sábado, 8 de julio de 2017

LA GRAPADORA






¿Cómo se puede temer a una grapadora?

Esa pregunta, aparentemente estúpida le recorría el cerebro en busca de una respuesta que no iba a encontrar. Era imposible, las grapadoras no dan miedo. Daba igual lo que su subconsciente, sentido común o lo que fuera le sugiriera, pero a él aquella grapadora le aterraba.

Ya estaba en el despacho cuando él llegó, cuando le asignaron ese cubículo en la décima planta de aquel edificio de oficinas. Había sido seleccionado entre un montón de aspirantes y al fin había conseguido el puesto. Debería estar contento y lo estaba, pero fue ver aquella máquina de poner grapas y una extraña sensación de hastío le invadió, aplacando la ilusión del primer día.

Lo primero que hizo fue organizar el que a partir de ahora sería su nuevo puesto de trabajo. Acomodó sus pertenencias. Colocó en una esquina un cubilete con bolígrafos, todos de color negro; en la esquina opuesta reservó un lugar de honor junto a la pantalla del ordenador para un monigote de arcilla agrietado y pintado con témpera amarilla, fue su primer regalo del día del padre, su hija se lo hizo en la guardería y casi disimulando tomó la grapadora y la metió en el tercer cajón de la mesa, al fondo, detrás de una pila de carpetas, pero antes de hacerlo se tomó unos segundos para observar, para mirarla. Quería descifrar por qué aquella grapadora le había producido y esa sensación tan repulsiva, un extraño cóctel de asco y pena.

Vio que tenía unas huellas en su superficie de metal pulido. Aquella grapadora había sido olvidada por el anterior ocupante de ese despacho, la persona que él había sustituido. Posiblemente un trabajador que llevaba años sirviendo fielmente a la empresa y que habría sido despedido, porque reunía unas condiciones ideales; unos 50 años, un salario que ya no era rentable, unas circunstancias que le hicieron ser el perfecto candidato, para ser sustituido por un trabajador más “joven y dinámico”, más preparado y desesperado por cumplir sus funciones por la mitad de su sueldo. Sí, aquella grapadora con pinta de anticuada, había sido olvidada por el dueño de esas huellas dactilares, que se marcaban el metal pulido, pobre hombre.

Pero él no podía hacer nada, el mundo laboral es cruel y de nada serviría llorar por los caídos Fin de la historia, su mirada no se volvería a cruzar con aquella cosa metálica, que le recordaba a la cabeza de un monstruo de película de ciencia ficción. 
Aquella sensación no le iba a arruinar nada, no era ni razonable ni lógico, ni nada que se pudiera explicar, solo era una grapadora y él acababa de inventar una historia triste para ella. 
Eso, una historia que justificara esa absurda sensación, nada más; la mente humana es así de caprichosa y la suya no iba a ser menos. 

Los días pasaron y sumaron semanas y las semanas meses. Apenas si se había dado cuenta y ya casi llevaba medio año en su nuevo puesto de trabajo. Los análisis, los informes y demás papeleos habían distorsionado el tiempo. Allí en su cubículo, los días se confundían unos con otros. Era un habitante, un trabajador más en aquella colmena llena de celdillas de despachos de dos por dos hechos con paneles de contrachapado.

“No volvió a acordarse de la grapadora”. Sí éste sería un bonito fin para este cuento, pero no, bien saben que no. La grapadora seguía en el tercer cajón detrás de una pila de carpeta. Estaba allí y él lo sabía. Solo tendría que abrirlo y meter la mano y palpar hasta tocar su metal frío y pulido. Sí, palpar porque el cajón era profundo y no podía verla, la metió allí para no hacerlo, pero una cosa era no verla y otra cosa saber que estaba allí aguardando, aguardándole. Durante esos casi seis meses no había habido ni un solo día que no recordara qué había en el fondo del último cajón.

Tenía otra, una menos aparatosa, una menos fría, era de metal, sí pero con una cubierta de plástico azul, y solo era una grapadora, un chisme, un ingenio que mordía los papeles y los sujetaba con trocitos de metal color cobre, una más de las cosas que rodaban por su mesa, nada que produjera ninguna sensación, ninguna que le irradiara ese terror infantil que le había hecho esconderla, pero no tirarla. Tirarla, deshacerse de ella de una forma definitiva, ¿por qué no lo había hecho?, ¿por qué la guardó?, ¿por qué la escondió? y lo más desconcertante, ¿por qué seguía haciéndolo? Primero se mintió con la excusa de que alguien podría volver a reclamarla, su anterior dueño, el propietario de aquellas huellas dactilares, de aquellas improntas grasosas que decoraban su cuerpo cromado. Más tarde, cuando nadie la reclamó, se convirtió en una suerte de juego consigo mismo, sólo eran unos trozos de metal y algún muelle unido por remaches, no tenía ninguna influencia sobre él, era un cacharro feo, nada más, podría vivir con ella. Había jugado a ignorarla, a intentar olvidarla pero de una forma u otra cada vez que miraba el cajón parecía que pudiera ver el interior, la imaginaba allí, como una morena agazapada, esperando pacientemente a que él metiera la mano.

Ya lo tenía, aquello era lo que le producía esa sensación tan desagradable, lo había descubierto por fin. Aquella grapadora y su imaginación se habían aliado contra él, habían fabricado un monstruo metálico, uno que estaba asustando a esa parte del cerebro primitivo e irracional, que debía haber quedado traumatizado sin saberlo con una morena. Sí, seguro que en algún momento de su infancia vio alguna imagen, algún documental de esos que le encantaba ver a su hermano mayor, alguno donde una morena negra y de dientes retorcidos salía de su cubil para engullir algún pez desprevenido o incluso el brazo de un submarinista incauto. Sí aquella asociación de habría producido de forma inconsciente y por eso aquella estúpida máquina de poner grapas le estaba atormentando.

