NOSOTROS

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jueves, 17 de agosto de 2017

Raíz







Raíz.





Del lat. radix, -īcis.



1. f. Órgano de las plantas que crece en dirección inversa a la del tallo, carece de hojas e, introducido en tierra o en otros cuerpos, absorbe de estos o de aquella las materias necesarias para el crecimiento y desarrollo del vegetal y le sirve de sostén.



2. f. Bien inmueble, finca, tierra, edificio, etc. U. m. en pl.



3. f. Parte de una cosa, de la cual, quedando oculta, procede lo que está manifiesto.



4. f. Parte inferior o pie de cualquier cosa.



5. f. Causa u origen de algo.



6. f. Parte de los dientes de los vertebrados que está engastada en los alvéolos.



7. f. Gram. Morfema léxico que comparten las palabras de una misma familia, en las que suele expresar un significado común; p. ej., am- en amado, amable, amar, etc.



8. f. Mat. Cada uno de los valores que puede tener la incógnita de una ecuación.



9. f. Mat. Cantidad que se ha de multiplicar por sí misma una o más veces para obtener un número determinado



Fijémonos en todas las acepciones de esta palabra en apariencia tan pequeña e insignificante. Cuatro letras que sin embargo tanto contenido atesoran. Hagamos ahora especial hincapié en la 3 y la 5 definición.

"Parte de una cosa, quedando oculta, procede lo que está manifestado" y "causa u origen de algo".

Porque hoy os voy a hablar de la mía. Sí, también la tengo y aunque aquí, en nuestro cajón, no os suelo hablar casi de mí, fue mi compañero y amigo Salva, que es el menos pudoroso y se desuda con más facilidad que yo, el que me sugirió que diera este paso, porque ando siempre escondido detrás de mis letras y mis cuentos y esos intentos de poemas con los que de vez en cuando os torturo; así que las quejas a él :))

El porqué no hablo tan abiertamente es porque pienso que mi vida no sea interesante o porque quizás disfrute mas intentando haceros sentir esos miedos que son tan míos, escribiendo historias donde puedo ser Dios y tener el don de la vida y la muerte sobre mis pobres personajes y poder hacer cosas, cosas que jamás ocurren en una vida cotidiana. Pero empecemos por el principio que me enrollo con mucha facilidad.










Nací hace mucho tiempo ya en una pequeña capital de provincia andaluza, una ciudad gris e industrial. ¡Gris! dirán muchos tirándose los pelos, cómo puede ser una capital andaluza gris. Pues sí lo era, si conocieron la Huelva de los 70. La Onuba romana y la mítica Tartesos que alguna vez debió andar por aquí, incluso se sospecha que la Atlántida platónica tampoco debió de andar muy lejos se convirtió en los finales del siglo XX en una ciudad llena de fabricas humeantes, rodeada de un polígono industrial mayor que ella misma, donde se producían todo tipos de venenos desde fofos-yesos radiactivos, a ácido sulfúrico; también teníamos una central térmica y hasta una petroquímica, que es donde trabajo mi padre toda la vida.

Es cierto que Huelva y su provincia siempre estuvo relacionada con la minería y la industria de ahí el origen de sus celebérrimas minas de Río Tinto ya explotadas en tiempos del mítico rey Argantonio que atrajeron después a fenicios, griegos y romanos buscando el vil metal y otros no tan viles como el cobre. Huelva, como bien saben está ubicada en un enclave estratégico, justo en la desembocadura de dos ríos uno de ellos el Tinto y el otro el Odiel. El primero recibe el nombre por su extraña tintura rojiza debido a su discurrir por tierras ricas en hierro, haciendo que sus aguas sean un lugar imposible para la vida por su pH ácido que incluso prohíbe el baño en sus escaso caudal. Pero sorprendentemente la fama de esta vírgula de agua llamó la atención de los científicos de la NASA que al parecer descubrieron un entorno que podría asemejarse a las condiciones que algún día se dieron en Marte. Así que ya ven, en Huelva si somos especiales no es por gusto, nuestra tierra siempre lo fue.



Pues como iba diciendo, nací en esa ciudad que surgió rápidamente de lo que hasta la fecha había sido poco más que un pueblito de pescadores y un desembarcadero de mineral de los ingleses, que usaron para transportar las riquezas arrancadas con el sudor de los naturales, los mismos que siglos antes habían sido descubridores y expoliadores de riquezas aún más grandes.

