sábado, 19 de diciembre de 2015

Navidad: ninguna buena acción queda sin castigo.





El reparto y la tentación:

-6:30 de la mañana. suena el despertador de campana color verde gastado heredado de su padre, al igual que los pocos muebles que había en la casa, que como que el reloj, tambien fué heredada del padre el día que éste murió unos años atrás después de una larga enfermedad que casi los arruina, teniendo que vender casi todo lo que tenían para prolongar a fín de cuentas la agonía del viejo.
El puto viejo, que nunca le perdonó la muerte accidental del hermano una mañana de caza en la sierra. Ni después de salir de la cárcel seis años después de cumplir condena por homicidio involuntario. El fiscal aún albergaba serias dudas sobre su inocencia.
Pero lo que nadie sabía es que Ramón se alegró de quedar como el único heredero del cortijo, las cien hectáreas de terreno cultivable y de pastos y las más de mil reses que administraba su padre. Desde su celda se veía como un mayoral, conduciendo un Hammer y seduciendo jovencitas lugareñas, pero el karma suele actuar a veces de la forma más insospechada y le fué robando mes tras mes casi toda la herencia y ahora su único techo era una vivienda de setenta metros cuadrados situada en el extraradio de la ciudad y dos habitaciones donde vivía. O malvivía.

Se atusó el pelo negro aceitoso, se puso el uniforme azul de repartidor (que tanto odiaba, pero era el único trabajo que pudo encontrar; nadie quería cuentas con él. Su reputación de mal criado y ave nocturna hacía recelar a los empresarios) salió a la calle y una vez puesta en marcha la furgoneta de la empresa, condujo hasta el almacén.

-putas navidades de mierda, tengo más de cien cestas para repartir a empresas y particulares y todos se quejan de que llegan arrugadas, rotas o les falta algo. A mí qué me cuentan! demasiado hago con entregarlas. Que se jodan!

Oficinas, comercios, tiendas de barrio, particulares, empresas familiares..una lista inacabable. Tanto, que casi a mediodía llevaba sólo medio reparto y fué en ése momento, cuando la siguiente entrega le llamó poderosamente la atención.
Era una cesta sencilla, bien empaquetada. Cuando iban así, era que el contenido era delicado, especial.
Miró el destinatario y vió en el albarán que iba desglosado especificando el contenido:
-un jamón 5J
-una botella de Gran Duque de Alba gran reserva
-un sobre
Entregar al destinatario y devolver el recibí firmado a la empresa.

-creo que ya tengo jamón para estos días. Que se joda el medicucho.

Estacionó la furgoneta en el parking del centro comercial, pero antes de bajar, recordó que había cámaras de vigilancia en el perímetro y dentro de la tienda, así que aprovechando que era diciembre y hacía frío, se puso un gorro de lana azul marino que había conseguido por ahí.
-así, que me tape la frente y las orejas, a ver si hay suerte..

Se dirigió con paso ligero a la parte trasera del centro comercial, a la zona de repartidores junto al almacén. Sabía que los viernes no era día de recogida de devoluciones, pero como su compañero de reparto que llevaba esa zona le debía un favor, le envió un guasap pidiéndole cambiar las rutas el próximo lunes.
-firmo el albarán y como la copia es en carboncillo, lo borro y rectifico a lápiz, pensó mientras se acercaba a la garita donde estaba el encargado del almacén.

-Buenas tardes, jefe. me ha llamado mi compañero y me ha dicho que el lunes  tiene que ir al médico y no podrá pasar y como estamos los dos solos, me haría vd. un favor si me hiciera hoy las devoluciones.

Hubo suerte, entre todas las demarcas, había una paletilla y tres jamones que no se podían vender al no llevar la vitola plástica con el anagrama del fabricante.
Cargó todo en el espacio libre del vehículo y se marchó hasta las afueras de la ciudad, junto a una gasolinera donde había una zona de descanso para camioneros. Buscó la cesta en cuestión, la abrió cuidadosamente, sacó el 5J y lo sustituyó por el jamón más grande.
-a más peso, menos se fijará el medicucho. Pensó mientras cerraba con mimo de nuevo la cesta y emprendía ruta hasta el destinatario.

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Rutina y observación:

Como cada vez que entraba de turno, lo primero que hacía Sebas era informarse de las novedades acontecidas en turnos anteriores y revisar todas las cámaras del centro comercial: puertas de acceso, pasillos, almacenes, salidas de emergencia, perímetro y patio trasero.
Las cámaras fijas que enfocan las puertas y pasillos son analógicas, pero los domos son digitales, lo que permite una visión óptima de imágenes de hasta seis kms. de longitud en espacios abiertos si no hace viento y provoca movimientos en los brazos de sujeción de la cámara.

La rutina en el servicio de control de cámaras siempre era igual: repasos de espacios en plano general y progresivamente ir seleccionando zonas calientes, las más susceptibles de ser saboteadas o propensas a los hurtos.
Para eso, había que tener unas nociones de comportamiento humano, espresión corporal y observar las caras de las personas. En la mayoría de los casos, con los andares y los gestos de la cara se solían delatar, pero la constancia en actos delictivos, crea normalidad y resulta muy difícil saber seleccionar a una persona sólo porque mire a los lados cuando va andando entre los pasillos de la tienda.

Entre domos y cámaras suman 48 imágenes en directo repartidas entre seis monitores de 26'' conectadas a un ordenador central donde se podían grabar imágenes a tiempo real durante 72 horas seguidas.
Si no había que revisar ninguna grabación, automáticamente se borraban desde el primer segundo en adelante. El sistema no permitía más almacenamiento de datos.
Observar a la gente en horarios de máxima afluencia era casi obligatorio, la experiencia le había demostrado a Sebas que entre las multitudes se camuflan de maravilla los presuntos delincuentes, pero eso no era excusa para descuidar el exterior, por lo que alrededor de las 14:00h. seleccionó en el monitor inferior de la izquierda la cámara del patio.

