Dicen que siempre volvemos al lugar donde una vez fuimos felices. Es como la llamada de la madre naturaleza, el despertar de los instintos.
La vida, el crecimiento, comprender, asimilar y sentir. Es como querer fabricar a nuestro antojo un deja-vu de recuerdos, colores, olores y sentimientos.
En mi caso, el deja-vu lo tengo en mi tierra materna, la que me vió nacer, crecer y vivir seguramente los mejores años de mi vida, donde el paraíso era estar todo el día en la playa, disfrutando entre familia y amigos.
San José, Almería.
A sus espaldas, el molino de la abuela, el molino de los Genoveses, llamado así por la cercanía a la famosa playa del mismo nombre. Allí mi madre aprendió el duro oficio de subsistir, como a la mayoría de niños de la post-guerra.
El molino molía de noche, molía de día, había que aprovechar los vientos, que para eso fue construído y no entendía de horarios ni necesidades, de insomnios ni dolores. Había que aprovechar el viento, ya durara unas horas, o semanas…
Bajando la ladera en dirección a esa playa pero a la derecha, se encuentra el cortijo Genoveses, conocido así por la misma razón y con sus habitantes en la misma situación que mi familia.
Familia ésta que pasó posteriormente a ser parte de la nuestra, ya que un tal Manolillo se dedicaba a lanzar silbidos contra el molino a modo de piropos hacia una hermana de mi madre, o sea, mi tía.
‘’En este arrendado huerto
No quisiera hacerme viejo
No quiero con mis sudores
Engordar un cofre ajeno’’.
Mónsul
Las dunas móviles. Escenario de películas de fama internacional, como Indiana Jones, por ejemplo.
Zona de marcado origen volcánico, pero no tan rica su tierra para el cultivo como el valle de Genoveses
Aquí el tiempo no existe. Todo es quietud. Como denominador común, el silencio, la aridez y la naturaleza salvaje, agreste, casi incómoda. Pero no por eso menos bella, menos digna de ser descubierta y amarla.
Calas escondidas, algunas de difícil acceso, enigmáticas, incitantes a imaginar tiempos remotos de caontrabando y pirateo, invasores y descubridores.
Arenas besadas por náufragos, fuentes incontables de agua dulce para supervivencia de lugareños y extraños.
Entornos de embrujo
De amaneceres claros
De días iluminados
De sol apabullando
Lunas como amatistas
Y morir enamorado.
Estas visitas cíclicas, periódicas a mi tierra de origen no son gratuítas ni improvisadas, atienden a una necesidad de volver a ser yo, a buscar y redescubrir mis raíces, aunque esta vez ha sido más necesario que nunca.
Después de estar más de veinte años tocando, empecé a tener problemas en la mano izquierda. Me diagnosticaron artrosis en los dedos y en el cuello. Hasta que en Abril del año pasado tomé la triste determinación de dejar de tocar en directo y de ensayar con ninguna banda.
Me quedaría en casa tranquilo, sereno y meditando muy bien sobre mi futuro como músico...
Pero no ha pasado ni un año y siento que necesito volver a tocar. Necesito arropar de nuevo la madera y el acero en perfecta comunión cerca de mis costillas, abrazar mi guitarra y volver a decirle de nuevo por si lo ha olvidado, lo que supone para mí escuchar cómo me canta y me embruja, que soy feliz a su lado.
Que con ella se para el mundo, que no hay otra cosa en la vida cuando la estoy tocando.
Que su cuerpo son mis alas, con las que vivo volando. Entre canciones y versos, entre gestos de enamorados.
Y sus cuerdas dicen cosas que yo no me atrevo a gritarlas, pero como le cuento todo, como un amante entregado, ella grita a los cuatro vientos que la quiero y que la amo.
Por que no tiene sentido que si yo puedo contarlo, tenga que saberlo ella. Pero sino, no me apaño.
Y cuando llegue ese día en que el sol no está a mi lado, que me sorprenda la muerte a mi guitarra abrazado.
Con ella crecí, ella fue siempre mis manos. Ella me lo contó todo y con ella acabé llorando.
Llorando por no poder seguirla disfrutando.