Mi vida continuó y crecí entre los cabezos (como denominamos a los promontorios de tierra que se alzan en la capital onubense), el aire de la marisma (lo siento por los románticos pero no huele nada bien) y la polución. Cumplía años y después de cursar la EGB en los Salesianos fui a parar a un instituto estatal de esos que escaseaban en Huelva, por el aumento demográfico, tanto es así que en realidad mi instituto no tuvo edificio propio hasta varios años después y compartió local con otro, así que siempre fui a clase en el turno vespertino. “Donde van todos los golfos” Este comentario lo escuché muchas veces. Con el paso del tiempo y la perspectiva de los años, he de decir que no andaban desencaminados, pues es cierto que allí nos reunimos una colección de figuras de primer nivel. Pero no puedo ser injusto, el claustro también lo animó y se consentían cosas, que no contaré aquí pero que a día de hoy sacarían los colores a más de un docente. Como imaginan, mi historial académico es digno de ser enmarcado, de hecho seguro que aún sigue por ahí como ejemplo de lo que no debe ser.

Recuerdo aquellos años como los mejores, el mundo se abría ante mis ojos y se deshacían las legañas de una niñez inocente, para descubrir una adolescencia llena de posibilidades y rebeldías. En esos tiempos es cuando se hacen los amigos, los de verdad, los que te acompañaran toda la vida y donde se descube que también hay chicas en el mundo y que incluso ellas también sienten interés por los chicos. Pero también es una época dura, donde quieres empezar a conducir tu propia vida, los raíles que con tanto esfuerzos y amor tus padres proyectaron para ti, te resultan absurdos e inútiles y decides construir los tuyos propios. Después de media vida, aquellos momentos se adornan con un barniz épico y se remojan con copas de 15€ durante veladas con aquellos mismos amigos, solo que más gordos y con menos pelo, pero no nos engañemos. Aquellos tiempos fueron dolorosos, al menos para mí. Las vías que me construí me alejaron de Huelva, allí dejé a mi familia (ya volverá cuando se le bajen los humos) y a mis amigos (tú puedes, ¡con dos cojones!).





El resto de la historia no tiene cabida en este texto, pues el único motivo de escribirlo, la excusa elegida fue enseñaros algo de la tierra donde a uno le habría encantado ser profeta, pero que como suele ocurrir, nadie lo es y entonces comienzan las travesías por el desierto.

Aquí les dejo unas fotos, que tomé no hace mucho. No pretendo que tengan ningún valor artístico, solo que vean lo que vieron mis ojos y comprendan que en la punta inferior izquierda de este país que aún se llama España, hay desde mucho tiempo antes de ella misma, una tierra maravillosa, la mía.












martes, 8 de agosto de 2017

Barbazul, un pirata con baquetas.

Tocar la batería es sobretodo divertido. Ruidoso, molesto, quieres matar a tu vecino si toca algún instrumento (especialmente la batería) y deseas que se haga famoso para que se compre un chalet de lujo apartado de ti al menos siete mil kilómetros, pero a la vez es un instrumento imprescindible (salvo casos excepcionales) para este invento del siglo XX llamado Rock.

Tocar la batería te ayuda a coordinar con más precisión, se usan ambos brazos y piernas a la vez y cada extremidad ejecuta previa orden del cerebro un movimiento diferente en un mismo compás de tiempo, confluyendo este ejercicio en una cosa extrañísima llamada ''ritmo'' (y no me refiero al Seat, que en los 80's sacó a la venta un artefacto con el nombre de ''ritmo'')

Desde los primeros homínidos, el segundo lenguaje o forma de expresión eran los golpes, un objeto contra otro podía ser una señal de alerta, peligro, un ''aquí estoy yo'', o un ''hemos cazado, a comer!!'' y así a groso modo con perdón, fue evolucionando en vías de comunicación como el sistema Morse o tocar la batería.

Qué fácil es resumir diez mil años de historia del hombre llevándose la materia a tratar a un terreno conocido (aquí deberían sonar risas enlatadas y aplausos lastimeros)

Tocar la batería requiere un ejercicio físico constante, vale que no es estar acarreando sacos de cemento en una obra, pero el continuo movimiento al que se someten las extremidades hacen que el cuerpo vaya ganando fondo, resistencia, se queman calorías, es una de las mejores curas de estrés que conozco (si exceptuamos el sexo, of course) y aumenta la capacidad de concentración y por último según dicen algunos estudiosos, aumenta la capacidad inmunológica. Casi ná.

Un batería mediocre dentro de una buena banda, hace a la banda mediocre. Un buen batería mejora cualquier banda mediocre.

