miércoles, 2 de enero de 2019

Despertar




Ya había perdido la sensibilidad desde la punta de los dedos hasta el codo del brazo izquierdo, cuando su cuerpo dormido le ordenó cambiar de postura. La extremidad entumecida comenzó a revivir con la sensación de millones de alfileres clavándose. Así y todo, aquello no fue suficiente para despertarlo. Quedó panza arriba, con los brazos en cruz, ocupando toda la cama, roncando de una forma extraña por la mucosidad que le atoraba la laringe, y más parecían barritidos de un elefante agonizante, que los ronquidos de un ser humano.

En el reloj de la mesilla de noche, los dígitos ocho segmentos parpadeaban en verde fosforito, las 05:37 am. La tormenta había provocado un corte en el servicio eléctrico, y al volver la corriente había dejado aquella hora tintineando en la pantalla del reloj digital. Ya no llovía.

Los ronquidos se dejaron de escuchar, como si alguien hubiera introducido un palo en la maquinaria de aquel fuelle de carne estruendoso, como si ahora el corte de electricidad afectará al cuerpo de aquel hombre y no al despertador. El cuerpo seguía inmóvil, de cubito supino con los ojos cerrados y la boca abierta. En la pantalla del reloj las 05:37 parpadearon una vez, dos, tres… diez.

El piloto automático saltó. Se estaba asfixiando, necesitaba exhalar o los niveles de CO2 en sangre serían peligrosamente altos. El aire cargado de veneno salió por la boca en un vómito sonoro, un crujido de madera, el grito de un árbol centenario que es talado, mas un estertor que un ronquido.

Despertó de súbito, realizó un abdominal digno de un torso musculado que no tenía, para quedar sentado sobre el colchón. Estaba desorientado. Los globos oculares habían crecido dos tallas más que las cuencas y le amenazaban con salirse, ardían. La boca muy abierta, en una mueca a medio camino entre la sorpresa y el terror.

Estaba oscuro, lo único que se veía era los números centelleando en la pantalla del despertador 05:37. Su fulgor verde le quemó en el fondo de las retinas. Cerró los ojos de forma instintiva, aquella luz era molesta, casi dolorosa. Después de refregárselos con los puños volvió a abrir los ojos. Los dígitos habían dejado una mancha de luz, como cuando un insecto se estampa contra el parabrisas de un coche, e igual, por mucho que se pasara el limpia o este caso, se refregaba los ojos no desaparecía. Mirara donde mirara, veía la mancha de luz, una especie de faldón publicitario que estuviera le patrocinando la capacidad de ver. Resignado y con al esperanza de desapareciera por sí misma en unos minutos se levantó de la cama.

Vivía solo, da igual que aquella noche fuera Nochebuena, Papá Noel no le dejaría nada bajo el árbol, porque no había ningún árbol, ni ninguna chimenea, ni ningún Papá Noel, la vida era así dura, así de mentirosa, así de falsa.

Las suelas de las zapatillas se arrastraban por el linóleo imitación parquet. No encendió ninguna luz, los números del despertador todavía bailoteaban como la follisca de una hoguera mal apagada dentro de sus ojos, encender la luz sería atizarla, además era su casa, no necesitaba encender ninguna maldita luz para encontrar el camino del cuarto de baño. Echaría una meada bebería algo de agua y se volvería a la cama.

No había cenado nada especial, unas lonchas de jamón York enrolladas sobre sí mismas untadas de mayonesa, acompañadas de tres rebanadas de pan de molde y un par de cucharadas de “Nocilla” de marca blanca directamente del bote como postre. Luego se fumó unos Luckies y bebió un par de whiskies con hielo mientras miraba una porno “navideña” en el canal de pago, donde salía un negro de tres piernas con un gorrito rojo con borla blanca y calcetas a rayas también rojas y blancas, que se dedicaba a deshollinar todas las “chimeneas” de cualquiera cosa que se moviera.