Olor a tomillo y esparto
Me despierta el astro Rey
Nada más que hacer
Que contemplar extasiado
El brillo de su piel
El rojo de sus labios
Sus ojos color de miel
Sentir que nada ha cambiado
Que estoy por ti y por hacer
De tu vida algo mágico
De tu sonrisa aprender
Que eres lo más sagrado
Que me ha podido ocurrir
El amor no es sacrificio
Es un profundo sentir
Que nos lleva al precipicio
Y no queremos salir
Si no es juntos y abrazados.
El gran éxito del disco en directo de Frampton en 1976 no
dejó a nadie indiferente, recibiendo todo tipo de críticas, desde las más
aduladoras, hasta las más despreciables, pero algo cambió con el disco en
cuestión y fue que aportó una visión del rock que estaba quedando un poco
olvidada: pasar un buen rato y
desconectar de la realidad a base de canciones de contenido sencillo, cercano y
con una música arropando esas letras muy por encima de la calidad de las
mismas.
Esto provocó entre otras cosas la inspiración del genio de
Zappa, que al año siguiente editó uno de sus discos más vendidos ( curiosamente
por contener una canción donde se burlaba de Peter, pero al contrario que éste, con letras
explícitas) llamado ‘’Sheik Yerbouti’’, el primero desde su propia
discográfica, siendo su disco más vendido hasta hoy, con algo más de dos
millones de copias.
El disco fue prohibido en EE.UU. y la canción a la que hacía
mención a Frampton era: ‘’I have been in you’’.
El karma actúa a veces de forma insospechada, pero en esta
ocasión, la burla le salió beneficiosa a los dos: A Peter, porque los fans se
volvieron a enfocar en el disco en directo y se volvieron a relanzar sus
ventas, consolidándolo en su carrera y dándole el ‘’empujón’’ definitivo y a
Frank Zappa, porque a pesar de no poder vender el disco en su país, fue
multi-ventas en el resto del mundo occidental.
Que Zappa es un genio, no me cabe la menor duda. Un torrente
creativo.
Según su familia, conservan material inédito del artista
para editar unos cien discos. Por mí, se podrían limitar a remasterizar su obra y del material guardado, editar una
buena box-set y punto final.
Tambien sospecho que en alguna ocasión, Zappa debió pensar
en lo más profundo de su ser que su disco más vendido fuera uno donde se mofaba
de un colega de profesión. Un colega que era un buen músico, un gran
guitarrista y cantante. No era un genio compositivo y malabarista como él, pero
a base de canciones sencillas había llegado a más corazones que él, aún habiéndose
rodeado siempre de grandísimos músicos para sus discos como Adrian Belew, Terry
Bozzio o un tal Steve Vai, pero Peter Frampton y su banda, ofrecían unas
canciones reconocibles desde el primer compás y al oírlas, automáticamente el
cuerpo se cargaba de buenas vibras.
Una cosa son buenas canciones y otra, los temas.
Las
canciones suelen ser de cantautor, sencillas y generalmente escritas con una
guitarra.
Los temas corresponden a una obra de ingeniería, un proyecto
sinfónico, una partitura con varias claves, un cuento, metáfora o teoría parido
entre varios movimientos musicales que conforman un todo y que por separado
pueden ser varias canciones, pero en la mayoría de casos no se entiende una
parte sin la otra.
En la música, la sencillez es genialidad, dos acordes
rasgueados dando abrigo a una experiencia vivida y cantada.
Eso está al alcance de muy pocos y las Canciones tocadas por
una banda, tienen el poder de cautivar, de embriagarte, de hacerte escapar un
suspiro, una lágrima, hace resucitar el amor y te da fuerzas para encarar el
‘’yo, pecador’’.
No le voy a atacar más a Zappa, respeto mucho su memoria y
su legado, pero esto no me gustó nada. Precisamente un genio como él no
necesita crearse notoriedad a costa de el trabajo de otro artista. Esa canción
le sobraba.
Capítulo Bowie:
Ya que el padre de Peter era profesor de Bowie, sucedió lo
inevitable. Bowie era mayor que Peter, los juntaron en el colegio para tocar y
terminaron siendo buenos amigos. Su máxima ilusión era reunirse para versionear
canciones de su ídolo en común, Buddy Holly.