Un buen batería dota de distinción a una banda, cada batería es como cualquier otro instrumentista: tiene su ''toque'' propio, su propia pegada y sonido. John Bonham de Led Zeppelin no sonaba igual que Ian Gillan de Deep Purple. Mil veces comparados hasta llegar a aborrecer ciertas revistas.

Hay cientos de ejemplos en la música que corroboran lo que pretendo compartir aquí, pero la idea original es la de que a pesar del paso del tiempo, seguimos conservando en nuestro ADN muchos ''recuerdos'' de cuando éramos animales, en términos de conducta. Y de entre todos ellos, el sentido de la ''propiedad'' mal digerido por toda la raza humana a pesar de los milenios transcurridos.

Todos queremos ser líderes, destacar en cualquier aspecto de la vida, dominar a todo aquél que esté cerca, someter, esclavizar. Todos tenemos conciencia, pero todos tenemos esa parte animal, depredadora y posesiva.

No hace mucho, tras un concierto vino a saludarnos alguien que conocía personalmente a uno de los miembros de la banda. Tras hablar con él mi colega, me lo presentó diciendo: ''este es Salva, ''mi'' guitarrista''. Algo que se ha dicho siempre, nunca lo percibí como actitud posesiva, hasta que leyendo sobre una supuesta ''polémica'' a si Dream Theater eran mejores con Mike Portnoy o sin él me hizo sentir como que yo era propiedad de alguien y me sentí agobiado ante eso. Yo no soy profesional, soy músico amateur, toco por el impagable sentimiento de felicidad que me provoca, intento aportar lo mejor de mí en cada ensayo, en cada directo, estoy para colaborar. Para ''dueños'' ya tengo la nómina.


Miembro fundador de Dream Theater, Mike Portnoy es para mí uno de los mejores baterías de Rock en el amplio sentido de la palabra y por ende, a todos los estilos y variantes derivados de este estilo musical.
Para Mike, llegó un día que sentía que tenía que parar, no quería repetir la fórmula y sentía que necesitaba desconectar un tiempo y refrescarse musicalmente hablando. Finalmente optó por dejar la banda y empezaron a hablar sobre los supuestos motivos.

El sentido de la propiedad aplicado a un grupo de personas en la actividad que sea, crea ese falso  sentimiento de que esas personas nos pertenecen, hemos creado unos lazos de unión imaginarios que muchas veces se interpretan como posesión.

En todas las bandas en las que he tocado, además de buenos amigos también he notado ese sentimiento posesivo cuando algún miembro de la banda lo dejaba para dedicarse a otra cosa, cambiar de banda, etc. pero cuidado, no confundir con el liderazgo. En todas las bandas debe haber un líder, un chamán o como le queramos llamar, pero debe haber alguien que ''oriente'' al grupo buscando la creatividad para hacer arte.

En el mundillo del Rock Progresivo me resulta impagable la extensa. creativa y de calidad a partes iguales que aporta Mike en bandas como:
-Dream Theater
-Transatlantic
-Liquid Tension Experiment
-Flying Colors y lo último,
-Sons of Apollo


''mi último trago fue al cumplir los 33, el 20 de Abril del 2000 fue una mera coincidencia. Al día siguiente fui a las sesiones para dejar de beber en 12 pasos y a partir de ese momento tuve la completa determinación de llevar a cabo esos 12 pasos y convertirlo en mi nuevo estilo de vida''
Los médicos le dijeron que si no cambiaba de vida, no llegaría a cumplir los 40 y a diferencia de muchas estrellas del Rock que ya no pueden vivir para contarlo, Mr. Portnoy fue superando obstáculos y creando nuevos hábitos de vida saludable y se transformó en un hombre nuevo.

''recuerdo a John Bonham y a Keith Moon, dos de mis héroes de la batería, que murieron de una forma tan trágica y a una edad muy temprana y me siento agradecido de haber salido de la jaula de cristal''


Sólo hay que fijarse en una cosa: concentrado y disfrutando.

''soy un tipo sentimental y no tengo rencores, la vida es demasiado corta para los resentimientos y siempre perdono''

También hace coros y bastante bien, por cierto:

Ahí queda eso, Calaveras! El tipo dá siempre todo lo mejor que lleva dentro y eso se nota.

''mis dos mayores temores son la prisión y la guerra. cuando veo alguna película con esas temáticas soy una verdadera niña desamparada. me dan miedo''


Creo que después de esto, hay poco más que añadir. Definitivamente, su antigua banda se le quedó pequeña y todos hemos salido ganando porque las propuestas son amplias, variadas, divertidas y con un denominador común: calidad.