Ahora solo tendría que abrir el cajón, meter la mano hasta el fondo y palpar hasta encontrarla, cogerla y deshacerse de ella. La tiraría en el cubo de basura del comedor. Allí y no en una la papelera donde llamaría más la atención, mucho mejor estaría allí, entre sobras de almuerzos recalentados y lasañas descongeladas, si allí se desharía de ella de aquella estúpida grapadora que le atemorizaba; un lugar en la basura, esa sería su venganza. Ella se lo había buscado.

Otra bonita mentira

Abrió el cajón con decisión, Las carpetas de cartón azul y gomas elásticas, casi lo llenaban por completo. Tiró de él hasta que las guías llegaron al máximo de su extensión. Allí en ese espacio oscuro del fondo estaba, solo tenía que meter la mano y cogerla, atraparla, “es un ser inerte, las grapadoras no se atrapan, se toman, se cogen pero no se atrapan”. Vestía una camisa de manga larga blanca y cuellos parís con una corbata azul y rayas al bies más oscuras. Se desabrochó el puño de la mano derecha y se remangó por encima del codo, más pareciera que fuera a meter el brazo en un balde de hielo derretido para rescatar la última cerveza, desde luego el escalofrío fue parecido cuando palpó con la yema del dedo corazón su cuerpo metálico. Lo hizo con mucho cuidado, como si temiera que la grapadora fuera a morderle. “¡Qué tontería!” Había que terminar de una vez con aquella especie de teatrillo absurdo. Cerró la mano sobre ella y entonces sintió cómo algo se clavaba en el dedo índice. Un grito, afeminado y pueril salió de su boca sumándose a la sorpresa del dolor. Retiró la mano con rapidez. El movimiento rápido y violento hizo que la grapa que estaba atorada en la “boca” de la grapadora, le rasgara la delicada piel de la yema. Una gota gorda de sangre carmesí brotó del dedo.

Pateó el cajón con más miedo que furia. ¡Le había mordido!, la grapadora le había mordido como si fuera un gazapo que se defendiera en su madriguera. Se chupó la gota de sangre y paladeó su sabor a monedas. No, no podía ser, la parte racional de su cerebro pugnaba por imponerse, sólo había sido algo completamente fortuito, algo totalmente carente de voluntad o intención, era un objeto inanimado, él y solo él la estaba dotando de vida. Era pura y dura sugestión.

El pequeño corte dejó de manar sangre. Rearmado con su razonamiento volvió a abrir el tercer cajón y éste rodó con suavidad sobre sus guías, como si nunca hubiera pasado nada, como si solo fuera un cajón más de los cientos que había en esas oficinas, como si su contenido solo fueran carpetas azules con gomas elásticas.

Miró de nuevo el hueco oscuro del fondo de la gaveta. Ahora la lógica del razonamiento no parecía tan sólida, en su cabeza algo le estaba susurrando otra posibilidad, otra absurda, que le hacía latir el dedo herido. Se esforzó para no oírla, para hacer oídos sordos, no podía dejarse dominar por aquella especie de paranoia. Metió la mano pero no sin antes armarse; tomó un lápiz del cubilete que había sobre la mesa, era como la silla del domador de leones, como la vara del peregrino que sondea un arroyo antes de vadearlo, solo que él no era un domador de leones, ni un andarín precavido, solo era un oficinista atemorizado por una grapadora agazapada en un cajón, ver para creer.

Tanteo con la punta roma del lapicero, ¿qué esperaba, sentir la violencia de una dentellada?, aquello era todavía más ridículo. La madera tocó el fondo del cajón de contrachapado, lo movió hacia un lado y hacia el otro, esperando encontrar la grapadora pero no topaba con ella. Su improvisado bastón de ciego no encontraba nada que lo detuviera e iba de una gualdera a otra sin encontrar ningún obstáculo. No podía ser, maldita sea, no podía ser, hacia solo un par de minutos que él había tocado la grapadora, de hecho el corte que le latía en el dedo lo atestiguaba sin ningún lugar a dudas y ahora la dichosa grapadora simplemente se había esfumado. Retiró la mano del cajón y arrojó con rabia el lapicero y la volvió a meter con la decisión que da la desesperación de no creerse loco. Tanteo y nada, el hueco de detrás de las carpetas azules de gomas elásticas efectivamente estaba vacío. Iba a perder los nervios. En un arrebato empezó a sacar todas las carpetas tirándolas al suelo con descuido. El cajón quedó vacío a los pocos segundos...vacío, completamente vacío. Entonces, ¿qué había tocado, con qué, qué le había desgarrado la yema del dedo?

Tenía que serenarse, debía de haber alguna explicación para aquella locura, solo estaba fuertemente sugestionado, solo era eso, saldría, daría una vuelta, incluso se fumaría un cigarro. Un momento, él no fumaba, hacía más de tres años que no se llevaba un cigarro a los labios, sin embargo en esos momentos la idea del humo cálido y azulado le pareció la mejor solución para calmar sus nervios... Sí un cigarro le ayudaría a pensar. Bajaría al hall y buscaría a algún compañero para pedirle uno, o mejor casi, compraría una cajetilla y se fumaría un Lucky Strike en el baño a escondidas, sí mucho mejor a escondidas, donde nadie le vería la cara desencajada mientras fumaba y pensaba en aquella maldita grapadora. Pero antes devolvería las carpetas a su lugar, no podía dejar así el despacho, como el despacho de un loco...porque él no estaba loco, no aún.