Tras el famoso directo de Frampton, éste continuó su carrera
editando discos como: I’m in you de
1977, Breaking all the rules 1981, etc. Pero ninguno logró llegar al nivel de
su obra en directo. Más al contrario, la nueva década parecía que le estaba
dando la espalda, las nuevas tendencias de moda en lo relativo a imagen y
sonido nada tenían que ver con la imagen 70’s, el nuevo funky electrónico al
que se subirían muchos artistas no se parecía en nada a el ‘’antiguo’’ sonido
crudo de bandas como Blues Brothers, por citar alguna.
La carrera de Frampton caía en picado y como los buenos
amigos no sólo están para las risas, el
Duque Blanco reclutó a Peter para la grabación y gira del que sería su
disco más exitoso: Let’s Dance, de 1983.
Let’s Dance obtuvo ventas millonarias siendo el segundo
disco más vendido a ambos lados del charco por detrás del magnánimo ‘’Thriller’’ de Michael Jackson.
En el video-single, podemos disfrutar de un Peter Frampton siendo fiel a su estilo guiatrrero, encajando como un guante en la música de Bowie:
El disco, repleto de hit-singles bailables, se convirtió en
el más vendido hasta hoy en la carrera de Bowie y alcanzaría el número 1
mundial, elevando a Bowie a la categoría de estrella y a las portadas de todas
las revistas de música y moda de la época.
Siempre digo y en este blog tambien, que los buenos siempre
acaban juntándose y en el caso de estas dos grandes personas no iba a ser
menos. Los grandes no sólo lo son por su calidad artística, tienen un plus de
corazón y sensibilidad.
Mejor ser una buena persona antes que un gran músico. Si
tienes lo primero, lo segundo te va a llegar antes o después indudablemente.
Excepto si eres Van Morrison, pero eso es otra historia…
Peter Frampton es uno de esos artistas que tenían lo primero
y le sirvió para conseguir lo segundo. Igual que el Duque Blanco, al que su
caballerosidad le va a permitir no hecharle nada en cara a Frank Zappa cuando
se encuentre con él. Seguramente sonreirán y se pondrán a tocar música juntos,
mientras Lemmy se toma un buen trago de Jack Daniels con cola. Genio y figura.
¿Dónde estaba?. Debía de ser un sueño. Eso era, debía de estar soñando. Era extraño porque se suponía, que cuando se soñaba, no se podía saber, que en realidad lo estabas haciendo. Pero debía ser un sueño. Todo estaba desproporcionado en tamaño. Había unas sillas y una mesa, de talla gigante comparada con ella. Además miles de sonidos llegaban a sus oídos. Oía como el agua corría por las tuberías, como la electricidad viajaba por el cobre, tras las paredes, como se quejaba la madera que se contraía con el frío nocturno. Lo oía todo. También lo olía. A su pituitaria llegaban olores conocidos como el del barniz, pero con una riqueza en matices, que jamás podría haber imaginado. Luego estaban otros nuevos, que aunque percibía era incapaz de describir o saber a qué pertenecían Sí, efectivamente era de noche, pero la luz de una luna llena, tenía que estar entrando por alguna ventana, que no alcanzaba a ver, ya que la estancia no estaba sumida en la oscuridad si no ,más bien en una penumbra, que daba a todo una tonalidad gris plateada, resplandeciente. Avanzo explorando aquel mundo de dimensiones colosales. A medida que lo hacía, comprendió que sin duda se hallaba en el cuarto de juegos, de algún niño-gigante. Primero, atravesó lo que no podían ser otra cosa, que las vías por las que correría una locomotora de juguete. También pasó por delante de un monstruo peludo que la miró con ojos vidriosos, y que resultó ser un oso de peluche y fue encañonada por un batallón de soldados con la fría quietud del plomo. Un poco más adelante, el paso se vio obstaculizado por las enormes piezas de un juego construcción, que descasaban esparcidas por el suelo. Era como la cantera del giganteniño. De donde podría extraer los materiales, para construirle un universo a su escala diminuta. Desde luego era algo así, una vez consiguió subir a lo alto de una pila de bloques lo pudo corroborar. Más allá había un castillo hecho de esos mismos bloques por los que acababa de subir. La construcción era imponente, con sus torreones y almenas. Divisó que el portón estaba bajado, así que concluyó ir hacia él. La entrada se abría en un gran patio de armas, donde confluía todo el edificio. Presidiendo la plaza, una gran torre rectangular se alzaba por encima del resto de estructuras. Debía ser la torre del homenaje. El corazón del castillo; donde sin duda se encontraban las dependencias más importantes. A su finísimo oído llegó un sonido