“Feliz Falsedad” Las Navidades eran solo paparruchas. Mientras medio mundo se moría de hambre, el otro medio vomitaba el festín que acababan de engullir. No recordaba cómo había llegado a la cama. El caso es que él no se había despertado en ella por haber comido nada fuera de lo común, simplemente sufría de apnea nocturna; su sueño era tan pesado que el cuerpo se olvidaba de respirar, solo eso Es verdad que fumaba y bebía demasiado y que a su figura le sobraban 15 kilos pero él no era un imbécil de esos que sufrían indigestión por culpa del espíritu navideño.

Levantó la tapa del WC, se bajó los calzoncillos y se sentó. Una cosa era encontrar el camino y otra cosa no mearse fuera con la luz apagada. El orín comenzó a salir. Olía fuerte, igual que una sopa rancia recién hervida y escocía, escocía mucho. Un dolor agudo le recorrió el cuerpo desde la parte más baja de la espalda hasta los testículos, que se encogieron intentando refugiarse del dolor Era como si tuviera la vejiga llena de trozos de cristales diminutos y ahora los estuviera expulsando uno a uno, lenta y dolorosamente. Sentía la orina era más espesa de lo habitual, como golpeaba la porcelana, como le quemaba durante todo el trayecto desde la uretra hasta que caía al WC. ¡Mierda! masculló, debía beber más. Sí, era eso, había días que no probaba el agua como tal. La orina dejó de salir pero el escozor no. Se levantó y se volvió a colocar los calzoncillos con cuidado como si aquello pudiera minimizar el dolor.

Volvió a tomar el camino del dormitorio cuando un resplandor llamó su atención. Una luz roja intermitente parpadeaba en el salón, unos pocos pasos más allá. La luz debía de colarse por el ventanal del balcón, como si su vecino hubiera instalado un luminoso de neón rojo, como si su vecino de enfrente hubiera montado un puticlub. La curiosidad le pudo al sueño.

“¿Qué mierda significa esto?” Se preguntó. En el salón había un árbol de navidad del tamaño de una secuoya adornado con un millón de luces rojas tintineantes. Su salón se había transformado en la puta casa de Papá Noel. Aún sin salir de su asombro se acercó preguntándose qué hacía ese árbol allí, porque evidentemente él no lo había puesto. Debajo del abeto había un regalo, un paquete no más grande que una caja de zapatos. Pudo verla perfectamente pues a pesar de que las luces seguían encendidas el resplandor de las bombillas rojas le permitió localizarlo. Se agachó y lo recogió todavía conmocionado por aquel sinsentido en que se había transformado la noche. El paquete tenía un lazo rematado con una moña y estaba envuelto en un papel acharolado de un tono más intenso pero también rojo, aunque que no podía jurarlo porque la oscuridad sumada a los destellos de las luces hacía que todo pareciera o negro o rojo. Desgarró el papel casi con curiosidad, dentro de él sin duda debía de encontrarse la explicación a todo aquello. Retiró la tapa de cartón y contempló su contenido. La caja estaba repleta de algodones y en medio de ellos había una masa oscura y viscosa que latía como un corazón, pero no era un corazón tenía más la apariencia de un trozo de hígado que hubieran extraído usado una cucharilla de postre en vez de un bisturí. Horrorizado dejó caer el paquete al tiempo que un dolor agudo le acuchilló inmisericorde el costado derecho. Cerró los ojos y se dobló por la mitad, intentó llevarse las manos a la zona donde las cuchilladas de dolor se sucedían, pero unas ligaduras invisibles se lo impedían. Cayó de rodillas y una arcada de vómito le ahogó el grito.

Abrió los ojos, de par en par más como si fuera alguna clase de grito, ya que no podía gritar algo en la garganta le obligaba a tener la boca abierta. Una luz blanca le traspasó las pupilas quemándole las retinas .

El dolor se había extendido le dolía todo, un todo absoluto y no metafórico, un dolor absoluto, pleno que se extendía a cada célula de su organismo.

