jueves, 22 de enero de 2015

AZUL#3







 La pantalla del ordenador portátil mostraba un tapiz de tonos de azules salpicado de pequeños iconos y uno con apariencia reloj analógico en la esquina superior derecha marcaba la 9:00 a.m.
Luis estaba delante de él. Llevaba 20 minutos levantado. El tiempo justo de pasar por el baño y prepararse el café que humeaba en la mesa junto al ordenador.
Cuando se levantó del sofá en el que había dormido, comprobó que no había nadie en casa. Su mujer habría ido a llevar a Laura al colegio. Así que como todas las mañanas se dispuso a consultar su correo en busca de alguna respuesta a los mails había mandado solicitando trabajo. La bandeja de entrada estaba llena de basura y publicidad.
Se desperezó estirando los brazos al mismo tiempo que bostezaba. Tenía todo el cuerpo dolorido. Miro a su alrededor y contempló la habitación qu donde descasaba hecha un ovillo, una manta, también de cuadros pero rojos y negros, de ésas de viaje . Unas estanterías baratas de kit, sobrecargadas de libros y archivadores, además de la mesa y la silla con ruedas donde se sentaba. En la pared estaba su título de ingeniero técnico industrial y la orla de su promoción.
e hacía de despacho. Su improvisada cama, un sofá de dos plazas, tapizado en una tela de cuadros verdes y amarillos, con los almohadones arrugados y hundidos;
Junto al sofá en el suelo tirados de cualquier forma yacían sus vaqueros. De uno de los bolsillos sobresalía una tira de papel. Luis sin levantarse se estiró y haciendo equilibrios para no caerse, cogió el papel. Era el ticket de la gasolinera. Lo contempló recordando lo acontecido la pasada noche. Ahora, en la distancia todo le parecía irreal, pero ese ticket no dejaba dudas. Había ocurrido.
En el encabezamiento estaban las letras SS esta vez en negro y más abajo venían los detalles del cargo. Cerraba el "Muchas Gracias y Buen viaje" de otros tickets. Lo que lo hacía especial era el inquietante "D. Luis”. Descubrió que bajo el encabezamiento había una dirección web, [www.ss@group.com]. Sintió curiosidad y lo tecleó.
Apareció una página corporativa con el consabido logo, amenizada por el tema del hilo musical de la estación de servicio. En la página también se reproducía un vídeo a modo de introducción. Mostraba un páramo yermo bajo un cielo plomizo en el descargaban una lluvia torrencial. A medida que el vídeo avanzaba; el temporal amainaba, se despejaba el cielo dejando ver el sol a la par que el paramo reverdecía. Al final aparecía un arcoiris en un cielo sobre un campo florido y en el horizonte podían contemplarse dos grandes ss. Doradas. Un verdadero pastelito.
Cuando la introducción término apareció un botón cuadrado rojo con la leyenda: SI TIENES UN DESEO, PULSA AQUÍ. Luis no lo pensó y colocando el puntero sobre él, clicó.
 En la pantalla con el arcoiris apareció un cuadro de texto:
Bienvenido nuevamente Don Luis, es un placer para nosotros contar con su interés en nuestros servicios. Esperamos poder estar a la altura de sus expectativas.
Ya sabemos que usted se estará haciendo muchas preguntas en estos mismos momentos. No se preocupe todas serán repondrías en breve. Pronto tendrá noticias nuestras y recuerde nuestro único fin es cumplir sus deseos.
Reciba un cordial saludo y hasta pronto. SS.