A simple vista, todo transcurría con normalidad: mozos con traspaletas, otros con carros eléctricos, alguna furgoneta maniobrando entre los muelles de descarga, el encargado del almacén en su garita de la entrada hablando con un repartidor..un momento! exclamó en voz alta mientras  aumentaba el zoom hacia la garita.
-esa empresa no debería venir hoy. los del reparto directo vienen los lunes a por las devoluciones, ese uniforme azul es inconfundible.
-vaya, vaya, pero si es el amigo Ramón, el malavida, qué estará haciendo hoy por aquí y además, no es su ruta. voy a llamar a la garita a preguntarle al encargado.

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El sacrificio:

Al salir de la consulta privada del Dr. Ferranz por última vez, María se acercó lentamente hacia la mesa de recepción donde estaba la enfermera sentada apuntando horarios en el libro.
Habían pasado tres años desde la primera intervención quirúrgica y a pesar de correr el Dr. con los gastos de hospitalización, la clínica estaba a casi mil kms de distancia de la casa donde vivía María con su único hijo. Dos personas de clase media baja que tenían que trabajar a diario para comer y tres años viviendo fuera de casa sin casi no poder hacer nada excepto estar a los pies de la cama de su hijo, le llevó a pasar momentos de mucha presión, pero en situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Se inclinó suavemente hacia la mesa y con la entonación correspondiente a una señora de 77 años, se apresuró a decir:

-Clara, necesito pedirte un favor personal y ya supongo que te voy a poner en una situación delicada, pero es vital que me ayudes,es algo espiritual, (le dijo, con una sonrisa prudente, contenida) muy especial para mí
-pues María, no sé si preocuparme, pero veamos a qué se refiere, dígame
-ya sabes el profundo respeto y devoción que siento por el Dr. Ferranz, todo lo que ha hecho desinteresadamente por salvar la vida de mi hijo, trayéndolo a su clínica de forma altruista para estudiar su problema cardiaco. tres operaciones y mi único hijo ya puede llevar una vida normal
-lo sé, María, pero el Dr. es así, observa un caso nuevo o extraño y lo estudia, dice que así puede salvar otras vidas y esta vez su hijo ha sido el afortunado. otros por desgracia no tienen esa suerte.
-no me cansaré de agradecérselo mientras viva y haría cualquier cosa que él me pidiera, pero lo que necesito es que me dé su dirección postal para enviarle un detalle. Tengo unos ahorrillos heredados, será todo para mi amado hijo y voy a invertir un poco en dejarle un recuerdo nuestro al Dr, algo muy sencillo para él, pero muy significativo para mí.
-eso no es problema María, yo sé a quien le puedo dar los datos del Dr, y con su comportamiento durante estos años ha dado Vd. muestras de sobra para apreciar su dignidad y calidad humana. Se la apunto aquí, en esta hoja, pero dígame, María si no es mucho preguntar, qué le va a regalar? me muero de curiosidad
-no es ningún secreto, hemos hablado tantas horas que creo que le conozco y sé que le gustan las cosas sencillas, tiene buen paladar y le gusta pasear por su pueblo cuando no trabaja. He visto que en su despacho personal tiene una botella de brandy vacía antigua, así que le voy a enviar una cesta de navidad certificada a través de la empresa esta de reparto directo, esos que van de azul..
-sí los conozco, son dos repartidores nada más. La idea de la cesta me parece acertada y le va a gustar porque entre sus círculos no acostumbran a hacer esas cosas. Y qué va a llevar la cesta María?
-pues la cesta va a llevar lo siguiente;
          -un jamón 5J
          -una botella de brandy Gran Duque de Alba
          -y un sobre con una carta de agradecimiento de mi puño y letra


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El desenlace.

La hora de cenar y Ramón estaba en la casa sentado en una silla de madera sin color, como cada rincón del habitáculo y de su vida en general. Sobre la mesa, la cesta abierta y junto a ella los tres objetos que portaba.
Se apresuró a poner el jamón devuelto, la botella de brandy y la carta, pero en el momento de dejarla en el fondo, algo le hizo volver a sacarla.
-voy a leerla, a ver qué moñadas dice. total, no hay nada mejor que hacer a estas horas en esta puta ciudad y no hay dinero para montar fiestas. Pensó.

Pero tenía hambre, así que limpiando un cuchillo con la parte trasera del pantalón, quitó las cortezas del jamón, cortó una finas tiras y las fué degustando despacio, saboreando cada vuelta que daban dentro de su boca y sin prisa por tragarse el bolo alimenticio. Una loncha, otra, otra..

El sobre no iba cerrado, pudiendo extraer de su interior un folio muy bien doblado y de un grosor considerable. Muestra del empeño en dejar un buen sabor de boca al remitente. Olió la hoja, la miró por las dos caras y se dispuso a leer la misiva

''Mi muy admirado Dr. Ferranz:
Fiel a su plan y siguiendo minuciosamente y con celo extremo sus indicaciones, por fín he podido completar el plan. En muy pocas horas habremos cumplido nuestro objetivo y podremos vivir tranquilos el resto de nuestros días y así poder vengar la muerte de nuestros seres queridos a manos de esa alimaña hijo malcriado de aquel terrateniente que su hijo mató a su hermano un día de caza.
El día que murieron su hijo y mi hija en la moto a manos de este engendro al provocar el accidente cuando conducía borracho, nos juramos que no descansaríamos hasta equilibrar la balanza del universo y ese día ha llegado ya''

Casi atragantándose con el último bocado del delicioso manjar, dió un respingo y se puso en pie de un salto. No podía creer lo que estaba leyendo. Se refería a él!!
Sudando, temblándole las piernas y el pulso, acercó la hoja a la triste bombilla que colgaba del techo y siguió leyendo:

''Me ha resultado relativamente fácil ir a su empresa y hacer el encargo, no sabía con exactitud como iba a impregnar el jamón con la ''cepa'' que me dió Vd en ese tubito, pero le dije al señor de la empresa de reparto directo que quería escoger yo personalmente el 5J y en una de las veces que atendió una llamada lo pude impregnar bien.
Si sus cálculos son correctos, el veneno hará efecto a los pocos minutos de su ingesta. Se inflarán sus órganos internos, sangrará por todos los orificios de su cuerpo y la misma putrefacción disolverá tanto su abominable cuerpo como esta carta y todo lo demás.
Por cierto, dice mi hijo que la canción de Alan Parsons ''Eye in the Sky'' es muy apropiada:
I am your eye in the sky
looking at you
I can read your mind...''