En sus retinas abrasadas se formaron las siluetas oscuras de unas criaturas que se inclinaban sobre él, solo podía ver sus ojos. Le observaban con curiosidad. Entonces una de las criaturas habló, sus palabras llegaron amortiguadas como si hablara detrás de una gruesa cortina de fieltro, había urgencia en el tono de su voz. “Está despertando, 25 mililitros de propofol, ya!”


FIN
 
 
 

sábado, 24 de noviembre de 2018

ABISMO







Esa distancia entre el dolor ajeno y el dolor propio Ese espacio, es ese hueco insalvable que te aísla, que rompe los delgados puentes de la empatía, de la solidaridad y del “te comprendo” y del “cuenta conmigo” y del “estaré a tu lado”. Es la nada insondable de la soledad absoluta. Las palabras de ánimo son ecos lejanos, las caricias, los abrazos, recuerdos. El dolor es íntimo e intransferible y es ahora cuando te sientes ridículo, recordando aquellas veces en que tú estuviste al otro lado del abismo. Cuando creíste que fuiste útil, que ayudaste al doliente con tus palabras, con el consuelo de tus lágrimas cómplices. No, de nada sirve la empatía, el dolor es egoísta, es un amante celoso y dedicado, que no se presta a compartirte con nadie. Eres solo de él y solo para él necesita todo tu sufrimiento, exige todo tu padecer.

Aprieta los dientes y guárdalo para ti, no lo muestres, pues solo conseguirás que los demás se contaminen de tu pena y casi les obligarás a que intenten ayudarte, cuando de sobras sabes que no podrás. Es pedir refuerzos, carne de cañón, más cadáveres, más sacrificios para un dios inmisericorde, que no atiende súplicas, ni concede gracias. Sufre, calla, hasta que el dolor un día se marche, hasta que un día el dolor aburrido se vaya, hasta que se olvide de ti. 
 
 
 
 
 

viernes, 9 de noviembre de 2018

Te recuerdo, Greta. Te he visto con otras caras.


Salty Dog era una banda americana formada en 1986 y no fue hasta 1990 que editaron su primer y único disco, titulado ''every dog has its day'' o lo que viene siendo '' a cada cerdo le llega su San Martín''

Familiar, reconocible, comparable a... esto me sonaba mucho, lo asociaba con algo mucho más anterior. Ojo, que no estoy hablando de plagio, si no de similitudes..


Por supuestísimo, estaba pensando en los Zeppelin, para mí la mejor banda de Rock de todos los tiempos. Habidos y por haber.


Kingdom Come es otra banda de mediados de los 80's que practican el copy-rock, especialmente en este su primer disco.
La primera escucha la recuerdo entre sorprendido y avergonzado, no podía creer lo que estaba llegando hasta mis orejas, era como ver por primera vez a alguien a quien creías muerto. Una pesadilla agradable.


Vuelta a Led Zeppelin. Una banda de copy-rock, vale. Es entendible, pero ya dos me estaba pareciendo preocupante, aunque visto con el prisma del tiempo transcurrido y teniendo en cuenta la mística de los Zeppelin, su legado y el vacío que dejaron en 1980, no es de extrañar que entre el noble deseo del músico que se quiere parecer a sus ídolos y el sentido de la oportunidad insaciable de las discográficas, cada década salgan bandas imitando, reivindicando o queriendo actualizar el estilo Led Zeppelin.

- Great White
- Blue Murder
- Whitesnake
- Wolfmother

Por citar algunas bandas con ecos zeppelinianos, aunque hay muchas más. Tan fácil de comprobar como poner estos nombres en you-tube, escuchar y sacar conclusiones.
Ya se sabe que las comparaciones son odiosas, yo mismo me inicié en la armonía para guitarra desmenuzando los estilos que aglutinaba Jimmy Page. Mezclaba como nadie el blues, la música hindú, árabe y celta y sumado a todo eso, tenía un arsenal de riffs de lo más heavy. El batería tenía una pegada descomunal, dominaba cualquier tipo de compás y se hacía escuchar. El bajista, toca el piano, otros instrumentos de cuerda y además es arreglista y compositor para la catedral de su ciudad y por último el cantante de la voz ingrávida, como llegaron a llamarle en los 70's. todo un sex-symbol de la época que podía cantar una canción de Willie Dixon como si fuera Janis Joplin. Y sin despeinarse.