Algo más calmo después de recolocar el cajón, se reclinó en su sillón y suspiró. La idea de comprar tabaco, de fumar, se había empezado a esfumar como el humo de ese cigarro que no iba a encender. Era un hombre adulto no se podía dejar llevar por el pánico. De todas formas un paseo no le vendría mal. Se apoyó en los brazos de nylon negro de su sillón para tomar impulso y levantarse, cuando sus ojos se pasearon por encima de la mesa de despacho. Allí estaba, sobre la encimera de melamina blanca, la grapadora le estaba mirando con su ojo remachado, mostrándole la sonrisa cromada, con la patilla de una grapa manchada de sangre sobresaliendo de ella. Allí, aguardándole, desafiante, como una morena metálica. Aquella era su guarida, su cubil, ella estaba antes que él y no la iba a echar, nadie lo haría…



FIN



miércoles, 28 de junio de 2017

La piña y los ladrones de idem.


''En tu puerta la planté
pensando que me querías.
Como sé que no me quieres,
dame la piña, que es mía''.

Como ya sabéis, este mes es el tercer aniversario del blog y como ordena la liturgia, traemos de nuevo a nuestra Calavera de honor, Coquito y una receta muy al hilo de todo esto.

Bienvenidos, gracias por ser y estar y mientras alimentamos nuestras orejas, vamos a preparar un rico y sorprendentemente fácil pastel.


Para que todos los Calaveras podáis brindar con nosotros en nuestro cumpleaños, os vamos a decir cómo se prepara para poder celebrarlo todos juntos, así que como gritó el corsario: ''al abordaje!!''

Para este bizcocho de piña, vamos a necesitar:

- 4 huevos medianos
- 250 gr. de azúcar
- 1 yogur griego
- 125 gr. de aceite de girasol
- 6 cucharadas soperas de jugo de piña
- 2 cucharaditas pequeñas de vainilla líquida
- 1 pizca de sal
- 375 gr. de harina
- medio sobre de levadura
- caramelo líquido
- 5 rodajas de piña en su jugo

Una vez reunidos todos los ingredientes a temperatura ambiente (Importante!) comenzamos la elaboración de la receta:

- lo primero es preparar el molde y engrasar éste con mantequilla, el fondo con caramelo líquido (mejor casero) y las rodajas de piña
- en un bol batimos los huevos con el azúcar hasta que la mezcla esté blanquecina
- agregamos el yogur, después el aceite y seguimos batiendo hasta que esté todo bien integrado
- añadimos el jugo de la piña, la vainilla y la pizca de sal
- seguimos batiéndolo todo y por último, la harina tamizada con la levadura. esto último, lo haremos en tres veces y seguiremos removiendo hasta que la mezcla esté homogénea.
- con el horno precalentado a 180º, introduciremos el molde para el golpe mágico y esperaremos de 30 a 40 minutos aproximadamente
- pasado este tiempo, haremos la prueba del palillo para ver si está cocido
- una vez terminado, esperamos 5 minutos y desmoldamos, dejando la parte de abajo, hacia arriba



''Entre canciones, poemas,
relatos y vivencias,
se va quedando la esencia,
aquí os dejamos el plato,
que sea de buena tertulia
y de provecho extasiado,
que traiga mejores lunas
y nos deje iluminados''.



Muchas felicidades, Calaveras!!

viernes, 23 de junio de 2017

Thunder Seven. La joya de mis orejas.

Ya conoces las ''normas'' de este blog: antes de leer, asegúrate de tu comodidad, relájate, pon tu mejor dispositivo de reproducción musical y acompáñanos en el viaje. Eres libre de llegar hasta el final o bajarte en la próxima parada.
En cualquier caso, gracias por venir y felicidades, Calavera.

Cuando sientes la imperiosa necesidad de buscar algo de tal manera que se convierte en una obsesión, tarde o temprano te lanzas a por ello. Pero qué ocurre cuando ya has escuchado mucha más música que la mayoría del resto de personas que te rodean y sin embargo necesitas algo más, pero no sabes el qué?
A mediados de los 80's andaba un tanto confuso con toda la música rock que llegaba a mis orejas. Por una parte AC/DC reventaban charts con ''back in black'' o ''for those about to rock'', Van Halen lo propio con ''1984'' y ese ''jump'' que aún sigue sonando y me sigue saliendo del alma un ''sí, joder!'' cada vez que lo escucho y por otro lado, empezaban a ''abundar'' las bandas donde era más importante tener un pelazo hasta el culo y gastar a diario tres botes de laca por cabellera, que la calidad de las canciones y no voy a hablar de tantas ''estrellas emergentes'' del estilo y que tantas decepciones me han dado en directo. No se puede ''fabricar'' una banda en una empresa de marketing para subirse a la moda y sacar pasta. Si se busca algo honesto, hay que mirar bien en los locales de ensayo y en los bares por la noche. Ahí y no en una oficina es donde se palpa bien el arte, la originalidad, la destreza de los músicos, el mensaje que quieren lanzar y los sentimientos que quieren compartir.
En esa década, para mí el funk bailón con bases musicales blueseras a ritmo de infarto ya habían degenerado en sonidos maquineros, desagradables y faltos de magia, todo me sonaba frío y demasiado futurista. Me gustan las orquestaciones, los buenos arreglos de teclados, de saxofón erótico y esos pequeños desajustes de tiempo cuando tocan todos juntos que me hacen percibir la música viva, como si estuviera en medio del escenario con ellos.
La música disco había tomado también otros derroteros por los cuales yo no estaba dispuesto a entrar y me puse a buscar rock.

Pero no un rock cualquiera. Sabía que el rock bebía de cualquier fuente que le hiciera rejuvenecer y es tan camaleónico que se puede transformar en cualquier otro estilo y pasar desapercibido. Todo está en quitarle la distorsión a las guitarras y cantar en registros más relajados.
Ya conocía la obra de Tárrega, empezaba a admirar profundamente a Segovia y embrujao me tenía Paco. Paco de Lucía.
Pero también me dejé adoptar por B.B. King y confiar en Clapton y que todo junto sonara a ROCK..