Mike es un ser humano como tú o como yo que quiere hacer cosas especiales, dejar un legado cultural, su aportación a la belleza de los sentidos. él siempre dice que está muy agradecido a Dios de haberle concedido una segunda oportunidad y que sus prioridades ahora son su esposa e hijos, la familia y los buenos amigos y yo digo que el agradecido soy yo por poder disfrutar de su creatividad.

Mike no es propiedad de nadie y nadie debería sentirse como que su vida es prestada.



Y hasta aquí mi tosis sobre la libertad ejem..ejem...coff, coff..cofff






Mantengo humildes mis orejas.

viernes, 21 de julio de 2017

Estrecha franja de luz




Estrecha franja de luz
reflejo de un cristal opaco
Pedazo de espejo rayado,
donde se dibujan siluetas de sueños rotos;
esperanzas de vaho y condensación.
Gotas que se acercan.
Heridas recién abiertas
Cicatrices viejas.

Porque Soledad te trajo,
las letras te acercan
las noches te han esperado.
Tanto te soñé
que a veces "Siento al despertar
que el sueño es la realidad"










miércoles, 19 de julio de 2017

Kutxi, un romero entre mareas.

Como decía ayer aquí mismo, hay que cultivarse por dentro y no dejar que las malas hiervas de la ignorancia y el conformismo crezcan en nuestro interior y nos vuelvan seres apáticos, frustrados y aborregados.

No pretendo ser un ejemplo de nada, no soy quien. Mi única intención es mostrar mi visión de las cosas, cómo las percibo y cómo me apetece sentirlas y darles mi propia interpretación.
Cuando empecé a tocar, ya llevaba muchos años escuchando casi todo tipo de músicas, canciones en inglés la mayoría y unas cuantas en castellano. Con diez añitos recuerdo escuchar a Alberto Cortez cantarle al abuelo y salir corriendo para poder llorar de pena y que nadie me viera. Hoy día me sigue pasando, pero pongo la canción cuando estoy a solas. Mi intimidad es mía y solo mía.

También andaba por casa María Dolores Pradera: ''no se estila, ya sé que no se estila, que te pongas para cenar, jazmines en el ojal...''
Aute, Serrat, Sabina, Jesús de la Rosa, Miguel Ríos...rebeldes con causa, artistas que se jugaban la vida porque en sus inicios todo era censurable, pero salían a dar su show, a compartir sus mensajes con las nuevas generaciones que ya ansiaban de aires nuevos, de otros conceptos de orden y esos mensajes eran Canciones así, en mayúsculas. Porque hay que tener mucho arte para escribir letras más o menos reivindicativas utilizando símiles relativos a amores y desamores, despedidas a amigos o la muerte de un hermano, todo relativo a ese negro episodio de nuestra historia que duró tres años.

Cuando empecé a componer, me dí cuenta que leyendo las letras de las canciones de todos estos artistas había todo un máster en literatura. Mil formas de contar las cosas y otras mil formas de percibirlas y sentirlas.
Cuando te empapas de todo lo bueno que te gusta y lo devoras porque deseas encontrar mucho, hay que estar ciego o medio lelo para no saber apreciar el regalo tan enorme que te están ofreciendo con esas canciones.

Pasaron unos años y llegaron otras modas de contenido más light, era todo como más superficial en el mundo artístico. O al menos eso me pareció. Después del torrente musical que me atropelló, lo que llegaba a mis orejas entre mediados los 80's hasta bien entrados los 90's me resultaba insufrible, infumable. La música de la movida madrileña no iba conmigo, era un concepto que no era para mí, pero había saturación en los medios de comunicación y por supuesto en la inmensa mayoría de garitos.

De pronto un día cualquiera en una conversación cualquiera, alguien me dijo: ''conoces a Marea?''
-no, pero me gusta el nombre. de qué van?
Rock. Rock potente y el pavo que canta tiene unas letras de puta madre!


Pues sí que tienen buenas canciones, pero las letras son la guinda en cada pastel. Yo, que soy un gourmet de los de andar por casa, Marea son mis delicatessen porque lo que me dan en mi mismo idioma me resulta incomparable, de un gusto exquisito al elegir cada frase.
Hace más el que quiere que el que puede y estos chicos han podido porque han querido hacerlo y han tirao p'alante hasta con el viento de proa.