De vez en cuando les da por juntarse y hacen maravillas orquestales de sus propias canciones:


El espejo retrovisor de los coches lo inventó una mujer, Led Zeppelin tomaron prestado el Blues y la música étnica oriental y casi cincuenta años después, llegan Greta Van Fleet, una banda con una edad media de veinte añitos con un disco de estilo...
Que practican un Rock...
Y el cantante se asemeja al estilo vocal de...

Pero ellos no tienen culpa de nada, habría que mirar a las oficinas, ahí es donde se relamen y sueñan con el ''clin, clin, caja'' cuando se encuentran con una banda de chavales llenos de ilusión por tocar sus canciones y comerse el mundo... como todas las demás.


Increíble, verdad? jejeje yo no digo ná, que después tó se sabe.






Mantengo humildes mis orejas.

viernes, 5 de octubre de 2018

Anne & Mary

- Año de Nuestro Señor de 1788




El viento se cebaba contra el navío como queriendo convertirlo en astillas a modo de sacrifico en honor a la mar, de la que nunca se podía separar, tan sólo acariciar la superficie y mezclarse en las gotas de agua que salpicaban de las olas, aunque su abrazo favorito ocurría siempre contra las rocas de los acantilados. El final perfecto e implacable entre los dos fenómenos atmosféricos y cuyo maestro de ceremonias eran esas lastras cortantes como cuchillas escondidas bajo la superficie a pocos metros de la orilla. Un final poco halagüeño para cualquier embarcación que no conociera la zona.
Sus fondos marinos guardaban un cementerio de pecios, testigos mudos de la atracción de todo tipo de gentes de la mar, piratas y corsarios que durante décadas se sentían atraídos por los cantos de sirena de aquella zona de apariencia desértica, pero rica en minerales preciosos, agua dulce y una gran variedad de frutos, hortalizas, animales y gente humilde que vivía del trabajo de sus manos y no sabían defenderse.

El palo mayor había desaparecido de un cañonazo cuarenta millas atrás y el fondo de la embarcación se había abierto al chocar contra una de las rocas cual estilete entrando bajo la axila hasta el corazón. Un golpe mortal. El agua inundaba toda la zona de carga y saltaba sobre la cubierta. Más que un navío parecía una balsa a punto de servir de alimento para las olas enfurecidas. La carena era un colador y era cuestión de minutos que la mar diera el abrazo final a la embarcación. La popa se encontraba al nivel del mar y hasta allí habían ido quedando amontonados los cuerpos inertes de la tripulación, los siete marineros originales del navío, un cocinero argelino y el contramaestre George, un bucanero que había desertado en las Bahamas y era tío de Anne, la cual había recibido un golpe en la cabeza y el costado izquierdo al caerle encima el palo del foque a causa de un disparo de cañón del buque de la Armada española que llevaba tras ellos más de una semana.

Mary no estaba mucho mejor, tres días de huída sabiendo que si les atrapan no van a tener un juicio, si no que serían todos ejecutados por piratería, dejan agotado a cualquiera, pero el instinto de supervivencia le hacía sacar esas fuerzas de ninguna parte para poder seguir luchando por su vida. Con los ropajes hechos jirones, descalza y famélica, pudo llegar hasta el mascarón donde había caído semi inconsciente su amiga Anne, la que una vez le salvó la vida cuando su padre la quiso vender a un traficante de esclavos en Cuba y ésta pudo convencer a el por entonces su marido para que la liberara... unas horas más tarde, en el ocaso, el pirata Van, que así se llamaba el marido, entró en la choza donde se encontraba Anne amordazada y tirada en el suelo. La liberaron y huyeron hasta América..