Triumph vienen a condensar a pinceladas lo escrito anteriormente. Este trío canadiense se dió a conocer en 1977 y compartió escenario con los grandes del rock del momento como Scorpions, Van Halen, Judas Priest u Ozzy y llegaron a mi vida con Thunder Seven.
Qué tienen de especial? Siempre digo igual, no puedo ser objetivo con la música, es cuestión de que me llegue dentro o no. Pero para mí sí es especial, principalmente por la satisfacción tan grande que aportó a mi vida en aquella época ochentera por todo lo que ya había asimilado y lo que quería descubrir.

Eran un trío donde el batería Gil Moore además de tocar hacía las voces principales en las canciones, a menudo compartidas con el guitarrista Rik Emmett (Rik deja a lo largo de todo el disco master-class de cómo tocar una guitarra éléctrica, acústica y clásica) y el bajista/teclista Michael Levine.
''Thunder Seven'' es el séptimo disco de la banda y según las teorías místicas, el número 7 está relacionado principalmente al amor.
Desde que escuché el siguiente juego de voces, pocas cosas hay ya que pongan mis orejas cachondas:
Me sé de memoria todas las melodías vocales. Ni sé decir las veces que he puesto esta canción, horas seguidas, sigo disfrutando hoy en día cada vez que suena y me sigue emocionando. Es la perfección parida en forma de canción. Nunca llegué a esas notas tan altas ni en mis mejores sueños. Ni siquiera pude acercarme haciendo falsete, pero me dá igual, lo importante es sentir y cantar cuando el cuerpo te lo pide, no es hacer el ridículo, es estar vivo!


''Little boy blues'' es una pieza instrumental poco conocida, pero es digna del mejor Santana o de Gary Moore en su última etapa.
Rik Emmett pasó a convertirse así en uno de los mejores guitarristas de rock hasta el día de hoy. Que yo sepa, es el único que sigue editando discos tanto en solitario como en otras formaciones y los otros dos están vinculados a la música pero en tareas compositivas o ejecutivas.
Me gustan los solos de guitarra melódicos, los que se pueden cantar, los que llevan una melodía y en casi todas las canciones de su discografía queda más que patente el buen gusto de los tres músicos, pero especialmente Rik fué el que me guiñó un ojo.



Llegó el verano, las noches de purificación espiritual, de renovar los propósitos, de volver al líquido elemento, origen de la vida y de ponerle música con ''el sueño de un día de verano''.
Pues sí, este disco contiene varias alusiones y una de ellas es para ''el sueño de una noche de verano'', una pieza instrumental en versión de Rik, volviendo a dar muestras del amplio abanico de técnicas que domina.


Os daré una pista: si bajáis la sexta cuerda a Re, os resultará más fácil.

No sólo de Rush vive el hombre, de vez en cuando necesita ''triunfar''.

Nada más Calaveras, feliz tercer aniversario y deciros que si os han gustado Triumph, cualquier disco suyo es recomendable, pero ''thunder seven'' ocupa un lugar muy especial en mi corazón, porque supusieron un salvavidas de inspiración en mi bagaje de aprendiz de guitarrista en el cual sigo, por cierto.
Creo que nunca habría que dejar de aprender.



Mantengo humildes mis orejas. Gracias.

jueves, 15 de junio de 2017

El Amigo





Los cubitos de hielo crujieron emitiendo un quejido roto cuando sintieron el calor del licor derramándose sobre ellos. Un quejido parecido al que se podría oír si se pegaba lo suficientemente el oído a su pecho.



Removió el vaso y los pedazos de agua heladas acomodaron tintineando. Él también lo hizo, cambió de postura en la banqueta dura e incómoda de aquel tugurio de tercera. Estaba esperándole. El rechinar de unas suelas de cuero sobre la madera del suelo y el olor a tabaco llegaron antes que él, ya estaba aquí. Su amigo había llegado, tan impuntual como siempre.

- Hola- dijo sin volverse – Por fin has llegado, sigues siendo el mismo malqueda de siempre, me gusta, veo que no cambias.

Un bufido que pretendía ser un híbrido entre afirmación y sonrisa llegó después de que el hombre tomara otra banqueta y se sentara a su vera. Seguían sin girarse, solo tenía ojos para los hielos agonizantes que se deshacían como rocas dentro de lava.

La camarera apareció desde algún lugar indeterminado de detrás de la barra, de más allá de su campo visual, que estuviera desnuda de cintura para arriba carecía completamente de importancia, no pensaba apartar la mirada del whisky.

El recién llegado no abrió la boca, no necesitó hacerlo, un instante después de que la chica de pechos firmes volcaba la botella de “Juanito vestido de luto de paseo” sobre el montón de piedras de agua y acto seguido desapareció igual que había llegado. De sobra sabía que no sería útil allí. Ni ella ni ninguna de sus compañeras se acercarían. No, podía beber todo lo que quisiera pero ellas no se acercarían y tampoco iban a ser llamadas, para otra cosa que no fuera rellenar los vasos.

Dio un trago y dejó la copa con suavidad sobre la barra.

-¿Y bien? – Preguntó - ¿Qué es eso que quieres contarme?

- ¿Contarte?, bien sabes que nada nuevo, nada que tú ya no sepas, pero me gusta que lo vuelvas a oír, para eso están los amigos, ¿no?

- Sigues enamorado de ella, ¿verdad?

- ¿Seguir? ¡Ah! No lo he dejado de estar, desde que respiré por primera vez, este maldito aire que me hace estar vivo, desde mucho antes de que la conociera.

- ¿Y qué vas a hacer?

- ¿Hacer? Respirar, seguir respirando, qué más puedo hacer sino solo eso- Recoge el vaso y lo apura de un trago.

- ¿No crees ya has bebido bastante?

- No, aún no estoy borracho y no creo que llegue a estarlo.