Feliz Navidad, a tod@s l@s ''Cajoneros'' de buena voluntad!!

Ya los que no, tambien.

domingo, 13 de diciembre de 2015

AZUL #23




 

-¡Señor deberíamos parar! ¡Estamos al límite!
Dijo el doctor que observaba un vúmetro digital en unos de los monitores junto a Set.
El viejo estaba tumbado en el sillón que se había reclinado hasta casi la horizontalidad. Llevaba puesto unas gafas que se asemejaba a una de ésas que se usan en los sistemas de realidad virtual. También llevaba puestos, en el torso desnudo unos electrodos. Tanto las "gafas" como los demás dispositivos estaban provistos de conexiones, que los unían al modo de cordones umbilicales a un computador de grandes dimensiones, donde se hallaban los monitores que consultaba Orgaz con el rostro bañado en sudor.
- Ya te diré yo cuándo basta, gordo estúpido. ¡Quiero más¡
Los haces de fibras que conformaban los músculos del viejo se intuían bajo su piel flácida y blanquecina. Todo el cuerpo estaba arqueado. En algunos momentos, solo apoyaba la nuca y los talones flexionando su cuerpo como un arco. Sus manos en forma de garra, se asían a los brazos del sillón, clavando las uñas en la polopiel negra. Varios indicadores pasaron del naranja al rojo en la consola de control. En el cinturón del doctor, el avisador comenzó a pitar.
¡Señor los está matando!. ¡Hay que parar! ¡Hay que pa.... Todo se fue a negro por unos instantes.
Orgaz se llevó la mano al cinturón y apagó el chivato que con su pitido era lo único que alteraba el silencio que había producido el corte de energía. El silencio era casi absoluto igual que la oscuridad. Los segundos que tardaron en volver a arrancar los generadores le parecieron una eternidad. Estar allí, a solas con él ya ponía los pelos de punta, pero estar con él, en la oscuridad le aterraba.
Esta parte del centro funcionaba ayudado con unos generadores de gasoil hábilmente modificados para que pasaran por calderas. Fue idea suya. No quería que nada pudiera llamar la atención y los picos de consumo eléctrico no iban a ser menos. El gasto combustible era algo más fácil de disimular. La parte mala era, que se sobrecargaban con facilidad y producían estos apagones. Los discos duros tenían baterías auxiliares y no sufrían los cortes. No podía ponerlos en peligro por las temeridades de ese....
Miró hacia el sillón y observó a Set. Parecía extenuado, respiraba con dificultad y tenía todo la piel cubierta de sudor, lo que le daba un el aspecto baboso de carne que ha empezado a pudrirse. Sintió asco.
Jojo, jojo. El viejo se reía. Aunque el sonido era más propio del chapoteo de un pez agonizando en el barro que de una carcajada. Pulsó un botón y el sillón comenzó poco a poco a recuperar la verticalidad mientras seguían sus gorgojeos. Una vez alcanzada la posición inicial, el viejo se retiró el artilugio de la cara y miro al doctor. El Azul lo avasalló como un tsunami .Entró en su mente tirando puertas, derivando paredes, superando murallas. Los ojos azules rebosaban azul como ahítos de especie de Dune. Esos ojos lo desnudaron, conociendo todo, hasta su último secreto. El doctor se tapó los ojos en un acto reflejo defensivo. La carcajada de Set subió un grado.
- Jajá, ¡Orgaz! Llamó. - Eres un gusano; inteligente. Pero gusano al fin y al cabo. No te preocupes tanto. Guarda tu basura para ti. Ya sabes, que no tienes nada en esa cabeza porcina que me interese lo mas mínimo. Jajaja. Y diciendo esto recogió sus gafas oscuras . Estaban en un bolsillo que el sillón tenia cosido en un lateral. Se las colocó ocultando el fuego azul que desprendían sus ojos
El doctor apartó las manos intentando no perder la dignidad. Set una vez "desconectado " no era realmente peligroso, pero el hecho de que te mirara, era más que pasearte desnudo delante de él. Era como una especie de violación mental. Algo sumamente desagradable y a lo que uno, no conseguía acostumbrarse nunca. Otra cosa era, cuando estaba en el amplificador. Aún sin estar al 100% podría volver loco a cualquier persona solo con pensar en ella y eso si daba miedo, mucho miedo. 