El año pasado se casó una buena amiga, Vanessa la Aretha de Pulpí y de quien presumo cada vez que puedo. Se me ocurrió proponerle tocar algo para ella durante las nupcias y accedió encantada. Me propuso una canción de...adivináis quien? jajjaja enhorabuena, la respuesta acertada es la que has pensado: Marea. La canción: ''la luna me sabe a poco''.
Vimos la tonalidad adecuada para su voz, arreglé los acordes y con la base del estribillo recitó:

''pongamos el mantel, tú quédate a mi lado
pa comernos al amanecer lo que quieran las manos.
y de postre un sol maldito que termine de volverme loco,
que ya sabes que la luna a mí siempre me sabe a poco''

Cómo no me iba a rendir si es una de las mejores cosas que he podido leer en los últimos 15 años!


''decía que tenía el corazón alicatao hasta el techo
que a ver si no podía hacerle yo una cenefa a besos
pa llenar de porvenir los bolsillos del mandil
y colgar un recuerdo de cada azulejo''.

''y es que ná le dá más asco que aguantar como un peñasco
a que pase el invierno,
que le diga que ya nos veremos.
que ha vivido en un silbido,
orgullosa de haber sido una yegua sin freno,
desgastada de andar por el suelo''

''le dije que a la noche por los poros me salían mares,
soñando que me hablaba y me agarraba a sus cuerdas vocales.
que no hay quien pueda dormir escuchando mi latir,
que parece que está masticando cristales''

''tengo un gato en las entrañas, un tembleque en las pestañas
y muy poco tiempo
si me dice que ya nos veremos.
voy rompiendo las persianas pa dejar por mi ventana
el camino abierto
si se cansa de andar por el suelo''


Ante esto, qué puedo decir? Aplaudir y agradecer mientras me queden latidos y memoria. No hay nada más que añadir. Quizá os pueda parecer exagerado comparar a Marea con los autores que cité al inicio, pero como el arte es subjetivo, para mí están a la misma altura.

Por cierto, gracias Antonio por rescatar tus discos de Marea para mí, te llevas una mujer de las que ya no se fabrican!!



Mantengo humildes mis orejas.

martes, 18 de julio de 2017

Estaba a punto de explotar despacito.


Antes de que llegara a España la interné ir a un concierto era una aventura, había que fiarse de lo que te contaran las dos revistas de tirada mensual y te podías encontrar cualquier cosa.
Hoy día otra cosa no habrá, pero información (veraz o no) sobra.
Es por esto que si sacas una entrada de mierda para ver a un artista de mierda y te ofrece un concierto de mierda, no tienes ningún derecho a exigir, ni a gritar ''tongo'' o ''manos arriba, esto es un atraco'' ni nada parecido. Te han vendido mierda a precio de oro que has pagado como un tolay.
Pero claro, nadie nace enseñado, en cierta manera no tenéis la culpa. Aquí poca música buena se subvenciona, pero emisoras de radio comerciales y telebasura si hay, de ahí llevan décadas sembrando bazofia para llenaros la mente y que relacionéis la telebasura con estar rodeado de supuestas tías buenas y llevarse un dinero fácil.
Aún estáis a tiempo de ''cultivaros'' con música, libros, cine, teatro, etc. para poder ser más selectivos y ser exigentes cuando la situación lo indique. Esto requiere un poco de tiempo libre en detrimento de salir a la calle con el seat león amarillo y en el equipo de música sonando una de E, Iglesias o el ''desoacito'' este nuevo de los cojones, que me tiene hasta los idem.
 
Sálvese quien pueda!!
 
 
 

sábado, 8 de julio de 2017

LA GRAPADORA






¿Cómo se puede temer a una grapadora?

Esa pregunta, aparentemente estúpida le recorría el cerebro en busca de una respuesta que no iba a encontrar. Era imposible, las grapadoras no dan miedo. Daba igual lo que su subconsciente, sentido común o lo que fuera le sugiriera, pero a él aquella grapadora le aterraba.

Ya estaba en el despacho cuando él llegó, cuando le asignaron ese cubículo en la décima planta de aquel edificio de oficinas. Había sido seleccionado entre un montón de aspirantes y al fin había conseguido el puesto. Debería estar contento y lo estaba, pero fue ver aquella máquina de poner grapas y una extraña sensación de hastío le invadió, aplacando la ilusión del primer día.