- Apagar un fuego con alcohol, no parece lo más inteligente

-¿Quién dice que lo quiera apagar?

- Entonces ¿qué?

- Entonces ¿qué de qué?

- ¿Para qué me has hecho llamar?, ¿para qué? Te puedes matar tú solito. No tienes por qué hacerme cómplice de tus locuras, ya eres mayorcito.

Por primera vez se gira y dice:

-¡Tú no la has visto!

- ¡Solo es una mujer!, una más entre las miles que hay en esta asquerosa ciudad.

- Si ahora mismo no te ahogo con mis propias manos es porque sabes que no puedo vivir sin ti, pero no te atrevas, ni siquiera a volver a insinuarlo o daré por buena mi muerte, solo por acabar con la tuya.

Ella es la única excusa que existe en este mundo, para que seguir respirando valga la pena.

- Está bien, está bien, no te pongas así. Sólo quiero hacerte entrar en razón. No quiero ver cómo te autodestruyes. No te quiero ver sufrir. Tú también me dueles. ¿Por qué no haces algo, por qué no se lo dices, por qué no vas a buscarla?

- Jojana - La risa suena como si estuviera dentro de un pozo profundo y oscuro. Era una risa que no tenía ninguna gracia ni en su origen ni en su fin, era más un gorgoteo, un espasmo, un estertor de moribundo.

Amigo, no, las cosas nunca son tan fáciles. El sueño se ha cumplido. El destino me ha concedido la suerte de poder conocerla, de contemplarla de saber que existe. Pero la ha puesto detrás de una puerta que jamás podré cruzar. Soy un trozo de de basura espacial que gira alrededor de ella, atraído y expulsado por la gravedad al mismo tiempo, condenados eternamente a mirarnos pero a no tocarnos. Ay amigo, no hay mayor martirio, que ser ciego después de haber contemplado la luz.

- Siempre has sido un poeta, un romántico, un blando. Si de verdad la quisieras, hallarías la forma, la encontrarías. Lo único que te pasa es que eres un cobarde llorón. No me llames más para ver esto, para oír esto; ahórrame el mal trago.

-¡No!, no te atrevas a hablarme así, no, tú no. ¡No te lo permito! No eres nadie, no sabes nada ¡Cállate! Tú no eres un amigo, me lo estás demostrando, sólo has venido a echar la última pala de arena sobre mi tumba.

- Si te lo digo es porque eres tú y no otro. ¿Qué querías que te dijera? “Pobrecito, sigue bebiendo", y consúmete en tu fuego fatuo, en tu noche de San Juan particular, lo único que quiero es verte fuerte y verte luchar, y no verte balbucear como a un niño al que le ha robado el bocadillo en el recreo.

Los vasos están vacíos, levanta un dedo, la camarera vuelve a llenar las copas. Casi no queda hielo, es mejor así el hielo solo roba espacio al whisky.

-¿Qué vamos a hacer?

-¿Vamos? ¿Qué vas a hacer tú? Yo no voy a hacer nada, ya estoy haciendo demasiado. Ya te estoy diciendo que no puedes quedarte ahí como un perro apaleado lamiéndose las heridas.

- Está bien, quizás tengas razón

- ¡Vaya! Es lo primero que dices con sentido en toda la noche.

- Será mejor que te vayas entonces.

-¡No te jode! y encima ahora me despides con malos modos. La próxima vez no me llames; bueno hazlo si quieres, pero no vendré. No hasta que no merezca la pena volver a hacerlo. No hasta que la vea de tu brazo. ¡Adiós! No hace falta que te levantes, ¡Ah! y las copas las pagas tú.

Las patas de la banqueta arañan el suelo de madera, haciendo que los pelos se pongan de punta y la piel lo haga de gallina. Las pisadas se alejan, se ha marchado, vuelve a estar solo otra vez. Apura el whisky y levanta el dedo nuevamente para llamar a la chica de pechos densos y firmes que apenas si tiemblan al caminar.

Aquel borracho que bebe dos copas al tiempo la vuelve a llamar, no le da buena espina. Ojalá no monte ningún expolio, ya es bastante tener que soportar, que gentuza de esa calaña la tengan que ver ganarse la vida así.



FIN

miércoles, 7 de junio de 2017

El Rock no es de aquí. Tercer aniversario.


Calaveras tod@s, he nos aquí entre lectores, amigos y fans de la música en general, como adelanto del tercer aniversario del blog, vuestro blog. Porque esto sin camaradas no serviría para mucho, no tendría sentido, para qués ni futuro.
Por qué empezar con Richie Sambora? y haciendo una versión de una perla de canción de Deep Purple?
La razón es bien simple: Camaradería.
Como dije al inicio, sin camaradería pocas cosas se podrían conseguir, como por ejemplo hacer Rock. Se puede estudiar y practicar en casa en la soledad de un habitación, pero tarde o temprano el cuerpo te pide acción, estás vivo, joder! Y necesitas saber qué se siente cuando enchufas la guitarra al amplificador, empiezas a tocar y dos estropeados de la cabeza con tu misma tara te siguen, se crea una energía, te sientes inmortal y el Rock'N'Roll se hace carne. Y te habita.
Te posee un ente cuyo lenguaje son los watios de potencia, el desgarro espiritual y la rabia contenida. Los latidos de su corazón son los golpes de la batería y su intención va de la mano del bajo y su presión arterial.

Y engancha. Mucho. Quizá la única droga legal que no deja secuelas en el organismo, pero te cambia la vida. A mejor o a peor ya lo decide cada uno con sus actos, pero la música nunca exije que te auto destruyas, eso ya te lo vende tu entorno por un lado y la chalaúra que te haya tocado, por otro.