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 El alambique había comenzado a destilar la mezcla de dolor y miedo. La esencia resultante no podía ser otra, que odio. Un odio profundo y visceral; primitivo. El odio que proyecta una madre hacia lo daña a su cría.
Laura deambulaba por casa, ora en la cocina, ora en el baño, ora en el salón, Iba de un lado a otro intentando ocupar su tiempo con las tareas domesticas pendientes. En un esfuerzo inútil, quería olvidar por un instante todo, hacer como si no pasase nada, como si Paula, fuera la de siempre, pero no, eso era imposible. Cada vez que cruzaba de una habitación a otra, tenía que constatar que Paula seguía en el sofá, sentada mirando dibujos en el canal infantil. Aunque hubiese dado igual que la TV hubiera estado apagada. La niña seguía ausente, como una cascara. Su Paula no estaba allí.
La visita al doctor Jovellanos no había servido para gran cosa, si acaso para comprobar aún más; que estaba empeorando. Ahora, su única esperanza era acudir a un nuevo medico; un psiquiatra amigo suyo que trabajaba en una institución mental privada. La palabra manicomio asomó en su mente, la apartó como si quemara. Eso o empezar de cero, comenzando un peregrinaje por el sistema nacional de salud.  
El teléfono comenzó a sonar. Avanzó por el pasillo y entró en la cocina. La pantalla del aparato estaba iluminada en un tono anaranjado, donde resaltaba el número del llamante. Era su marido. Dudo si descolgar, al fin lo hizo.
- Hola. Ya voy para casa. Dijo Luis y continúo. ¿Cómo ha ido el día? La pregunta era directa, sinembargo en el tono, se intuía precaución. La misma que se tiene al pisar sobre un suelo del que se duda su estabilidad.
- Ya era hora que dieras señales de vida, te he llamado ¿No lo has visto?  Tenía todo un arsenal, listo para lanzar contra su marido. Él, él con su ambición había sido el que... Pero no, no se lo iba a decir por teléfono. No prefería esperarlo, mirarlo de frente y espetárselo a la cara. Decirle lo que había conseguido.
- Pues no cariño, no lo he visto. De todas formas hoy ha sido un día... Bueno ya te contaré. Efectivamente su mujer parecía muy enfadada. No le faltaban razones. Paula enferma y él ni una sola llamada. Dudó de que hubiera sido una buena idea, llamar. Pero en realidad había deseado que Paula hubiera cogido el teléfono, como casi siempre que llamaba. La niña habría corrido por la casa gritando: ¡Es para mí!, es para mí! ¡Seguro que es papi!¿Pero dónde estaba Paula? ¿Estaría peor? Otra vez la bestia del miedo le husmeaba los pies lista para morder. Notó como le temblaba la voz ¿Y la niña? ¿Ha pasado buen día?
Luis oyó como su mujer rompió a llorar mientras entre balbuceos le decía: Eso; mejor será que se lo preguntes a tus nuevos amigos..
. Lo que siguió fueron los pulsos que le indicaba que la comunicación había sido interrumpida. ¿Qué pasaba con Paula? ¿Qué quería decir con que se lo preguntara a sus nuevos amigos?
Volvió a marcar el numero de casa varias veces pero sin obtener respuesta. Luis comenzó a sentir las dentelladas del miedo. Pero en esta ocasión, el miedo era más real, casi orgánico. Se pegaba a su piel penetrando en su yo más profundo. Ya no temía a una voz en su cabeza o a una visión. No, esta vez el miedo lo iba a volver loco de veras. ¿Serian estas las consecuencias? ¿Sería este el castigo? ¿Su niña?.
De repente un objeto salió volando de la nada e impacto contra el parabrisas. Al mismo tiempo sintió el mundo parecía ralentizarse. El estruendo de aplastar mil de latas de refrescó y el estallar mil botellas, llegaba a sus oídos, unas milésimas de segundos después. Todo comenzó a girar, mientras el cinturón se tensaba clavándosele en el pecho. Su cuello se agitó como un azote, haciendo que la cabeza primero rematara un gol imaginario y luego se golpeara contra el reposacabezas.
El coche que conducía Luis, se había empotrado en el lado izquierdo de otro, estacionado en la vía por la que circulaba. Antes del choque, había arroyado los espejos retrovisores de otro par de vehículos.
El A6 negro quedo cruzado ocupando dos carriles de la calzada. Un pequeño seto hizo que no invadiera el sentido contrario. El golpe había sido aparatoso; pero aparte carrocerías abolladas y cristales rotos no había ocurrido nada más. De hecho, los airbags no habían saltado. Sin embargo los oídos le zumbaban y sentía un gran presión en la zona del pecho, donde aún le sujetaba el cinturón de seguridad. Pero nada en comparación con la quemazón en la musculatura del cuello. Lo giró hacia un lado primeo y luego hacia el otro, con mucho cuidado, verificando que no se había hecho nada, o al menos nada serio. Mientras movió la cabeza, tomó conciencia de lo ocurrido. En su discurrir solo había una variable, Paula.
No había tiempo para nada más. Miró al exterior y observó como afortunadamente ningún otro conductor se había visto implicado. Pisó el embrague y probó a arrancar. El motor calado recobró la vida con un rugido. Sin pensar en nada más, Luis pisó el acelerador a fondo y huyo.  
Al impacto en el cristal le habían salido unos pequeños tentáculos, pero no restaba mucha visibilidad, ya que estaba en la zona del copiloto. También debía llevar cascado un faro, aunque  alumbraba correctamente, de momento.
Luis conducía rápido no llegando a la temeridad, pero casi. La quemazón del cuello latía hincándole en cada nuevo latido agujas incandescentes, intentaba mitigar, masajeándoselo .La angustia le hacía querer meter más aire en sus pulmones por lo que boqueaba igual que un pez fuera del agua. Cada respiración dolía .Tenia las mejillas húmedas y temblaba como un novato en el examen de conducción. Mientras en su mente sólo cabía una palabra, un concepto, Paula. ¿Qué le habían hecho a Paula?

Continuará….








martes, 8 de diciembre de 2015

Golgotha, a new faith for Wasp

Golgothá, transliteración del hebreo, significando: lugar de la Calavera (cráneo)

Jerusalén, año Cero. Lugar de la crucifixión de Cristo, atribuido a la colina rocosa conocida como Calvario de Gordon, a unos 230 m. al nororeste de la Puerta de Damasco...


....2015, EE.UU. Los veteranos del shock-metal WASP vuelven a estar en boca del público metalero tras 6 años de inactividad editorial, no así de los escenarios.