Había que saltar por la borda. Era eso o morir ahogadas cuando el barco se hundiera. Nadar cincuenta metros hasta la orilla en un mar embravecido es garantía de perecer en el intento y la otra opción quedaba descartada por suicida. Para decoración de los fondos marinos quedaría una embarcación de 300 toneladas, ocho cañones y más de media bodega con un botín millonario entre joyas, monedas, aranceles, escritos de propiedades, telares y cualquier cosa de valor que pudiera ser vendida o canjeada.

Tras llorar abrazadas y sintiendo el agua en los pies, se decidieron a saltar. Casi siete metros de altura hasta el agua son muy respetables, pero era acción obligada. El impacto del choque resultó brutal y las frías aguas del Mediterráneo en invierno son crueles.
Pese a tener los pulmones llenos de aire, el golpe, la inmersión y el oleaje hacen que estos se vacíen daño la sensación de que arden. El frío no se aprecia, tal es la necesidad de salir a flote y poder respirar.
Silencio entre la tormenta y una sensación de paz inquietante invadió repentinamente a Anne y Mary, dos veinteañeras que huyeron de su ámbito familiar a mediados del XVIII para vivir su vida rebelde entre marinos, piratas, puertos y escondites.


Dos cuerpos flotando golpeados contra las rocas de la orilla en una escena dantesca otoñal. Dos vidas sesgadas por una cadena de infortunios y malas decisiones producto de la urgencia del momento, del estrés constante de vivir en una embarcación rodeadas de hombres sin principios, pendencieros, ladrones, asesinos o desertores de la armada.


- 2018


Ves la playa al fondo?
- sí, no me puedo creer que estemos llegando ya.
Tres kilómetros y estaremos pisando la arena y dejando que el agua acaricie nuestros pies.
- me encanta esa sensación, es como conectar con el origen de la vida.
Es algo muy místico...
- dicen que el mar es el vientre materno.
La mar.
- el mar.
Jajaja bueno, supongo que cada una la amamos a nuestra manera.
- el mar, el amar, el amor, la mar, amarla, dejarse abrazar..
Ya te ha entrado la vena, poetisa?
- sabes que me pongo romántica cada vez que venimos.
Pues ya hace un montón de años que no volvíamos, tantos que ni me acuerdo...
- es verdad, yo tampoco me acuerdo...


Y esa torre? Parece que está habitada.
- me resulta familiar, creo tener algún vago recuerdo... una chica con un sombrero negro... y gente extraña.
A ver si va a salir un caballero templario defendiendo sus dominios y nos parte el Ibiza de un espadazo jajaja
- acelera, que me estás poniendo nerviosa y este sitio no me da buenas vibras.


Ya me has sugestionado y parece que escucho gritos y veo soldados del reino persiguiendo a moriscos, piratas tuertos y viejas de luto.
- en serio, desde que hemos visto la playa al fondo estoy imaginando cosas y me llegan flashes a la cabeza con unas imágenes inquietantes.
La necesidad de desconectar dándonos un baño en la playa es imperiosa. Ya estamos llegando, aparcamos, sacamos lo necesario y al agua que hay que nadar, gritar y celebrar el encuentro.
- sí por favor, que la ansiedad me está pudiendo.
Tenemos buena suerte, no hace viento y la mar está tranquila.
- mejor, no me gustan las tormentas ni los días de viento y esta playa me han dicho que es peligrosa aún con la mar en calma. sólo te puedes bañar tranquila hasta cinco o seis metros de la orilla y justo ahí, se vuelve profunda y oscura y en los días de viento de Poniente, las corrientes te llevan a la zona de rocas donde es imposible agarrarse porque son una prolongación en vertical de la montaña..
Claro que sí y de repente sale del agua el dios Neptuno y te pincha el culo con el tridente.
- y salgo volando jajaja!