inesperado. Era el sonido de unos pies livianos correteando, salía del interior de aquella atalaya, luego una risa alegre e infantil. ¡Un momento! Conocía esa forma de reír; era la de su hija. Era la risa de Paula. Intentó llamarla, ¡Paulaaaa!, pero no logró articular palabra alguna. Lo más que consiguió que saliera de su garganta fue un chillido agudo. La frustración no la detuvo un momento. Simplemente corrió en su busca. La recibió un gran salón, con una mesa enorme de madera en el centro y su sillón en uno de sus extremos. El mundo había recobrado sus proporciones normales, al menos para ella, el castillo de juguete, había cambiado los bloques de plástico por solida piedra. El suelo estaba vestido con una alfombra mullida y en las paredes colgaban tapices. No podía distinguir los colores, que seguían siendo un abanico de infinitos tonos grises. Pero lo más importante, ni rastro de Paula. Las risas se volvieron a escuchar y después el ruido de los pies menudos que subían apresuradamente unos escalones de piedra. Intentó nuevamente llamar a su hija y otra vez lo único que pudo emitir fue ese chillido agudo, chirriante. Salió del salón, por un arco cubierto por una pesada cortina que encontraba un distribuidor con varios corredores que conducirían a otras habitaciones, desestimó esas rutas ya que en el centro se descubría una escalera de piedra que subía. La escalera subía y subía, sin niveles intermedios sólo arriba y arriba. Notaba su corazón palpitándole en el fondo de la boca, por el esfuerzo, igual que una miga de pan que no puedes tragar. ¿Cómo podía ser una niña tan veloz? ¿Se habría confundido de camino?. La duda quedó despejada cuando la risa se volvió a oír. Alzo la mirada, para comprobar con alivio, que las escaleras terminaban unos pocos tramos más arriba.
Estaba llegando. Los peldaños morían en un amplio rellano. Solo había una puerta de madera. Con cuidado la empujo. Cedió retirándose, abriéndole paso a la habitación que guardaba. Era un dormitorio, precioso, digno de una reina, una cama con dosel, una descalzadora junto a un biombo y un tocador con un maravilloso espejo con marco tallado, también encontró un baúl pero Paula tampoco parecía estar allí. La oyó reír. ¿Dónde estaba? La risa se escuchaba cerca. Buscó detrás del biombo, debajo de la cama incluso dentro del baúl, pero nada. Iba a darse por vencida cuando la vio. Estaba en el espejo o mejor dicho dentro del espejo, que más parecía una ventana o ella qué sabía. El caso es que, su hija estaba al otro lado. La niña reía, estaba allí con un vestido azul con manguitas de farol y cuerpo en nido de abeja. Con el pelo recogido con una moña también azul. Chilló al intentar llamarla. Pero Paula no parecía ni verla ni oírla, solo reía quieta, estática. Acerco la mano para tocar la superficie. Los dedos atravesaron el espejo como si fuera una película líquida, haciéndola vibrar. Sintió un frío helador que le llegó hasta el tuétano de los huesos. La imagen de su hija tembló desfigurándose, comenzando a girar sobre si misma. Primero poco a poco, para tomar más y más velocidad. Laura se asustó e intento retirar la mano, pero no podía parecía que se hubiese quedado atorada. Paula se deshacía en un remolino .De imprevisto todo dentro de la habitación empezó a girar también, incluido ella que seguía con la mano dentro de aquel espejo . Era como si se hubiese desencadenado un tronado dentro de la alcoba. Terminó tan repentinamente como comenzó. Pudo retirar la mano. Su hija ya no estaba, el espejo, ahora estaba negro y vidrioso como hecho de obsidiana. Algo en el fondo de él, brillaba tenue. El brillo se fue ampliando, floreciendo como un capullo que se abre. El espejo volvía a ser un espejo . En su reflejo se podía ver la habitación con su cama con dosel, su biombo y sus paredes de piedra. Pero había algo nuevo y sorprendente. Su imagen no se reflejaba, en su lugar había una rata. Bigotuda y de ojos rojos, que movía el hocico olisqueando. ¿Qué quería decir aquello? Volvió la cabeza para mirar detrás de ella lentamente y descubrió con horror que el roedor la imitaba. ¡No podía ser! ella era la rata del reflejo. En ese justo instante el marco del espejo se desprendió súbitamente de la pared, cayendo sobre ella con violencia. Sintió como su espalda se quebraba bajo su peso, como sus huesos se descomponían en esquirlas que se clavaban en la carne y como su médula espinal se derramaba salseando sus entrañas aplastadas. Comenzó a gritar, pero en realidad solo se podían oír los chillidos de una rata atrapada en un cepo.