Tomarse un tiempo de reflexión profunda y aclarar ideas sobre el siguiente paso a dar en tu concepción artística, planificarlo todo a la micra, darle forma, visualizarlo y poder proyectarlo en mentes ajenas para involucrarlos en la composición y arreglos de unas canciones, no debería llevar más de seis meses.
Sobretodo, si respetas a un público fiel como es el roquero, si te respetas a tí mismo como artista y si honestamente piensas que meece la pena esperar un pco más y presentar una obra solvente, con fundamento.

Pero si el artista tarda 6 años en editar un nuevo disco, es que la metamorfosis no ha sido nada fácil ni azarosa, todo lo contrario, ha ocurrido una mutación progresiva en el contenido de las canciones. especialmente en las letras.
Lejos quedan ya los años 80's cuando debutaron estos especialistas en no dejar a nadie indiferente con sus shows sangrientos, herejes, con mensajes explícitos en forma de letras y coreografías casi pornográficas, lo que les provocó más de un problema legal ya que el PMRC algo así como un partido político obsesionado con la castidad y cuyo único objetivo era exterminar cualquier expresión cultural relacionada con el Rock. Y si no, que les pregunten a Judas Priest, por ejemplo.
A pesar de todo, pudieron salir adelante al publicar en Europa su primer single, ''animal, fuck like a beast'' y posteriormente publicar en su propio país el primer larga duración en 1984, al que le siguieron, cañonazos de LP's como ''the last command'', ''inside the electric circus'' o el directo ''live in the raw'' de 1987. Insuperables. En sus conciertos hoy día no pueden faltar clásicos de sus primeros tres discos.

Siempre que una banda tiene una prolongación en su edición de discos, llega un momento en que se impone presentar un disco en directo y promocionarlo durante un tiempo, más o menos un año.
Tiempo de sobra para dar un paso adelante, actualizar sonidos, investigar nuevas formas de composición, añadir un plus a lo que se está haciendo.

Así crearon ''the headless children'', un album con otras temáticas, un tanto incomprendido y fuente de muchas polémicas por parte de un buen sector de fans, aunque en directo no decepcionaban y sabían lo que tenían que ofrecer al respetable.

''The Crimson Idol'' nos lleva a 1992 y vuelven a la carga con acierto, presentando ya de forma más decidida un cambio de aires en la temática de las canciones, mostrando un disco maduro, valiente en la exposición acerca de las relaciones paterno-filiales (gracias Horchata) nuevos músicos y nuevas formas de ejecutar las canciones de un inspiradísimo Mr. Lawless. Este disco a nivel personal, me parece lo más adecuado para recibir sin reservas a ''Golgotha''.

Por qué? muy sencillo: para mi gusto, entre ''The Crimson Idol'' y ''Golgotha'' hay nada menos que catorce!! discos editados entre directos, recopilatorios y originales. Todos ellos decentes, pero éste último me parece el más sobresaliente desde lo editado en 1992.


Scream abre el disco justo. Justo en número de canciones y en duración. Directo y al grano, aunque hay dos canciones que pasan de los siete minutos, en especial la última y que dá nombre al disco.
Por fín un disco de WASP donde se aprecia bien la batería, con ese bombo de sonido ''taconero'', seco, preciso, dnado a cada parte de las canciones los acentos, ritmos y tempos que necesitan.

Last Runaway es otro trallazo con buenos ecos a las honrosas primeras épocas, con Blackie rasgando la garganta como en su mejor época. Atrás quedan las escenas donde se hablan de monjas ninfómanas, sangre por que sí y demás vísceras. Todo lo contrario, estamos ante un disco ''introvertido'', donde el autor a vuelto a desnudarse valientemente, algo que no suele ser fácil ni usual y menos en discos de este género.


Shotgun lleva unos riffs muy bien buscados, casi contenidos, con efecto envolvente y un estribillo donde poder disfrutar de esas voces bien coreadas a las que nos podemos sumar. Igual se convierte en himno, quién sabe!

Miss You es mi joya particular junto con la última, Golgotha. Una balada al más puro estilo de ''sleping in the fire'' obra maestra de su primer disco. Me gusta el rasgueo suave de la guitarra al inicio y a Blackie regalándonos su mejor manera de cantar. La canción va tomando forma y fuerza a medida que va avanzando y tiene dos solos de guitarra de los que a mí me gustan: puro feeling, sin florituras, sin carreras, llevando más allá el sentido de la letra y la melodía. Especialmente, el segundo y último es el más inspirado. Doug Blair es un buen guitarrista y Blackie y sabido tener la humildad de dejarle terminar la canción.


Le siguen Fallen Angel y Slaves of the New World Order casi a medio tiempo, especialmente la primera de ellas, bien ambientada y la siguiente, me trae aromas a disco veterano, bien ambientado, donde los instrumentos tienen su momento de relevancia, con ciertos arreglos que me recuerdan (y muy para bien!) a los Maiden. Esa segunda parte es todo un homenaje!

Eyes of my Maker es otra canción a medio tiempo, algo que no les reprocho en absoluto, Los músicos tienen derecho a envejecer como los demás mortales, lo que no lleva implícito en este caso una bajada de calidad ni de intensidad. Repito que es un discazo, casi lo mejor desde 1992.

Hero of the World es el penúltimo trallazo del disco, con una batería de ritmo galopante y asincopada en lagunas partes que le hace mantener la tensión. Mr. Lawless nos vuelve a dejar con toda generosidad sus cuerdas vocales en esta canción y Doug vuelve a poner la guinda al pastel en forma de solo final.



Y cierra el disco Golgotha, la canción que dá nombre a este discazo que se han marcado estos chicos. Un medio tiempo con aderezos de power-ballad, donde las frases de inicio de los estribillos me recuerdan al ''show must go on'' de Queen. jejeje lo mío es grave.