Cuando en los 80's Def Leppard empezaban a despuntar como una de las mejores bandas de Rock del momento, un desgraciado accidente de circulación provocó que a su batería le amputaran un brazo, con el consiguiente shock para el afectado y por ende, al resto de la banda. Fueron meses de sufrimiento, incertidumbre y desasosiego, no sabían qué hacer con la banda. Rick era un amigo por encima de todo y no tenían claro si seguir con él o no, hasta que un día un ángel en forma de ingeniero diseñó una batería especial para él. Tenía que usar los pies de forma un tanto diferente a como lo venía haciendo y con el brazo que le quedaba tendría que usarlo para terminar de redondear el ritmo. Fue casi como empezar desde cero, adquirir otras mecánicas de trabajo hasta dominar el nuevo instrumento.
Tan impagable regalo llegó como un milagro a la vida de Rick, le llevó un tiempo ponerse al nivel del resto de la banda y empezar a sonar como antes, pero lo consiguió y la prueba es más que evidente, no hay más que buscar cualquier actuación de Def Leppard en vivo en you-tuve y disfrutar de una de las mejores y más profesionales bandas de Rock. Estos señores tranquilamente podrían haberle dicho al batería: ''sentimos mucho lo que te ha ocurrido y te deseamos lo mejor, pero la banda no puede pararse ahora y tenemos que seguir con otro batería, gracias por todo y nos vemos'', pero en lugar de eso y teniendo un gesto que les honra, les dieron lustre, brillo y un gran ejemplo de lo que es la palabra ''camaradería''.

Richie Sambora siempre estuvo ahí desde el principio cuando un desconocido Jon Bon Jovi quería grabar unas canciones para una maqueta con la intención de mostrarla en los estudios donde trabajaba de ''chico para todo''. Lo consiguió, firmaron un contrato, grabararon un buen disco de inicio, el segundo y la confirmación de super banda. Llegaron los mega conciertos, la invasión de egos, los discos en solitario del cantante y el way of life ridículo de estrellas hollywoodienses, excesos, desmadres, bodas y divorcios. Todo más propio de un capítulo de Dallas que de una banda de Rock.
Discos mediocres, más representativos del estado de autocomplacencia y vender un producto manido sólo por intereses comerciales que buscar honestamente unas buenas canciones y correr ese riesgo necesario que lleva implícita la palabra Rock.
Mr. Sambora se casó con una estrella de Hollywood, tiempo después se divorciaron y dicen que fue el golpe definitivo que le llevó al alcoholismo. Un buen amigo le habría intentado ayudar, sacarlo de ese pozo vomitivo, pero la ''ayuda'' le llegó en forma de ultimátum por parte del líder de la banda: o lo dejas, o prescindimos de ti. Y así fue, Richie anímicamente no había podido digerir su fracaso amoroso y no encontraba nada a lo que agarrarse para poder salir a flote. Le llevó unos años ponerse las pilas, pero empezó a aparecer su guitarra en discos de otra gente, hizo actuaciones en acústico mostrando realmente quien era el que componía en su ex-banda y dejando una buena muestra de su capacidad vocal y su destreza en las seis cuerdas.
Por supuesto, Bon Jovi continuó sin él y para mí sus discos desde entonces los uso de posavasos, ése es el nivel y la comparativa con Def Leppard acerca del seignificado de la palabra ''camaradería''.

Ejemplos de vida así hay por miles en el mundo, no sólo en el Rock se encuentra el yin y el yang, en cualquier calle, ciudad o zona salvaje hay muestras sobre el lado bueno y el lado oscuro de la vida. No todo son flores ni todo es estiércol, pero a mi entender, una cosa necesita de la otra.

Quizá porque toco la guitarra y me he bebido los bares estoy con Richie.


Para mí, el ganador está claro quien es.



Mantengo humildes mis orejas.

domingo, 4 de junio de 2017

SANGRE #11







 

Está oscuro, me siento caer por un tobogán con una inclinación casi vertical. La velocidad es superior a la gravedad, no caigo como un peso muerto, soy aspirado. Algo me atrae, me succiona me aleja de mi cuerpo. Un dios sediento absorbe su granizado por una cañita, yo soy el zumo, el hielo incoloro mi cuerpo.



-¿Laura?-



Es un grito mental, no hay sonido, no hay luz, sólo vacío dentro de ese cilindro. De repente la succión termina, me detengo. Estoy suspendido en una nada que comienza a llenarse. El azul brota, la negra nada se colorea como un vaso de agua donde cae una gota de añil. El color sigue subiendo de intensidad. Primero es agradable pero su luminosidad sigue subiendo, sube, sube, comienza a quemar. Blanco, luz pura de metal fundido. Dolor. Ya no hay tubo.Las retinas de mi mente se acostumbran.
Soy un preso recién liberado que no recordaba la luz. Mis ojos de vampiro se hubieran derretido, licuado en esa claridad, pero no estoy mirando, ya no tengo ojos y no soy carne, no debo temer a la luz.



-Laura?- Me atrevo a volver a preguntar.



___________________________________________________________________________



“¿Laura?”



Yo no soy Laura, Laura es mi seudónimo, mi alter ego de escritora. Intento recomponerme. Aún retumban en mis oídos las palabras de mi hermano, aún puedo saborear el salado de mis propias lágrimas. Intento ser fuerte, no tengo otra alternativa.



“¿Laura?”



La Muerte no me llamaría por mi seudónimo, no, ella me llamaría por mi verdadero nombre. Pero si no es la Muerte, ¿quién me llama?, ¿quién lo hace, quién viene a buscarme?



“No temas, soy un amigo, dónde estás; no puedo encontrarte. Quiero ayudarte, sé que estás en peligro, he oído tus gritos, siento tu dolor, tu miedo.”