El 16-1-1976 (hace cuarenta añitos de nada) se publicaba uno de los discos en directo más famosos y conocidos a nivel mundial, ''Frampton comes alive'' todo un compendio de buena música rock sin pretensiones, un ''only for fun'' en toda regla, un concierto memorable e inspirado en la ejecución de las canciones por parte del propio Peter y su banda.
Las canciones suenan aquí mucho mejor que en las grabaciones originales de los discos donde iban incluidas, hay comunión con el público, algo imprescindible en todo buen show y mustra de ello, es la cálida ovación de bienvenida que se escucha al inicio del disco y en cada parada entre canciones.
Peter Frampton no es el típico guitarrista de rock al uso, ese que usa acordes de potencia por quintas y abusa de la escala pentatónica de blues, sus influencias no eran la de los guitarristas de su época, tales como Muddy Waters o Little Richard, fué su padre quien lo inició desde niño con el jazz y ese aprendizaje lo fué adaptando a sus canciones cuando en la escuela se juntaba con un tal David Bowie para tocar juntos en los ratos libres y en algún festival de fin de curso.
Más tarde conoció a Bill Wyman, bajista de los Rolling Stones y acabó engrosando las filas de los Humble Pie de Steve Marriott con los que grabó un total de cinco discos y se fué ganando una gran reputación como guitarrista y cantante y todo un referente como guaperas entre el público más joven.
Peter se daba cuenta que mientras fuera miembro de Humble Pie, sólo sería un músico más integrante de una banda y por esas cosas de querer ponerse a prueba y saciar egos, a principios de los 70's inicia su carrera en solitario y para el primer disco cuenta con la ayuda de Ringo Starr.
La carrera de Frampton se prometía interesante, cada disco resultaba un poco mejor que el anterior, hasta que en 1976 se publicó el que nos ocupa, ''Frampton comes alive'' 1 hora y 18 minutos de rock asequible y desenfadado, con letras muy informales que hablan de las típicas cosas entre chico/chica, nada de mensajes comprometidos como hacían la mayoría de artistas de esa década, lo que llevó a todo un genio de la música a grabar ''Sheik Yerbouti'', toda una mofa a modo de crítica hacia Peter.
A veces los genios piensan que todo debe girar en torno a sus gustos, que las expresiones artísticas giren en torno a lo que ellos perciben y no asimilan que el origen del rock y su principal intención es divertirse y divertir, algo que Zappa no debió darse cuenta, o sí, pero le dió pie para grabar otro disco más (aún hoy en día, dice su familia que queda material guardado como para editar 100 discos)
Aquel muchacho de aspecto sano y bien parecido, logró sacar de la mediocridad de las listas de éxitos un buen puñado de canciones y lanzarlas al estrellato, convirtiendo este doble en directo en el disco de rock grabado en vivo más vendido de la historia.
''bueno, a ver hasta dónde llega esto'' contestó en cierta ocasión Peter a uno de los periodistas con los que se entrevistó para la promoción de ''Frampton comes alive''.
Hola Calaveras, ya estoy de nuevo por aquí con la intención de alegraros los sentidos con un plato histórico, un clásico de la gastronomía gallega de fama internacional y muy extendido en todo el país.
Como dato anecdótico, siempre que hago este plato, me sonrío al recordar que una vez estando reunidos varios familiares y amigos en casa un día festivo, decidí hacer esta receta y me dió por decir que era pulpo a la galleta, ya que estábamos comentando que antes había que apalear al pobre pulpo para ablandar su carne.
Ingredientes para el pulpo a la gallega:
-1 pulpo de unos dos kgs.
-3/4 patatas medianas.
-sal en escamas.
-aceite de oliva.
-pimentón.