Wasp.
2015
Golgotha, un disco que va un pasito más adelante de otros que se conforman en repetir viejas fórmulas y asegurarse unos royalties cosechados décadas anteriores.
Bandas honestas y que arriesguen todo a una carta como Wasp hay que cuidarlas y disfrutar de ellas por que son escasas en estos tiempos que corren.

Toda una apuesta arriesgada y ganadora por parte de su líder Blackie Lawless y sus huestes. El no va más, el asalto a la banca del rock honesto sin tapujos, música con mensaje para hacerte pensar en tí mismo, en tu ser y en el mundo que te rodea, en cómo lo puedes mejorar con una simple acción desinteresada hacia el prójimo.

Larga vida a W.A.S.P.




Yo seguiré manteniendo humildes mis orejas.

Azul #22




  No hacía demasiado tiempo que los faros del coche decidieron encenderse. La poca luz que quedaba, se precipitaba por el borde del mundo como el líquido derramado, que fluye hasta el borde de una mesa. La oscuridad reivindicaba su puesto y la noche era ya algo inevitable.
El viaje de Luis tocaba a su fin. Los últimos 300 km habían sido los más largos de su vida. Todo lo que había pasado aún lo tenía aterrado. El solo gesto de mirar por el retrovisor, le hacía transpirar, temiendo volver a ver esos ojos azules... ¿Qué locura era esta? ¿ A qué clase de influencia o de poder ,o de lo que fuera estaba enfrentando?. No lo sabía; pero sí sabía lo que él había visto en ese retrovisor; lo que había visto en sus propios ojos. Había visto "El Azul" o mejor dicho; "El Azul" era lo que le había visto a él y solo intentar lo, le hacía temer, perder la razón.
De cualquier forma ya estaba a escasos minutos de su destino. Se acercaba sumiso y temeroso como el esclavo huido al que aguarda el látigo del amo. Deseaba llegar y entregar su "encargo" terminar su parte del trabajo, como le dijo el viejo. Era su única opción. Era la menos mala, porque por fuerte que hubieran sido sus razones para rebelarse, había una mucho más fuerte y que sometía a todas las demás, el Miedo. Así, se había abandonado a su suerte, como en un salto al vacío, El futuro se acababa en el suelo, de nada servía pensar más allá.
El estómago se quejaba recordándole que no había comido y que las huellas del desayuno seguían decorando tanto sus ropas como el habitáculo del coche. En efecto, el último tramo del viaje lo había hecho sin interrupción, salvo una pequeña parada, en un área de descanso , poco más que un recodo junto al arcén , con un par de mesas hechas de troncos y un bidón rebosante de basura. Fue el tiempo justo para orinar al pie de un arbusto. Por su puesto, el área estaba desierta. El plan no era llamar la atención. Ahora comprendía las instrucciones ; llenar el depósito antes de hacer la recogida .
También tomo del maletero, un paquete de lo que parecían chocolatinas o galletas que le proporcionaron en el puerto. Tuvo la tentación de comer una. Afortunadamente lo pensó mejor, sin la menor duda contenían alguna droga que volvió a dormir a los niños.
Cuando las tripas volvieron a sonar. Trago saliva como si con eso pudiera paliar el hambre. En ese momento sintió la necesidad de encender un cigarro. Añoró el olor del tabaco al prender y su caricia templada en la boca. Surgió de repente. Era algo que pensaba olvidado, superado, como la cicatriz, de una herida que no recuerdas haberte hecho; pero que un día, sangra de nuevo. No tenía ese deseo desde hacia una década. Más concretamente desde el 15 de Abril de 2002. Era una fecha que jamás olvidaría. Esa mañana aplastó sobre el suelo del cementerio, el que pensaba sería su último Lucky Strike. Unos pasos más allá, el enfisema pulmonar se marcaba un nuevo triunfo. El ataúd con el cuerpo de su padre recibía sepultura. Alejó ese pensamiento como el que espanta una mosca funesta. Pero la imagen del féretro de su padre, volvía como el insecto, a torturarle una y otra vez.
- ¡Maldita sea! Exclamó al parabrisas, golpeando el salpicadero con rabia, volviendo a maldecir. Los ojos se le humedecieron. Se presionó los lagrimales con el pulgar y el índice, recobrando la compostura. Al menos el ansia de nicotina, había remitido junto con el hambre. Un nuevo estímulo requería su total atención. 500mts. más adelante se encontraba el desvío que llevaba al Buen Pastor. Había llegado.