Respira profundo y cierra los ojos, esta zona es rica en yodo y dicen que limpia los pulmones.
- estoy mirando el horizonte, contemplando la eternidad.
El deseo más grande de cada alma del mundo.
- me encantaría que fuera cierto, necesito creerlo.
Sabes qué? Llámame loca, pero juraría que hay alguien más.
- pero si no hemos visto a nadie en varios kilómetros a la redonda y aquí estamos solas.
Lo sé, es una de esas sensaciones de las que me hablabas al pasar por la Torre. Es como si entre el ruido de la brisa y las olas golpeando las rocas hubiera una conversación, de vez en cuando juraría que escucho palabras sueltas como si fueran susurros.
- menos mal, pensaba que yo era la única que ''escuchaba cosas'' desde que estamos aquí.
Mejor nos movemos un poco, vamos a acercarnos al castillo.


La huella del ser humano, su legado, su obra y nosotras aquí alucinando con el entorno.
- esto tiene embrujo, yo sigo teniendo las mismas sensaciones que allí abajo.
Es fascinante lo que puede hacerte creer el cerebro.
- y también puede ser inquietante el hecho de creer oír cosas y que te lleguen a la memoria imágenes como recuerdos de situaciones ya vividas...
Yo estaba en un barco, recuerdo una noche de tormenta que un rayo partió una vela...ví una luz y creía que esta torre era un faro y alguien me gritaba '' noooo, a poniente, gira el timón o nos vamos a pique!!!''


- dios mío, yo también he soñado eso! pero cómo es posible?
Lo escuchas?
- sí, perfectamente.
Es como una voz de hombre?
- dice nuestros nombres..
Pero en inglés.
- dice que no es un faro.
Conoces a algún Carlos?
- Vane, Charles Vane. El capitán del ''Williams''.
Espera..... creo ''ver'' lo que dices... entiendo que hemos soñado que viajábamos en un barco y nos sorprendió una tormenta?
- y Charles Vane era mi marido, mi segundo marido.
El pirata Charles, que era el capitán del navío?
- el mismo que creemos estar escuchando ahora.


Ana.
- dime, María.
Saltamos?

jueves, 20 de septiembre de 2018

¿Amor?



-Te quiero - dijo sosteniendole la mirada. No lo sé expresar mejor, no lo sé decir de otra forma, no tengo esa facilidad que tú tienes para hablar, lo siento - continuó.

Él no contestó, apartó sus ojos de los suyos. Era como mirar la escena de una masacre en el telediario a la hora de comer, más incómodo que doloroso. Unas imágenes de un lugar lejano al que la empatía no llegaba, donde se confundía la realidad con una ficción de Hollywood.

La estación seguía desierta, el último tren hacía ya varias horas que había pasado y no lo haría de nuevo hasta que volvieran a ser las siete de la mañana.

Giró la cabeza para mirar la vías sin verlas, mientras notaba como una mano de ella se cerraba sobre la derecha suya, se la apretó con fuerza casi con la desesperación del alpinista que se aferra a un saliente de roca para evitar caer al vacío.

La superficie de los raíles brillaba como si fueran de cromo, mientras sus paredes parecían mustias de óxido, como si estuvieran podridas por la herrumbre. Sonrió, él era igual que esos raíles, que esas vías. El roce, la fricción le había desprendido la capa de óxido, dentro de él todavía quedaba acero duro.

-Yo no te quiero, no, ya no. He pensado durante mucho tiempo que si te quería, pero no puedo seguir fingiendo que lo hago. Tú tampoco me quieres, sé honesta contigo.

- Por qué dices eso. ¿Acaso puedes saber lo que siento? ¿Acaso estás dentro de mí?

Las lágrimas se columpiaban en sus pestañas en gotas gordas como si fueran de resina en vez de agua y sal.

-No, no estoy dentro de ti, estoy fuera y te veo. Te he estado viendo todos estos años. Te he visto levantarte y acostarte a mi lado todas las noches, he visto cómo me has besado antes de irme a trabajar por las mañanas y cuando volvía por la noche. Por eso sé que no me quieres.

- ¿Y eso lo hice y lo hago porque no te quería, porque no te quiero?

-No, eso no es amor.

- ¿Entonces qué es?