Preparación:
-Si el pulpo es fresco, debemos congelarlo dos o tres días para que luego quede blando. Lo sacamos el día antes y lo dejamos en el frigorífico que se vaya descongelando.
-Ponemos al fuego una olla con agua y una cebolla dentro.
-Cuando empieza a hervir, introducimos el pulpo cogido de la cabeza, tres veces y lo sumergimos.
-Dejamos cocer hasta que la cebolla esté tierna. Entonces el pulpo tambien lo estará. Yo conté 50 minutos. O sea, 25minutos por kg.
Ese truco de la cebolla, es el método que utilizaban los pescadores en alta mar para cocer el pulpo.
-Una vez cocido, lo sacamos y dejamos escurrir.
-En el agua de cocinar el pulpo cocemos las patatas enteras. Mientras hierven, troceamos el pulpo en rodajas medianas.
-Cuando las patatas están cocidas, las pelamos y hacemos rodajas.
-Las ponemos en un plato o en una bandeja y colocamos el pulpo encima, se añade la sal en escamas, el aceite de oliva y pimentón dulce, picante o mezclado (según el gusto).
-Yo pongo el pimentón al final, porque no queda tan mojado por el aceite y me gusta más como queda.
La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.(Jorge Luis Borges)
Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces entonces estás peor que antes
(Confucio)
Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los “cómos”.
(Friedrich Nietzsche)
Sintió el calor del licor descendiendo por su garganta hasta que se difundió en
sus tripas. Era el cuarto whisky solo, que tomaba en los casi 45 minutos que llevaba en
aquel tugurio de mala muerte.
AZUL, AZUL<< - ¡Que le han hecho a la niña! ¿Por qué?...Dios mío ..¿por qué?. ...Tú
tienes la culpa... Tú y tu ambición... Tú maldito seas... Tuuuú. ¡MALDITO
SEAAAAS!>>. <<Buenos días D. Luis me alegro de poder conocerle personalmente >>
<< - Ah su hija, un ser encantador >><< Lo voy a coger y me da igual lo que pienses.
Creo que das demasiadas cosas por sentadas... >> . <<Eso; vete. Eso es lo único que
sabes hacer, huir >> AZUL, AZUL <<¡MALDITO SEAAAAS!>>
¡¿Qué iba a hacer?!¡Dios! Era su hija. Su hija; su hija....Dios ¿Qué podía hacer? Se iba a
volver loco. Prácticamente no había tenido ocasión de hablar con Laura. Sólo le gritaba
acusándolo; él era el responsable de lo que le estaban haciendo a la niña. Que la había
vendido y cosas aún peores que no quería o no se atrevía a recordar. Sólo supo huir.
Alejarse de su mujer, alejarse de su familia . Se autoengañaba; pensaba que así pondría
distancia y que más tarde, cuando los ánimos se serenaran, podrían buscar una
explicación a toda esta pesadilla pero era mentira. Tenía miedo. Y un cobarde como él,
hizo lo que sabía hacer mejor; huir.
- Hola guapo, ¿me invitas a una copa?
La mujer se acercaba como una gata hambrienta al acecho de un ratón obeso.
Luis apartó los ojos del vaso y la miró.
El tinte rubio platino dejaba ver unas raíces como el carbón. No debía pasar de los 30
pero los avatares de la vida lo ocultaban junto con un maquillaje algo exagerado.
- Tómate algo, si es lo que quieres, pero no creo que sea una buena compañía. El
alcohol le sujetó la lengua que comenzaba a pesar más de lo habitual.
La chica tomó asiento en un taburete junto a él con un movimiento sensual que hizo
imposible no fijarse en su cuerpo voluptuoso y escaso de ropa.
- A mí no me lo parece. Contestó alzando una mano para llamar la atención del barman.
Un hombretón de cabeza rapada y camisa blanca con pajarita negra, que a duras penas
conseguía abarcarle el cuello.
Luis ignoró el comentario y volvió a mirar a su vaso de whisky para ver como los hielos
agonizantes se derretían. Le dolía la cabeza y el cuello. Sentía el bombeo de la sangre en
sus sienes; cada latido era como si le golpearan con un martillo pilón en el cráneo.
Apuró los dos dedos de bebida que quedaban . Sacando dos billetes de la cartera de
50,00€ que dejó sobre la barra dijo
- Quédese con el cambio.
