtico donde los haya:
Nacional 120
Sin lugar a dudas, mi banda favorita para escuchar en el coche es la compañía de los hermanos Fogerty:
Lookin' out my back door:
He hablado mucho sobre ésta canción, no es la mejor de la banda pero sin duda es una de esas canciones que cuando suena no puedes dejar de pisar el acelerador, porque es un tema que sabe a puro Rock & Roll:
Highway star.
Si cae la noche sobre ti en la carretera, qué mejor canción que esta para bajar las ventanillas y sentir el aire golpeándolo todo. Puede llegar la tormenta, no importa:
Riders on the storm.
Esto no es más que una pequeña selección de esas canciones que me gusta escuchar cuando conduzco o cuando viajo de copiloto. Ni son todas las que están, ni están todas las que son. Pero lo que es seguro es que podrás poner la vista en el horizonte y dejarte llevar allí, donde sea que vas..