No puede ser, nadie ha podido oír mis gritos, nadie a menos...No, eso solo son tonterías de escritora, fantasías novelescas, que yo misma invento, en el mundo real, no ocurren estas cosas, debo de estar delirando; mi mente está tan conmocionada que inventa voces, presencias en un desesperado intento por no volverse loca, de huir de esta realidad. Ojalá pudiera gritar de verdad.



“Laura, no puedo explicártelo, no sé hacerlo. Ahora estás asustada, yo mismo estoy aterrado. Sé que esto es muy extraño, pero confía en mí. Me fallan las fuerzas, tengo que marcharme, volveré a por ti. He venido ayudarte, no temas, estoy a tu lado. Ya hemos conectado, no volverás a estar sola, ya no lo estás y nunca más lo volverás a estar”.



Siento como el frío se aleja, la oscuridad con él. Aquella presencia se desvanece. La sensación de ser observada se difumina como una niebla matutina. Al contrario de lo que pueda parecer no quiero que lo haga. Esa sombra ha sido un cobijo, un paraguas que me ha protegido de la luz y el sol calcinante que me vuelve requemar. Esa oscuridad, esa presencia, esa voz ha sido una sombra de paz en este páramo reseco de dolor y realidad. Las palabras de mi hermano regresan, viene montada en un eco malvado que las devuelven a mis tímpanos, a los de carne. ¿Debo volver a gritar?, ¿debo? ¿Debo volver a llamar a la sombra? No quiero estar sola, no quiero...no quiero morir, tengo miedo.



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Estoy mojado, la lluvia me golpea, la nube falsa de latón me sigue lanzado sus miles de obuses líquidos, continúa bombardeándome, no piensa parar. El agua ha comenzado a rebosar por el plato de ducha y está anegando el cuarto de baño. Estoy tirado en él, encogido en posición fetal, inmóvil y temblando. Ha sido el agua lo que me ha sacado de este trance, había comenzado a entrar en la boca. Me he limitado a toser y a escupir pero no, todavía no tengo fuerzas para incorporarme. Estoy escuchando como se derrama y como golpea sobre mi cuerpo. Es despertarse después de haber hibernado durante 5 años luz. A pesar del agua tengo la boca seca. Los pies lo han tapado, han debido de tapar el desagüe, intento moverlos, hacerlo sólo unos centímetros es un esfuerzo titánico. Efectivamente, lentamente el nivel del agua comienza a descender. Las centellas de luz azul siguen encandilándome, mis retinas siguen impresionadas con su impronta, es como si dentro de los globos oculares tuviera algún insecto fosforescente pululando. El dolor en la base del cráneo no ha desaparecido pero no creo que tarde, apenas es una sombra de lo que fue. Pero no todo es malo, hay una extraña sensación de paz dentro de mí que me deforma el rostro con una mueca que casi es una sonrisa. He establecido contacto con Laura, ha podido sentir mi respuesta. Ella aún no sabe la capacidad que tiene, está asustada; casi tanto como lo estoy yo. Casi he podido verla, casi nos hemos encontrado.

Ahora tengo que levantarme, tengo que reponerme, no puedo fallarle, necesita mi ayuda más que nunca.



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El local está oscuro, no para mí, que puedo ver con total nitidez en la tiniebla más absoluta, pero para un humano lo está; sin embargo algunas luces negras, estratégicamente colocadas hacen posible que no tropiecen con el mobiliario o entre ellos. La zona del bar está algo más iluminada.

Estoy sentado en el extremo más alejado de la puerta de acceso. Agito el vaso haciendo que los hielos tintineen dentro de su baño de whisky de malta de doce años. Me entretengo observando, oliendo y escuchando las conversaciones de los clientes e intentando no oír la nauseabunda música chill out, que un dj está pinchando inmisericordemente en un cabina que preside la caricatura de pista de baile de este antro.

Ya son más de la once de la noche y tercer whisky cuando la veo entrar. Ahí viene junto con tres amigas más. La directora de la clínica charla animadamente con ellas. Son más o menos de su quinta, moderadamente atractivas, sin embargo Ana destaca sobre las otras y lo sabe. Se nota solo con ver la seguridad de sus ademanes, en su forma de andar y de llevar puesto ese vestido sugerentemente corto y ajustado. Se siente bella y segura. Le gusta que los hombres la deseen.

La sigo con la mirada desde mi posición, me​ concentro para poder oír su conversación, debajo de la música monótona y repetitiva y del murmullo de otra treintena de conversaciones, recabo datos para preparar mi estrategia, solo tendré una oportunidad y no puedo fallar.

Por lo que pude escuchar en el coche, supe que irían a cenar a un restaurante italiano llamado “Porca Miseria” y que después vendrían a tomar unas copas a OMH. Me sorprendió agradablemente, que entre sus gustos se encontrará el Heavy, Imaginé que OHM podrían ser las iníciales de Only Heavy Metal y que tal vez, mi espera en aquel local se amenizaría con un poco de buena música. Mis ilusiones se vinieron abajo cuando descubrí que Ohm no eran un acrónimo, ni siquiera hacía referencia al apellido del científico, era una onomatopeya que aludía a las técnicas de meditación orientales, y OHM desgraciadamente sólo era un bar de copas impersonal, rebosante de figuras de Buda y saturado de música hecha por computadora.

Desde la hora larga que llevo esperándola he imaginado cómo acercarme a ella, fabricando hipótesis pero sobre todo intentando calmar el instinto primario de mi naturaleza animal y depredadora de acabar con ella, con ella y con cualquier otra persona que esté involucrada en eso que acecha a Laura, eso que voy a descubrir.