- ¿Te vas tan pronto?, guapo. Comentó la chica girando distraídamente el contenido de
la copa que acababan de servir con el índice, luego se lo llevó a los labios, chupándolo
mientras le seguía con la mirada.
- ¿No te da pena, dejarme aquí tan solita? Continúo de forma sugerente.
No le faltaba razón, aquel antro estaba desierto. Aún era demasiado pronto para que ese
tipo de negocios tuviera ambiente. Sólo había un par de chicas más, sentadas en el otro
extremo del salón que cuchicheaban entre si, pero que no habían dado ninguna muestra
de querer comenzar la jornada laboral. Muy al contrario que su interlocutora que lo hizo
nada más entrar en escena. Bajó desde el piso superior, por una escalera situada al fondo
del local, clavando las agujas de acero de sus tacones, sobre el suelo de gres imitación a
mármol. Contoneándose como una pantera que sale de caza.
No contestó, los músculos del cuello quemaban. Quería ponerse el abrigo, el dolor le
paralizaba. Intentó meter el brazo por la manga pero fue igual que si le hubieran clavado
un puñal al rojo. Contra su voluntad dejó caer la prenda sobre el taburete. Las
propiedades anestésicas del alcohol no estaban causando el efecto esperado en sus
dolores, especialmente en los del alma. La chica abandonó su asiento. Recogió el abrigo
y le ayudo a ponérselo.
Con un movimiento ágil y estudiado, hizo que sus cuerpos entrechocaran. Luis sintió la
presión cálida de sus pechos en el brazo y como los labios se quedaban a unos
milímetros de su oído; entonces le susurro unas palabras con voz aterciopelada.
Acto seguido, se apartó de él. Recogió la copa y sin mirar atrás, se dirigió hacia las
escaleras que conducían a la planta superior, con su bamboleo de caderas y la copa
balanceándose entre sus dedos.
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El bizcocho dulce y untuoso se deshacía en la boca. Paula se había servido una pequeña
porción, no tenía hambre, mas una vez probó su maravilloso sabor a mantequilla, el
apetito se le despertó y comenzó a comer con deleite.
Todo tenía un aspecto delicioso. Sobre la gran mesa, había toda clase de dulces. Había
tartas de chocolate de varios pisos, pasteles de fresas con nata, torres profiteroles
rellenos de crema y luego regados con caramelo, natillas, flanes, helados de todos los
colores y sabores y galletas de canela y magdalenas y... la variedad parecía
interminable. Por un instante olvido donde estaba y fue feliz. Sin embargo, el bordado
verde de la servilleta con la que se limpiaba los restos de merengue de la boca, se lo
recordó.
Miró el plato con trozos de dulces a medio comer y lo apartó con sentimiento de culpa.
Una doncella apareció por un lateral del salón y se acercó a ella.
- Mi señora ¿ha terminado?.
La niña asió a la sirvienta por el brazo. Era la primera persona que le dirigía una palabra
desde que llegó, aparte del espantapájaros, claro estaba.
- Por favor, quiero ir a casa. Por favor, por favor
.La sirvienta agachando la cabeza se retiró dando pequeños pasos hacia atrás, temerosa
y suplicante.
- Por favor señora, por favor.... Cuando se alejó un par de metros giró y desapareció por
donde había venido asustada como un conejo.
Justo en ese instante aparecieron varias más, que diligentes comenzaron a retirar todas
las viandas. En silencio esta vez y de la misma forma que si estuvieran ejecutando
alguna coreografía, terminaron en pocos minutos, recogiendo fuentes, bandejas y
manteles dejando así al descubierto la madera noble reluciente. Para rematar su trabajo,
colocaron un tapete verde esmeralda remallado en oro y unos candelabros también
dorados, de tres brazos cada uno pero sin ninguna vela.