El acero era aún más brillante si cabía sobre el tono violáceo de la piel. Livia dio un tirón de la cadena, haciendo que las argollas del cilicio se hincaran un poco más en la carne de su muslo izquierdo. Una aguja de dolor le descompuso el rostro en una mueca. La lujuria agarró al grito que salía por su garganta transformándolo en un suspiro hondo y profundo de placer; del que la que la humedad de su entrepierna era testigo y cómplice.
El aviso del interfono la interrumpió. Alguien llamaba desde la verja exterior, debía ser el nuevo envío.
Chasqueó la lengua a modo de protesta levantándose del w.c. que usaba como improvisado potro de tortura. Se alzó unas medias negras y tupidas, caídas a la altura de los tobillos. Cuando las tuvo colocadas, hizo lo mismo con el pantalón de lana también oscuro. La compresión y la holgura suficiente de los perniles del pantalón, ocultaban discretamente su juguete. Se miró en el espejo sobre el lavabo, acomodándose la melena cana y mirando al mismo tiempo, que todo en su aspecto estuviera en orden. Descargó la cisterna del w.c. aunque no lo había usado y salió del aseo.
El interfono volvía a sonar con su pitido impertinente y chillón.
- ¿Si? Contestó la mujer cuando descolgó el auricular.
- Hola .Buenas noches, soy Luis, traigo.... traigo a los niños.
Como respuesta llegó el silencio y el lamento metálico de la verja comenzando a abrirse. Los barrotes de hierro se retiraban dejándole el camino libre.  
Luis volvió a subir al coche y avanzó por el camino que llegaba hasta los pies del porche, donde no hacía tantas fechas había acudido con su familia. ¡Cómo había cambiado todo!
Volvió a recordar a Laura y sus desconfianzas pero sobre todo se acordó de Paula. ¿Cómo estaría? Tenía que volver a casa cuanto antes. Para eso el camino más rápido, era acabar de una maldita vez.
Tiró del freno de mano. Recogió al chico negro del asiento trasero, cargándolo sobre su hombro derecho Debería pesar alrededor de 40 kilos y medir algo más de 1.50 mts además estando profundamente dormido no le fue sencillo hacerse con él. Pero una vez lo consiguió, se dirigió al portón de entrada. Allí ya estaba Livia esperándoles.
- Por favor déjelos en la sala de espera ,ya nos hacemos cargo nosotros.
.La débil luz que iluminaba tanto el hall como el pasillo primero tembló como si fuera la llama de una vela agitada por el viento y luego desapareció por unos instantes ,haciendo que saltaran la de emergencia. Parecía como si hubiera habido una subida de tensión. De cualquier forma Luis conocía el camino y los llevó, dejándolos con la mayor delicadeza posible a cada uno sobre un de los sofás de la habitación. Intentaba no pensar en lo que hacía, en cuál sería el futuro de esos niños, se sentía la peor persona del mundo. Por eso, los acomodaba incluso con cariño, casi igual que cuando acostaba a su hija. No pudo evitar dejar escapar una lágrima. Se comportaba igual que el asesino arrepentido que trata humanamente, con dignidad, a los cadáveres de sus víctimas, como si con eso pudiera expiar su culpa.
Cuando dejó al segundo niño se quedó plantado, mirándolos sin saber qué hacer en la semioscuridad. Percibiendo como el temblor que precede al terror, comenzaba a ascender, desde el suelo, agorándose primero a sus pies, para ir escalando su cuerpo, clavando sus piolets; como un montañero despiadado y cruel que quiere coronarlo con su divisa de locura azul.
La mujer se le acerco, con el golpeo de los tacones acompañándola.
Livia lo miró de arriba abajo con descaro. Observó los lamparones de su camisa y su pantalón que el abrigo desabrochado y la poca luz no ocultaban. Pero no hizo ningún comentario. Solamente lo miraba. Luis se esforzaba por disimular el temblor de sus manos y las metió en los bolsillos, alejándolas de los dos pozos negros que lo examinaban.
- Bien. Es todo por el momento, puede marcharse. Dijo.
Luis no sabía si reír o llorar. ¿¡Ya está!? “Puede marcharse”. ¿Qué quería decir? ¿Qué no pasaba nada? ,¿ Qué su comportamiento no tendría consecuencias? o ¿qué no las iba a haber "por el momento"?.
Le hubiera gustado poder haber visto su cara en ese instante. La misma Livia debió notar algo por que le pregunto:
-¿Hay algo que quiera decir?
-No, no nada. Eesstoy cansado, han sido muchos kilómetros .. Bueno puesss nada, me marcho. Adioss. Contesto Luis intentando no tartamudear a la vez que se disponía a salir de allí lo más rápido que pudiera sin parecer que huía como alma que lleva el diablo.
Livia lo siguió con la mirada desde el porche hasta que vio desaparecer los faros del coche en la espesura del bosque. Se mordió el labio inferior maquillado de carmín. En su mente una fantasía de cuero, látigos y sexo se proyectaba en HD. Eso no era ninguna novedad, pero en esta fantasía, si había un nuevo ingrediente que la hacía lubricar excepcionalmente. Ese nuevo ingrediente, conducía alejándose, en la ya fría y oscura noche.

Continuará...








domingo, 29 de noviembre de 2015

El Bisturí y la Guadaña




Un cirujano es una extraña mezcla entre un mecánico y un carnicero. Al menos él siempre se definía así. El doctor Garrido era un tipo peculiar, constantemente gastaba bromas a todos, ya fueran colegas o pacientes, al final de una u otra forma, siempre terminaba arrancándome una sonrisa, por muy dura que fuera la situación. “Sólo somos monos que aprendimos a hablar” repetía, “no dejemos de hacer mónadas” apostillaba luego.

Pero claro está, no a todo el mundo le gustaba que fuera tan jovial, algunos pacientes se resistían a ponerse en las manos de aquel “payaso con bisturí” como alguna vez le habían llamado. ¿Cómo podía ser un cirujano tan frívolo?, bromear cuando un paciente se encuentra entre la vida y la muerte. No, había pacientes pero sobretodo familiares de pacientes que no querían risas, sólo caras largas y tecnicismos incomprensibles que dieran aún más gravedad a sus cuadros clínicos.

También tenía detractores entre sus compañeros. La medicina y concretamente la cirugía era una materia demasiado sensible, y era necesaria la formalidad, la distancia, no en vano había estado siempre rodeada de un halo hermético donde las personas dejan de ser personas para ser pacientes. Un cirujano lucha contra la enfermedad, contra la muerte, no era una causa baladí.

Pero el doctor Garrido nunca había cejado en su forma de entender la vida y por ende su profesión, además tenía un argumento que era un “torpedo sexualr” en la línea de flotación de sus enemigos como les dijo una sola vez, para acallar las críticas de una vez por todas. Poseía la mejor estadística de casos resueltos, su equipo era el mejor, sus pacientes, sus clientes, como los llamaba cariñosamente siempre quedaban satisfechos.
No tenía nada que ver la falta de profesionalidad o de respeto con la simpática, la risa era terapéutica. Si había algo que detestara la muerte era que la miraran a la cara con una sonrisa en los labios. Él lo sabía bien ...muy bien.