- ¿Qué qué es? ¿No besas a tu hija por las mañanas antes de ir al colegio, no besas a tu madre cuando te vas de viaje, no besas a tus amigos cuando quedas con ellos para tomar unas cervezas? Pues esos son tus besos, no son besos de amor, no de amor de una mujer hacia un hombre, no, no lo son

- Estás confundiendo pasión con amor.

- ¿Pasión? La única “pasión” que ha habido entre nosotros ha sido aquella vez que quedamos separados en la calle mientras pasaba una procesión de Semana Santa.

La pasión es un estado de euforia que todas las parejas sienten y que aunque el tiempo las aplaque no desaparece del todo. El problema es que entre tú y yo nunca la ha habido. Ni en los primeros tiempos, no tengo recuerdos. ¿Estoy mintiendo?

-No, pero tampoco estás diciendo la verdad. No soy como tú, no siento como tú, no necesito las mismas cosas que tú, pero eso no quiere decir que no te quiera, solo que quiero de una forma distinta a la tuya. No me puedes exigir que te quiera como tú quieres que lo haga.

- Correcto. Por eso digo que no te quiero y por eso digo que tú no me quieres, no encajas en mi definición de amor, Puede que seas una excelente compañera de piso, o una buena amiga para tomar unas cañas o charlar, pero no te quiero, no me sirves como una mujer con la que compartir el resto de mi vida. No quiero una enfermera, ni una amiga a la que tengo cariño. No, quiero tener una mujer que me bese por las noches y que deje sus labios un segundo más de lo que se deben dejar los labios en un beso de simples buenas noches. Que no se parezca al beso de buenas noches que se le pueda dar a nadie que no sea a mí. Piénsalo bien, estamos en el presente pero las parejas deben de tener un saldo, unos ahorros que ayuden a superar problemas, mal comparado es como una empresa que se funda con ilusión y que con el tiempo tendrá que afrontar retos. ¿Cómo podrá soportar una crisis económica sin unas cuentas saneadas y un colchón económico? Las relaciones personales son iguales. Los ahorros son los recuerdos, las experiencias vividas, que te ayudarán a superar cualquier contrariedad. Sí, claro que todas las parejas tienen momentos buenos y momentos menos buenos, entonces son esos “ahorros” los que te dan de nuevo la ilusión para vencerlos. ¿Tenemos nosotros algún fondo de emergencia, tenemos algún ahorro emocional? ¿Cuál es nuestro último recuerdo que merece la pena ser recordado? Recuerdos como pareja, de esos que solo pueden ser de una pareja sentimental y no de unos simples amigos, ¡ay! porque de esos tampoco tenemos. ¿Cuándo fue la última vez que nos abrazamos, cuándo la última vez que disfrutamos de una velada, de una canción, de una película?. La respuesta pertenece más a esa capacidad de idealizar el pasado que a la memoria. Hace demasiado tiempo que no fabricamos un solo recuerdo que nos haga sonreír.

-Entonces,¿no hay solución?

-¿Solución?, claro que la hay. La vida sigue, no se detiene por nadie, pero no la continuaremos juntos. Seguir solo nos procurará más dolor, no te quiero pero tampoco te odio, aún no.



Tina´s Heart Shaped Boxes








lunes, 3 de septiembre de 2018

Pequeños trazos de ciertos momentos.





''
hablar en verso
sentirse raro
lograr aquello que has deseado...

llegar al monte
oler a norte
saltar el cerco
a ver si acierto
al ver tus ojos lo que me encuentro...

en el florero
de piedras muertas
que había en la entrada
dejé mis miedos
no traigo nada...

días nublados
saltos de fé
claves en Fa
no sale el Sol
ecos del mal
sabor a té...

y para amarla
corté una flor
pedí perdón
y marchitó.
cosas del karma...

pensar en ti
vaciar la copa
nada me gusta
más que tu boca
salir de allí
beber las hojas
ponerme a mil
perder la ropa

reírse a trazos
de trozos viejos
al despistado
todo le es nuevo
y si ha llorado
no lo sabremos
amamos tanto
que nos da miedo...
                                          ''


Mantengo humildes mis orejas.