Releyó el texto. No salía de su asombro. Repentinamente todo se fundió en negro. El portátil se estaba reiniciando, a los pocos segundos en la pantalla volvió a parecer su escritorio azul con los iconos. Tecleó nuevamente la dirección de la pagina web y su navegador le devolvió " The page is not found or not esixt". No era posible, insistió varias veces obteniendo el mismo resultado. Decidió mirar en el historial de exploración pero este no registraba ninguna página visitada en el día de hoy. Se había borrado.
El tráfico era fluido. Los automóviles circulaban por las carreteras como si fueran las arterias y las venas de un órgano. Llevando y trayendo nutrientes o productos de desecho. Vista desde el cielo, la ciudad parecía un ente con vida propia.
El Volkswagen gris era otra partícula más en ese torrente.
Necesitaba una explicación. Así que se dirigió hacia la gasolinera. No sabía muy bien que haría cuando llegara. Entraría y le preguntaría: -Eh ¿Cómo sabéis mi nombre? Sólo con imaginarlo le sonaba estúpido.
Pero era mejor que quedarse sin hacer nada, ¿no? La señal colgaba suspendida de su brazo metálico, informando de que estaba llegando al kilómetro setenta y que un poco más adelante estaba la salida que le llevaría a la vía de servicio y ésta a su destino.
La gasolinera apareció en el horizonte. Allí estaba pequeña y roja. Creciendo paulatinamente a la par que se acercaba.
Accionó el intermitente derecho y redujo la velocidad progresivamente hasta dejar el coche casi al paso de una persona. Se encontraba al pie del panel de precios.
Algo no cuadraba, era rojo y de plástico; correcto. Pero el logo era el de una petrolera nacional, uno blanco en forma de cruz. La doble S amarilla había desaparecido; de los surtidores, de los luminosos de...todos los sitios. Sin preocuparse en el lugar donde dejaba el coche, se bajó mirando como si fuera un viajero al que hubieran tele transportado del pasado. Corrió hacia la tienda haciendo caso omiso de las miradas de los clientes que repostaban mezcla de curiosidad y temor. Entró a grandes zancadas en la tienda y se freno en seco. Allí estaba el dependiente rubio y guapo. Se acerco a él, esquivando a varias personas, que hacían cola para pagar. Los clientes protestaron pero al ver los ojos de Luis optaron por el silencio.
- ¿Qué clase de juego es este? Le espetó.
- No sé a qué se refiere señor, pero en cuanto termine de atender a estas personas estaré con usted.
Contestó el cajero en un tono formal y carente de cualquier emoción. Tampoco daba ningún signo de haberlo reconocido.
Se quedó en estupefacto. Y ahora .Qué? Comprendió que lo único que lograría era quedar en evidencia. En ese momento sonó su móvil y se apartó de la caja. Era Eva. Saliendo en dirección al coche y sin importarle las señales que prohibían usar el teléfono, descolgó.
-Hola .Luis, no tenías por qué haber hecho esto, pero, gracias de todas formas por las rosas.
Le dijo su mujer con un tono de reproche pero dejando entrever que en realidad no lo era.
¿Rosas?, ¿qué rosas? Pensó Luis?. Su mujer siguió hablando.
- ¿Dónde estas? Bueno tú sabrás, llámame si vas venir a comer.
Luis sin saber muy bien que decir contestó.
-Cosas de trabajo, sí, iré a comer, de hecho ya voy para allá, hasta ahora. Y colgó justo cuando llegaba al coche aún más confundido que antes.
Cuando entró en su casa, el perfume de las rosas le saludó. Las flores estaban en un jarrón sobre la mesa del salón. Eva asomó la cabeza por la puerta de la cocina, para cerciorarse que era su marido el que entraba. El saludo que se cruzaron fue un hola neutro. Los efectos de la discusión aunque atenuados todavía se dejaban notar .La mujer volvió a desaparecer. Luis se acercó a la mesa donde estaba el jarrón con las rosas. Lo primero que llamó su atención fue precisamente, el jarrón, de cristal tallado, que no recordaba haber visto desde hacía mucho tiempo. De hecho creía que ya no existía, pues fue un regalo de bodas que nunca supo encontrar su sitio en su casa y esos regalos todos sabemos que tienen un alto riesgo de incidencias. Después su atención se dirigió al ramo. Era espectacular, de eso no cabía duda, no menos de 24 rosas rojas de terciopelo de tallo largo y recto. Las flores tenían una cinta dorada que las rodeaban y de ella colgaba un sobrecito donde no podía ir otra cosa que una nota. La cogió entre sus dedos .Era blanco y de un papel grueso de calidad. Las SS estaban troqueladas en la superficie satinada, nada más. En su interior la tarjeta con unas escuetas palabras; "perdóname, te quiero" en letras de imprenta negras. De la cocina salio la voz de su esposa.
-¿Que estas haciendo? .
- Nada. Contestó dejando la nota otra vez en su sitio sobresaltado como un niño al que descubren haciendo algo prohibido y soltó el sobre que se balanceó al final de la cinta de la misma forma que lo haría el cuerpo de un ahorcado.
Entró en la cocina y se acercó a Eva por la espalda, con la intención de besadla en la mejilla. Ella primero se encogió reacia pero al sentir las manos de su marido entorno a su cintura se relajó aceptando la caricia. Se giró y le devolvió el beso esta vez en los labios.
- Yo también te pido perdón. A lo mejor me pase un poco. Y apostilló - Lo siento.
. El beso le reconfortó. Pero a la vez le hizo sentirse mal consigo mismo . En ese beso no hubo amor . No fue sincero, sólo fue una reacción lógica. Era lo que se esperaba de un marido arrepentido que regala flores.
Continuará...