Lo primero que hizo fue organizar el que a partir de ahora sería su nuevo puesto de trabajo. Acomodó sus pertenencias. Colocó en una esquina un cubilete con bolígrafos, todos de color negro; en la esquina opuesta reservó un lugar de honor junto a la pantalla del ordenador para un monigote de arcilla agrietado y pintado con témpera amarilla, fue su primer regalo del día del padre, su hija se lo hizo en la guardería y casi disimulando tomó la grapadora y la metió en el tercer cajón de la mesa, al fondo, detrás de una pila de carpetas, pero antes de hacerlo se tomó unos segundos para observar, para mirarla. Quería descifrar por qué aquella grapadora le había producido y esa sensación tan repulsiva, un extraño cóctel de asco y pena.

Vio que tenía unas huellas en su superficie de metal pulido. Aquella grapadora había sido olvidada por el anterior ocupante de ese despacho, la persona que él había sustituido. Posiblemente un trabajador que llevaba años sirviendo fielmente a la empresa y que habría sido despedido, porque reunía unas condiciones ideales; unos 50 años, un salario que ya no era rentable, unas circunstancias que le hicieron ser el perfecto candidato, para ser sustituido por un trabajador más “joven y dinámico”, más preparado y desesperado por cumplir sus funciones por la mitad de su sueldo. Sí, aquella grapadora con pinta de anticuada, había sido olvidada por el dueño de esas huellas dactilares, que se marcaban el metal pulido, pobre hombre.

Pero él no podía hacer nada, el mundo laboral es cruel y de nada serviría llorar por los caídos Fin de la historia, su mirada no se volvería a cruzar con aquella cosa metálica, que le recordaba a la cabeza de un monstruo de película de ciencia ficción. 
Aquella sensación no le iba a arruinar nada, no era ni razonable ni lógico, ni nada que se pudiera explicar, solo era una grapadora y él acababa de inventar una historia triste para ella. 
Eso, una historia que justificara esa absurda sensación, nada más; la mente humana es así de caprichosa y la suya no iba a ser menos. 

Los días pasaron y sumaron semanas y las semanas meses. Apenas si se había dado cuenta y ya casi llevaba medio año en su nuevo puesto de trabajo. Los análisis, los informes y demás papeleos habían distorsionado el tiempo. Allí en su cubículo, los días se confundían unos con otros. Era un habitante, un trabajador más en aquella colmena llena de celdillas de despachos de dos por dos hechos con paneles de contrachapado.

“No volvió a acordarse de la grapadora”. Sí éste sería un bonito fin para este cuento, pero no, bien saben que no. La grapadora seguía en el tercer cajón detrás de una pila de carpeta. Estaba allí y él lo sabía. Solo tendría que abrirlo y meter la mano y palpar hasta tocar su metal frío y pulido. Sí, palpar porque el cajón era profundo y no podía verla, la metió allí para no hacerlo, pero una cosa era no verla y otra cosa saber que estaba allí aguardando, aguardándole. Durante esos casi seis meses no había habido ni un solo día que no recordara qué había en el fondo del último cajón.

Tenía otra, una menos aparatosa, una menos fría, era de metal, sí pero con una cubierta de plástico azul, y solo era una grapadora, un chisme, un ingenio que mordía los papeles y los sujetaba con trocitos de metal color cobre, una más de las cosas que rodaban por su mesa, nada que produjera ninguna sensación, ninguna que le irradiara ese terror infantil que le había hecho esconderla, pero no tirarla. Tirarla, deshacerse de ella de una forma definitiva, ¿por qué no lo había hecho?, ¿por qué la guardó?, ¿por qué la escondió? y lo más desconcertante, ¿por qué seguía haciéndolo? Primero se mintió con la excusa de que alguien podría volver a reclamarla, su anterior dueño, el propietario de aquellas huellas dactilares, de aquellas improntas grasosas que decoraban su cuerpo cromado. Más tarde, cuando nadie la reclamó, se convirtió en una suerte de juego consigo mismo, sólo eran unos trozos de metal y algún muelle unido por remaches, no tenía ninguna influencia sobre él, era un cacharro feo, nada más, podría vivir con ella. Había jugado a ignorarla, a intentar olvidarla pero de una forma u otra cada vez que miraba el cajón parecía que pudiera ver el interior, la imaginaba allí, como una morena agazapada, esperando pacientemente a que él metiera la mano.

Ya lo tenía, aquello era lo que le producía esa sensación tan desagradable, lo había descubierto por fin. Aquella grapadora y su imaginación se habían aliado contra él, habían fabricado un monstruo metálico, uno que estaba asustando a esa parte del cerebro primitivo e irracional, que debía haber quedado traumatizado sin saberlo con una morena. Sí, seguro que en algún momento de su infancia vio alguna imagen, algún documental de esos que le encantaba ver a su hermano mayor, alguno donde una morena negra y de dientes retorcidos salía de su cubil para engullir algún pez desprevenido o incluso el brazo de un submarinista incauto. Sí aquella asociación de habría producido de forma inconsciente y por eso aquella estúpida máquina de poner grapas le estaba atormentando.