Por eso siempre le gustó más el servicio de urgencias. Allí la lucha era directa, cara a cara, sin paliativos, ni diplomacia, como en un ring. En un rincón su bisturí y en el otro rincón la guadaña. ¡Diingg!  Acababa de sonar la campana, en el quirófano contiguo había un joven que no hacía ni una hora paseaba tranquilamente con su perro cuando un conductor borracho invadió la acera y los atropelló. El chucho murió aplastado y al chico lo habían traído con muy mala pinta. Había que intervenir.
Se miró al espejo sobre el lavamanos y sonriendo bajo la mascarilla guiñó un ojo. En el fondo de la sala de lavado quirúrgico, en un rincón estaba, como siempre, con su saya negra y su cara de hueso de cuencas vacías. El combate iba a comenzar.

El chico estaba tumbado de costado en una postura extraña para ojos profanos pero que era la más indicada para permitir el acceso más cómodo posible a las vísceras dañadas. La anestesia ya estaba haciendo su trabajo y los monitores mostraban unas constantes vitales estables. No había tiempo que perder. El doctor cerró los ojos y buscó en la oscuridad.

-       Es mío, no te entrometas.

Oyó las palabras igual que pudo verla reflejada en el espejo, pero no eran palabras que se pudieran pronunciar, ni eran sonidos que se pudieran oír realmente, era sentir el aliento gélido de la muerte y como cada molécula de tu organismo, cada átomo dejaba poco a poco de girar hasta llegar al cero absoluto, a la no existencia. Debía encontrarlo antes que ella, pero la oscuridad era densa, casi gelatinosa, y su avance era lento igual que el de un buzo inmerso en un mar de sangre a medio coagular.
 
-       Hola. ¿Dónde estás? no puedo verte
-       ¡Vete!
-       He venido a ayudarte. Has tenido un accidente, pero no temas soy tu médico ahora mismo estás en la camilla del quirófano, necesito de tu colaboración.
-       No le escuches, miente, solo te trae dolor, más dolor. Yo soy el reposo, tu guía al más allá, toma mi mano, ven conmigo.

Lo encontró en medio de la oscuridad, miraba al infinito mientras acariciaba el cadáver ensangrentado de su perro que descansaba sobre su regazo.

-       Hola, ¿cómo te llamas chico?
-       Ni siquiera sabe tu nombre, Raúl...y dice que quiere ayudarte.
-       ¡Chico, Raúl, vamos, lucha, aguanta! No cejes, aún tienes mucha vida por delante.
-       No te dejes engañar. La vida que dejas solo es un paso.

Seis horas después el doctor volvió a salir del quirófano. El chaval tenía un pulmón perforado por una las seis costillas rotas además del bazo y un riñón aplastados, se salvaría pero de nada hubiera servido su pericia como cirujano sin las ganas de vivir del chico, o de miedo a morir, nunca sabía cuánto había de cada. La muerte quería llevárselo a toda costa, eran sus preferidos, jóvenes, niños, personas a las que no debería visitar tan pronto, se esforzaba más con ellas. Los ancianos y suicidas eran el menú diario, la monotonía de cualquier trabajo.

En eso consistía su tarea, evitar que se fueran antes de tiempo, jugar al gato y el ratón, al no me pillas, al un dos tres, al escondite inglés. Así había sido desde siempre y así seguiría siendo. Se sacó lo guantes de látex y la mascarilla, siempre era el último del equipo en salir, las enfermeras y los otros médicos se habían despedido de él, felicitándolo por la intervención. Ninguno sospechaba porque cerraba los ojos unos instantes antes de cada operación. Algunos pensaban que rezaba o que era alguna técnica de relajación o una manera de concentrarse, el caso es que nadie se lo preguntó nunca, simplemente lo observaban y lo asumían como parte de cualquier otro protocolo. En realidad nadie sabía la verdad, su verdad. El solo seguía órdenes, conseguía más tiempo, más vida.

No se llamaba Julián Garrido. Ése era uno de los muchos nombres que había usado, y pronto tendría dejar de usar para volver a escoger otro. Sí, cada cierto tiempo debía desaparecer, cambiar de ciudad o incluso de país, no dejaba de ser una paradoja que tuviera que fingir su propia muerte para volver seguir luchando contra ella. Con el paso de los años su reputación cada vez se extendía con más rapidez, el mundo avanzaba, las comunicaciones hacían más veloces, lo que pasaba en una punta del mundo, casi inmediatamente se podía saber en la otra punta y no podía permitir que sus resultados comenzarán a llamar la atención más de lo debido. Su misión no era ésa. Su castigo, su premio era luchar contra ella, contra la muerte, en una batalla inútil e infinita en la que no se podía vencer. Sí, se le podía parar, retrasar, hacerle un regate, hacer que se olvidara al menos por un tiempo de ti. De hecho él llevaba esquivándola más de 1000 años. Había cosas en el universo que el hombre no debía de conocer y él se atrevió. Tuvo que pagar el precio, de hecho lo seguía pagando cada día.

Miró al fondo del vestuario. Había cambiado de disfraz, ahora no llevaba la ajada saya negra ni la rumienta guadaña, ahora se mostraba bajo otro de sus disfraces, era Azrael, el ángel. Estaba sentado en el suelo con las alas negras recogidas y cabizbajas. De pronto alzó la cabeza y le miró con sus ojos vacíos.

-       No me mires así, no es nada personal, solo hago mi trabajo.
-       Algún día tú también vendrás conmigo y ya sabes a donde, entonces no te reirás tanto.
-       Eso ya lo veremos.


.Le sacó la lengua, en un gesto burlón y malicioso. Salió del vestuario sin hacer ruido.
Él era Ben Shafir médico y alquimista, él que no muere.