miércoles, 21 de enero de 2015

Storytime o la fábula de la memoria.





  se puede cantar a los sueños? qué nos lleva a perseguirlos, aún sabiendo que han sido producto del trabajo de depuración de nuestro cerebro mientras dormíamos?



se puede componer soñamdo?

y al despertar?



qué extraño (y no menos maravilloso por eso) mecanismo es el que activa nuestra mente para que se enamoren unas neuronas y den lugar con sus descargas eléctricas a que mentalmente ''oigamos'' música en nuestra cabeza?



qué sensaciones, sentimientos o inquietudes se pueden representar con la música?



es el alzheimer la peor enfermedad del mundo moderno? es la peor muerte que puede desear concretamente un músico?



este video es una muestra de que todas estas preguntas se pueden llevar a cabo.



Tuomas Holopainen, el teclista, es el genio compositor de todo lo que se oye ahí. tiene la virtud de plasmar en un pentagrama todas las dudas e inquietudes que pasan por su cabeza.

preguntas que me hago yo o te haces tú como cualquiera de los mortales que son conscientes de lo efímero de estos días que pasamos en este minúsculo planeta, tan grande como un grano de arroz en medio de un bosque. 

y tan perdido.

domingo, 18 de enero de 2015

Más de lo que se podía esperar. Miles de gracias!

Más de diez mil visitas a este blog en siete meses de vida provoca muchas cosas. La primera, ilusión, alegría de ver cómo crece el bebé, se desarrolla y va siendo aceptado en el patio de su cole.

Tambien provoca emoción y orgullo para estos dos humildes creadores, como somos +salvador aguilera y +Horchata Caliente

El que suscribe, os cuenta momentos de su vida y su relación con la música, comentarios de discos, anécdotas de tocar en bandas y relatos musicales, aderezados siempre con sus correspondiente video musical y +Horchata Caliente con esos relatos escalofriantes e inquietantes. Una mente creativa, inquieta y muy traviesa, especialista en dejarte el relato en lo mejor para la próxima entrega...todo un maestro.






Más de diez mil visitas tambien provocan respeto al lector. Sí, a tí que estás leyendo esto. Te mereces respeto por el hecho de que te has preocupado de buscarnos y has reservado una parte de tiempo de tu vida para leernos.

Esperamos no defraudarte, este bebé que no tiene ni un año está empezando a andar, tiene que crecer y como niño que será, se equivocará y hará travesuras, pero nunca con mala intención.

Al bebé le gusta comer, es glotón y le gustan las chuches, los pasteles.

De este campo se ocupa Coquito, que con sus recetas no sólo está cebando al bebé, tambien a nosotros nos aparta de la fina línea estilística que nos distingue en la playa. Hace de comer demasiado bien como para pensar en cuidar la línea.
La gula es un pecado, pero.benial. Un pecadillo menor, muy perdonable.

Más de diez mil visitas provocan emociones muy fuertes, pero ahora tan sólo es el momento de dar gracias.

Gracias a quien nos acompañó al inicio, pero decidió seguir otro camino.

Gracias a la vida, la que nos va enriqueciendo y nos deja plasmar aquí nuestras vivencias, nuestras inquietudes culturales, nuestra forma de ver las cosas, de sentirlas y compartirlas y sobretodo, gracias a esas más de Diez Mil Visitas en siete meses.

Gracias a tí !!


AZUL#2




 




Unas semanas antes:

Ya estaba avanzado el mes de noviembre y el aire comenzaba a oler a Navidad. Los comerciantes lo sabían y no perdían la ocasión adornando anticipadamente sus negocios (cada año antes). Campanas doradas con enormes lazos rojos, abetos de plástico verde y portales de belén llenaban los escaparates y fachadas. También en las calles más céntricas de la ciudad las autoridades comenzaban a colgar guirnaldas luminosas deseando felices fiestas y un prospero año nuevo.
La crisis económica que azotaba el país parecía menos importante es estas fechas y toda la sociedad parecía huir hacia delante. Envolviéndolo todo en papel de regalo y bombillas de colores como si así fuera a desaparecer por sí misma. Pero de cualquier forma la época de vacas flacas seguía su curso ralentizando el consumo engullendo empresas y aumentando el número de desempleados.
A la familia de Luis también les alcanzó con unos de sus tentáculos en forma de regularización de empleo. Tras diez años en plantilla de Componentes y Materiales s.a. se veía en la calle con buenas palabras y una indemnización ridícula posibilitada por las últimas reformas del gobierno.
Siempre es mala fecha para un despido, pero la cercanía de la Navidad lo hacía si cabe, un poco más cruel. Tenían algo ahorrado y con la prestación por desempleo el horizonte a corto plazo no parecía desesperado. Eva, primero se indignó e incluso culpó a su marido de que había bajado el rendimiento, dando a entender que casi se lo había buscado. Pero tras el acaloramiento entró en razón y lo apoyó. Comenzando a auto-inculparse de la situación familiar ya que ella había dejado su puesto de secretaria de dirección cuando nació Paula.
Pulsó el botón de arranque con el dedo índice y los 200 caballos del motor alemán resucitaron de su letargo con un suave ronroneo.
El sedan salió del garaje como una flecha plateada que quisiera clavarse en el corazón de la noche. Los neumáticos dejaron un su impronta de goma quemada en el asfalto y una nube de humo azulado le despidió. Había vuelto a discutir con Eva, en la cabeza aun resonaban los gritos, los insultos... pero lo que más se oía era el llanto de Paula. No podía soportarlo, se le introducían como la sal en una herida. No recordaba cómo comenzó la discusión esta vez, pero daba igual, la situación se estaba haciendo insostenible. Desde que perdió el empleo todo había ido de mal en peor. La convivencia con Eva se hacía difícil, en parte porque pasaban demasiado tiempo juntos, cosa que con anterior ritmo de vida se restringía a alguna hora por la noche y algún fin de semana. Y en parte por su mal carácter que no era otra cosa que el producto del tedio y la pérdida de autoestima. Su mujer, también aportaba,  con sus dosis de reproches y lamentos que poco a poco le iban desquiciando.

Las farolas con su luz de vapor de mercurio daban a la ciudad los tonos sepia de las fotos antiguas. Las calles residenciales desiertas dejaron paso a las grandes avenidas y estas a las autopistas de circunvalación. El Volkswagen se introducía más y más en la oscuridad a medida que se alejaba. Por sus diez altavoces salía el heavy metal, potente y afilado que le animaba a apretar aún más el acelerador. En el velocímetro digital, los 120 km/h legales hacía treinta cifras que se habían rebasado .Los escasos automóviles que adelantaba eran como luciérnagas en sus retrovisores en pocos segundos.
Esto le relajaba. Siempre le había gustado conducir y la velocidad le hacía que su mente tuviera que concentrase sólo en la carretera olvidado lo demás.
La señal azul reflectante informaba de que se encontraba a setenta kilómetros de su casa. En la luz rojiza del tablero de mandos, el testigo de combustible comenzó a parpadear combinado con un pitido. En el estéreo sonaba "Highway to Hell"de AC/DC. Tenía la gasolina justa para volver. ¿Volver? .La idea se empezaba a abrirse camino como un gusano, que va royendo la carne de una manzana, tras 45 minutos de vagar por la autopista. Al mismo tiempo, que sopesaba la idea de volver a casa, decidió que primero buscaría una estación de servicio para repostar y aclarar un poco la mente.
De imprevisto el reproductor de Cd saltó y se conectó la radio. Sólo se escuchaba el ruido de interferencia. Luis se sorprendió, con gesto de disgusto accionó los mandos del volante que harían que volviera a sonar la música. El rock volvió, pero tras unos segundos la estática de nuevo fue la dueña del equipo de audio.
Esta vez, el bajo la estática se escuchaba algo más, como una emisora que no tuviera la suficiente potencia de emisión. Accionó los mandos de nuevo para volver a reproducir el disco compacto, y comprobó que no podía. No había manera de pasar al modo CD. Finalmente pulsó la tecla power en la consola del salpicadero. Se hizo el silencio dentro del coche, lo único que se podía oír era el murmullo del viento y el trabajo del motor a 2500 revoluciones por minuto, bajo el aislamiento de una carrocería de más de 40.000 €.
La radio se pasó en funcionamiento a máximo volumen . El sobresalto hizo dar a Luis un respingo en su asiento anatómico de piel negra y por un milisegundo perdió el control del coche. Asió el volante con firmeza recuperando la trayectoria y con el dedo corazón de la mano derecha empujo el mando bajando el volumen diez puntos . Ahora la estática había desaparecido y una voz de un locutor dicharachera dijo:
- Buenas noches y bienvenidos a todos los oyentes de nuestra frecuencia. Hoy dedicamos nuestra emisión especial todos los noctámbulos, a aquellos que en esta noche no tienen un rumbo fijo, aquellos que no tienen claro su destino y muy especialmente a Luis ese conductor del Volkswagen gris plata.
No podía ser. Aquel locutor le dedicaba un programa de radio, que por cierto se había introducido en su radio de una forma completamente anómala. Debía de haber oído mal . Era tarde y estaba más cansado de lo quería reconocer. Tenía que descansar. El subconsciente le habría jugado una mala pasada. Por la radio ahora se oía la melodía de una canción que le resultaba familiar pero que no lograba identificar. En el selector estaba resaltado la opción radio. Lo pasó a CD y la voz de Bob Scott surgió de nuevo cantando; Autopista hacia el infierno.