Ahora solo tendría que abrir el cajón, meter la mano hasta el fondo y palpar hasta encontrarla, cogerla y deshacerse de ella. La tiraría en el cubo de basura del comedor. Allí y no en una la papelera donde llamaría más la atención, mucho mejor estaría allí, entre sobras de almuerzos recalentados y lasañas descongeladas, si allí se desharía de ella de aquella estúpida grapadora que le atemorizaba; un lugar en la basura, esa sería su venganza. Ella se lo había buscado.

Otra bonita mentira

Abrió el cajón con decisión, Las carpetas de cartón azul y gomas elásticas, casi lo llenaban por completo. Tiró de él hasta que las guías llegaron al máximo de su extensión. Allí en ese espacio oscuro del fondo estaba, solo tenía que meter la mano y cogerla, atraparla, “es un ser inerte, las grapadoras no se atrapan, se toman, se cogen pero no se atrapan”. Vestía una camisa de manga larga blanca y cuellos parís con una corbata azul y rayas al bies más oscuras. Se desabrochó el puño de la mano derecha y se remangó por encima del codo, más pareciera que fuera a meter el brazo en un balde de hielo derretido para rescatar la última cerveza, desde luego el escalofrío fue parecido cuando palpó con la yema del dedo corazón su cuerpo metálico. Lo hizo con mucho cuidado, como si temiera que la grapadora fuera a morderle. “¡Qué tontería!” Había que terminar de una vez con aquella especie de teatrillo absurdo. Cerró la mano sobre ella y entonces sintió cómo algo se clavaba en el dedo índice. Un grito, afeminado y pueril salió de su boca sumándose a la sorpresa del dolor. Retiró la mano con rapidez. El movimiento rápido y violento hizo que la grapa que estaba atorada en la “boca” de la grapadora, le rasgara la delicada piel de la yema. Una gota gorda de sangre carmesí brotó del dedo.

Pateó el cajón con más miedo que furia. ¡Le había mordido!, la grapadora le había mordido como si fuera un gazapo que se defendiera en su madriguera. Se chupó la gota de sangre y paladeó su sabor a monedas. No, no podía ser, la parte racional de su cerebro pugnaba por imponerse, sólo había sido algo completamente fortuito, algo totalmente carente de voluntad o intención, era un objeto inanimado, él y solo él la estaba dotando de vida. Era pura y dura sugestión.

El pequeño corte dejó de manar sangre. Rearmado con su razonamiento volvió a abrir el tercer cajón y éste rodó con suavidad sobre sus guías, como si nunca hubiera pasado nada, como si solo fuera un cajón más de los cientos que había en esas oficinas, como si su contenido solo fueran carpetas azules con gomas elásticas.

Miró de nuevo el hueco oscuro del fondo de la gaveta. Ahora la lógica del razonamiento no parecía tan sólida, en su cabeza algo le estaba susurrando otra posibilidad, otra absurda, que le hacía latir el dedo herido. Se esforzó para no oírla, para hacer oídos sordos, no podía dejarse dominar por aquella especie de paranoia. Metió la mano pero no sin antes armarse; tomó un lápiz del cubilete que había sobre la mesa, era como la silla del domador de leones, como la vara del peregrino que sondea un arroyo antes de vadearlo, solo que él no era un domador de leones, ni un andarín precavido, solo era un oficinista atemorizado por una grapadora agazapada en un cajón, ver para creer.

Tanteo con la punta roma del lapicero, ¿qué esperaba, sentir la violencia de una dentellada?, aquello era todavía más ridículo. La madera tocó el fondo del cajón de contrachapado, lo movió hacia un lado y hacia el otro, esperando encontrar la grapadora pero no topaba con ella. Su improvisado bastón de ciego no encontraba nada que lo detuviera e iba de una gualdera a otra sin encontrar ningún obstáculo. No podía ser, maldita sea, no podía ser, hacia solo un par de minutos que él había tocado la grapadora, de hecho el corte que le latía en el dedo lo atestiguaba sin ningún lugar a dudas y ahora la dichosa grapadora simplemente se había esfumado. Retiró la mano del cajón y arrojó con rabia el lapicero y la volvió a meter con la decisión que da la desesperación de no creerse loco. Tanteo y nada, el hueco de detrás de las carpetas azules de gomas elásticas efectivamente estaba vacío. Iba a perder los nervios. En un arrebato empezó a sacar todas las carpetas tirándolas al suelo con descuido. El cajón quedó vacío a los pocos segundos...vacío, completamente vacío. Entonces, ¿qué había tocado, con qué, qué le había desgarrado la yema del dedo?