Saco una tarjeta de visita de un bolsillo interior de la americana. “Alejandro Müller Doctor en Hematología” se puede leer en una bonita caligrafía inglesa sobre la cartulina blanca. Vuelvo a meter la mano en el inferior de la chaqueta en busca de mi Montblanc. Garabateo unas palabras y devuelvo la estilográfica a su lugar. Oculto la tarjeta en la mano. Dejo un billete de 20€ sobre la barra después de hacer un gesto al barman, no espero al cambio. Mis músculos están tensos, las glándulas suprarrenales los han encharcado de adrenalina, mi presa me aguarda. . Me levanto del taburete y me dirijo hacia ella esforzándome en mantener un paso tranquilo; soy un tigre acechando a un cervatillo que pasta completamente ajeno a lo que se le viene encima, no debo de llamar la atención, nuestro encuentro debe parecer totalmente fortuito y casual.



-¡Perdón! - Me vuelvo mientras me giro. He pasado junto a ella, ronzándola adrede con el hombro. - No la había visto- continúo y vuelvo a excusarme.

-No, no pasa nada-. Contesta ella.

La respuesta ha sido automática, hubiera contestado lo mismo a cualquiera que se hubiera chocado con ella. Me ha reconocido, pero no dice nada.

-Eres..? Eres la directora del la clínica donde estuve esta mañana-. Mi tono es medio, no quiero parecer demasiado jovial ni demasiado seco.

Ahora, que me he descubierto la directora, finge hacer memoria. Las amigas, que están un paso detrás, empiezan a cuchichear entre ellas, la verdad es lamentable, siguen comportándose como colegialas.

-Sí, bueno Valladolid no es una ciudad demasiado grande-. Sonríe.

Miro al suelo y me agacho flexionando las rodillas, justo delante de sus pies hago como que recojo algo que he encontrado. Contemplo sus piernas bien torneadas y firmes, quizás en otra situación me hubiera parecido una mujer atractiva.

Tardo un segundo más de lo debido en volverme a levantar. El cuchicheo de sus amigas ha pasado a risitas pícaras, casi no contengo la arcada que me provocan. Cuando nuestros ojos vuelven a quedar a la misma altura su mirada ha cambiado, ahora hay verdadero interés en ellos.



-Creo que se te ha caído esto - Le digo tendiéndole la tarjeta de visita.

Es inteligente, de sobras sabe que no se le ha caído nada, pero me sigue el juego y la acepta con un “gracias” y la hace desaparecer en su bolso casi con la habilidad de un tahúr antes que los codiciosos ojos de sus amigas puedan verla.



Perdón otra vez, un placer volver a verla.- Me despido tendiéndole la mano.

La estrecha con suavidad y firmeza al tiempo. Igual que por la mañana sigue en vuelta en una nube de perfume, e igual que esta mañana he podido oler como su cuerpo ha vuelto a reaccionar a mi presencia. Ha picado el anzuelo, no tardará en leer lo que he escrito en la tarjeta, quizás el vino de la cena y la copa que está tomando sean mis aliados, de cualquier manera la curiosidad es mi principal baza.



-No te preocupes, no hay nada que perdonar, no ha sido nada-.

Me dirijo hacia la puerta de salida con la certeza de que sus ojos siguen clavados en su espalda, ahora solo me queda esperar.


La noche castellana es fría, de un frío seco y afilado como un cuchillo. Me he resguardado en el coche y pongo música. Los compases del tema homónimo de Black Sabbath le dan un toque casi novelesco a la situación. “El vampiro, espera a la chica en una fría noche de invierno... “ Desde luego lo parece, ojalá solo fuera una historia más de las que inventa Laura, ojalá solo lo estuviera leyendo, pero no, no es ninguna trama imaginada por mi amada Laura, es la cruda realidad.



Salgo de mis reflexiones, la puerta del local se ha vuelto a abrir y es ella, es Ana y viene sola.

Bajo del coche para que pueda verme. El abrigo de paño negro la cubre hasta los tobillos, ocultando sus curvas. La cadencia del golpeteo de sus tacones contra el empedrado del suelo denota cierta premura, quizás solo sean nervios, pero podía pasar por prisa o enfado. Nos separan escasos cien metros. Su perfume como de costumbre llega antes que ella.



-Hola otra vez, esta noche parece que estamos condenados a encontrarnos-. La saludo.

Solo he venido porque la familia Blánquez es una familia muy importante en esta ciudad, espero que eso que me tiene que decir sea algo muy importante.

El abrigo de paño está soportando las arremetidas de sus pechos, debido a la respiración acelerada, el frío hace que su aliento se transforme en humo delante de mi rostro. Me limito a esperar a que termine, a que se tranquilice, efectivamente he tocado un punto sensible. Ahora estoy seguro que hay algo turbio en todo esto, su reacción es la prueba definitiva. Continúo en silencio mientras aguardo a que termine.



-Esta es mi vida privada, mañana, incluso esta mañana podríamos haber hablado de lo que demonios sea tan importante. No creo que este sea el mejor momento para ello, además no me mencionó en ningún momento su relación con la familia Blánquez, por qué me lo ocultó?. Empiezo a dudar de que este encuentro sea fruto de la casualidad-.



Hace un ademán de marcharse. Ha llegado mi momento, tengo que actuar.



-Siento el malentendido, y le prometo que nuestro encuentro es fruto “casi” de la casualidad. Como ve, soy hematólogo, descubrí por azar que D. Santiago Blánquez estaba aquejado de una leucemia e ingresado en su clínica, ya que ésta remitió unos análisis al centro donde yo trabajo. La vengo observando durante varios meses, cuando viene después de cenar con sus amigas. Pero nunca me he atrevido a abordarla. Lo que le he contado esta mañana es completamente cierto. Fue toda una sorpresa descubrir que la mujer que me tiene completamente absorto día y noche, estaba allí, delante de mí. Sin embargo, he de confesar que lo que le he escrito en la tarjeta es completamente falso, ha sido una argucia, la única forma que se me ocurrió para llamar su atención, la única en que me he atrevido para poder decirle lo hermosa que es y que me encantaría invitarla a una copa, sino le importa, claro.-


Continuará...






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