En el margen derecho de la carretera se veían a lo lejos las luces de una estación de servicio. Tomó el carril de salida y se dirigió hacia ella.
Era una estación de servicio pequeña con un logo que no pertenecía a ninguna petrolera, por lo menos que él conociera . El color corporativo era rojo y dos SS mayúsculas amarillas decoraban el display de precios y los demás elementos.
Estaba vacía. Eligió de las dos líneas de surtidores la más a la izquierda, para que su depósito quedara justo enfrente del surtidor. Odiaba tener que rodear el coche con la manguera . A estas horas de la noche, lo lógico es que estuviera en prepago; así que apagó el motor y se bajó en dirección a la tienda. Sorprendente estaba abierta y no sería atendido a través de un cristal y un interfono, eso también lo odiaba. Se estaba haciendo mayor.
Las puertas se desplazaron lateralmente abriéndole paso . Cuando entró, la melodía del hilo musical vino a recibirlo ,era la misma que ponían en la radio. Ya lo tenía era, era la música de la película "El Mago de Oz"."Somewhere Over The Rainbonw ".
También vino a recibirlo un par o tres grados de temperatura menos que el exterior donde no estaban a más de 2°. Era extraño que hiciera más frio que en la calle pero lo que más le extrañó era que el empleado, que estaba al fondo, sólo llevara una camisa roja. Una de esas camisas de uniforme, con el logo correspondiente bordado en el pecho y una chapita donde pone el nombre del dependiente con la coletilla " a su servicio". Había dos hileras de estanterías con los productos típicos , desde aceite de automoción a revistas y chicles. También había un refrigerador con bebidas y un horno de pan precocinado. Junto al mostrador una máquina de café de monedas y una pequeña barra con un par de banquetas que hacían las veces de cafetería. Todo estaba ordenado y limpio.
Avanzó unos pasos dentro del local y el empleado saludó haciéndole un gesto con la mano y sonriéndole . Luis se acercó a la caja llevándose la mano a la cartera, en el bolsillo trasero de sus Levi's 501 diciendo:
-Buenas noches, por favor me pone 50 € de gas-oil.
El empleado un hombre de unos 30 años, bien parecido, rubio, alto con ojos azules. Le contestó:
-Buenas noches, por supuesto . Y continuó. - No desea nada más el señor.
Luis poniendo los 50,00€ sobre el mostrador de vinilo rojo sentenció:
- No, muchas gracias.
Se dispuso a coger el ticket que le entregaba el empleado cuando este le volvió a preguntar en un tono sugerente , mientras le miraba directamente a los ojos con una mirada firme y penetrante.
-¿ De verdad que no desea Nada Más?. Seguro que tendremos algo que le pueda interesar.
Luis tiró del ticket contestando un no seco y encaminándose a la salida. No le gusto nada el tono de la segunda pregunta . Parecía como si le hubiera ofrecido todo, menos algo que se pudiera encontrar en una gasolinera. Claro que deseaba algo más. Todo el mundo deseaba cosas, por ejemplo no haber discutido con su mujer y no estar en el paro; ¡Qué tontería!.
Descolgó la manguera y la metió en el depósito. La voz impersonal de la máquina le informó de iba repostar gas-oil. La bomba comenzó a vomitar el combustible viscoso, mientras que descontaba el crédito. Cuando se detuvo la voz informatizada volvió a hablar.
- Gracias y buen viaje D. Luis y recuerde si desea "algo; sólo tiene que decirlo".
Ya se estaban pasando con lo del deseo .
Colgó la manguera y se montó en el coche . Era lo último, tomaban los datos de la tarjeta de pago para personalizar la despedida ,donde íbamos a llegar.
Realizó un cambio de sentido para emprender la marcha a casa . Miró por el retrovisor viendo como la gasolinera se alejaba más y más . Se sonrió al recordar lo de "Don Luis".
La frente se le perló de sudor frio. Había pagado en efectivo. ¿Cómo podían haber sabido su nombre?....
Continuará..