Tenía que serenarse, debía de haber alguna explicación para aquella locura, solo estaba fuertemente sugestionado, solo era eso, saldría, daría una vuelta, incluso se fumaría un cigarro. Un momento, él no fumaba, hacía más de tres años que no se llevaba un cigarro a los labios, sin embargo en esos momentos la idea del humo cálido y azulado le pareció la mejor solución para calmar sus nervios... Sí un cigarro le ayudaría a pensar. Bajaría al hall y buscaría a algún compañero para pedirle uno, o mejor casi, compraría una cajetilla y se fumaría un Lucky Strike en el baño a escondidas, sí mucho mejor a escondidas, donde nadie le vería la cara desencajada mientras fumaba y pensaba en aquella maldita grapadora. Pero antes devolvería las carpetas a su lugar, no podía dejar así el despacho, como el despacho de un loco...porque él no estaba loco, no aún.


Algo más calmo después de recolocar el cajón, se reclinó en su sillón y suspiró. La idea de comprar tabaco, de fumar, se había empezado a esfumar como el humo de ese cigarro que no iba a encender. Era un hombre adulto no se podía dejar llevar por el pánico. De todas formas un paseo no le vendría mal. Se apoyó en los brazos de nylon negro de su sillón para tomar impulso y levantarse, cuando sus ojos se pasearon por encima de la mesa de despacho. Allí estaba, sobre la encimera de melamina blanca, la grapadora le estaba mirando con su ojo remachado, mostrándole la sonrisa cromada, con la patilla de una grapa manchada de sangre sobresaliendo de ella. Allí, aguardándole, desafiante, como una morena metálica. Aquella era su guarida, su cubil, ella estaba antes que él y no la iba a echar, nadie lo haría…



FIN



miércoles, 28 de junio de 2017

La piña y los ladrones de idem.


''En tu puerta la planté
pensando que me querías.
Como sé que no me quieres,
dame la piña, que es mía''.

Como ya sabéis, este mes es el tercer aniversario del blog y como ordena la liturgia, traemos de nuevo a nuestra Calavera de honor, Coquito y una receta muy al hilo de todo esto.

Bienvenidos, gracias por ser y estar y mientras alimentamos nuestras orejas, vamos a preparar un rico y sorprendentemente fácil pastel.


Para que todos los Calaveras podáis brindar con nosotros en nuestro cumpleaños, os vamos a decir cómo se prepara para poder celebrarlo todos juntos, así que como gritó el corsario: ''al abordaje!!''

Para este bizcocho de piña, vamos a necesitar:

- 4 huevos medianos
- 250 gr. de azúcar
- 1 yogur griego
- 125 gr. de aceite de girasol
- 6 cucharadas soperas de jugo de piña
- 2 cucharaditas pequeñas de vainilla líquida
- 1 pizca de sal
- 375 gr. de harina
- medio sobre de levadura
- caramelo líquido
- 5 rodajas de piña en su jugo

Una vez reunidos todos los ingredientes a temperatura ambiente (Importante!) comenzamos la elaboración de la receta:

- lo primero es preparar el molde y engrasar éste con mantequilla, el fondo con caramelo líquido (mejor casero) y las rodajas de piña
- en un bol batimos los huevos con el azúcar hasta que la mezcla esté blanquecina
- agregamos el yogur, después el aceite y seguimos batiendo hasta que esté todo bien integrado
- añadimos el jugo de la piña, la vainilla y la pizca de sal
- seguimos batiéndolo todo y por último, la harina tamizada con la levadura. esto último, lo haremos en tres veces y seguiremos removiendo hasta que la mezcla esté homogénea.
- con el horno precalentado a 180º, introduciremos el molde para el golpe mágico y esperaremos de 30 a 40 minutos aproximadamente
- pasado este tiempo, haremos la prueba del palillo para ver si está cocido
- una vez terminado, esperamos 5 minutos y desmoldamos, dejando la parte de abajo, hacia arriba



''Entre canciones, poemas,
relatos y vivencias,
se va quedando la esencia,
aquí os dejamos el plato,
que sea de buena tertulia
y de provecho extasiado,
que traiga mejores lunas
y nos deje iluminados''.



Muchas felicidades, Calaveras!!