El salón volvió a quedar desierto y en silencio. Las sirvientas habían desaparecido tan
repentinamente como aparecieron. Paula se sintió pequeña e insignificante allí en aquel
enorme sillón dorado. No sabía qué debía hacer, así que decidió permanecer sentada
esperando, contemplando el amplio salón donde se encontraba. Era una gran nave de
planta rectangular, de unos 50 metros de largo por ,30 de ancho, hecha de sillares de
piedra blanca revestida de mármol hasta media altura, también blanco. El techo, a no
menos de 5mts, estaba acabado en un artesonado de madera labrada, decorada con pan
de oro e incrustaciones de esmeraldas, que repetía un patrón de formas geométricas. Las
piedras refulgían como si tuvieran fuego en su interior iluminando todo el recinto. En el
centro, el patrón se interrumpía, con un rosetón ovalado donde se podía ver el emblema
de los trazos curvos en relieve. Sobre los muros, lucían colgados tapices a juego del
tapete de la mesa, que junto con la alfombra intentaban hacer lo más confortable. No
había ningún mobiliario más a parte del mesón de madera pulida y el sillón donde
estaba. En cualquier otra situación se habría quedado maravillada encontrándose en un
lugar como ése, donde los protagonistas de sus cuentos favoritos darían fiestas
suntuosas. Pero preferiría estar en su sitio, dentro de ella misma, en casa ;no en aquella
especie de sueño que parecía no tener fin.
De frente, al fondo del salón, se abría un arco que hacía de entrada principal, había una
más pequeña, en un lateral, por la que había entrado el servicio, que carecía de hojas
pero que a cambio tenía unas pesadas cortinas que hacían sus veces. Paula oía como si
barrieran el suelo con una escoba de retama detrás de los cortinajes. Poco a poco, el
ruido se fue acercando. Una mano de palo con falanges largas y nudosas aparto la tela y
el espantapájaros apareció, le seguía el león.
-¡Buenos días, mi querida niña!. Espero que hayas descansado. Empezó dicharachero y
sin esperar respuesta, prosiguió.
- La jornada será apoteósica. Hoy vas a ser presentada al reino. Han venido de todos los
rincones a rendirte pleitesía. Ya veras, todos están encantados de que estés aquí. Una
brizna de paja amarilla salió volando de su boca y se balanceo hasta caer mansamente
sobre el suelo. Paula se disponía una vez más a suplicar pero el monigote no la dejó
empezar si quiera, su verborrea era incontenible, se notaba que disfrutaba escuchándose.
El león aburrido, bostezó abriendo las fauces y mostrando sus poderosos colmillos,
luego agitó la melena como intentado despabilarse y volvió a hacer como que escuchaba
atentamente.
- Bien; ahora te prepararás. Tienes que estar radiante; aún más, jeje. ¿Alguna pregunta?
La niña negó con la cabeza. Había aprendido la lección. No la escucharía; era inútil.
Sin previo aviso el león volvió a abrir las fauces; el rugido reverberó por toda la sala,
poniéndole la carne de gallina. No pasó un segundo, cuando un par de doncellas de
hábito verde, salieron por la puerta lateral, que la instaron a acompañarlas.
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En la habitación había el sitio justo para una cama revuelta, una mesilla de noche
desvencijada y un pequeño bidet de porcelana descascarillado. Una triste bombilla
colgaba del casquillo, sus 40 watios alumbraban algo más que nada, el tajo de aquella
mujer. En la pared, un ventanuco al que habían cegado poniendo un adhesivo de flores
rosadas, con la doble intención de dar intimidad e intentar integrarla en la pared del
mismo color. Aunque lo primero lo conseguía, lo segundo necesitaba un gran esfuerzo
de imaginación. Toda esta información entró por los ojos de Luis yendo directamente al
vertedero del subconsciente
. Las palabras de la chica seguían resonando en un eco infinito. “Solo quiero cumplir tus
deseos".
Quizás a estas alturas ya hubiera perdido la razón, y solo fuera una insinuación típica de
una prostituta. Pero tenía que lo, no podía marcharse sin mas. Así que la siguió, como
un perro en celo, escaleras arriba.
- ¿Quién eres, qué quieres de mí? Increpó a la chica que yacía sobre la cama.
- Tranquilo guapo, si sigues gritándome así, mi amigo de la barra se podrá nervioso, y
no creo que te guste
- Esta bien, dijo Luis; bajó el tono y se sentó en el borde del camastro junto a la mujer .
Te lo preguntare de otro modo.
- ¿Qué, querías decir con lo de cumplir mis deseos?
- Es mi trabajo guapo, doy placer, cumplo deseos. La mujer jugueteaba con una cadenita
plateada que le rodeaba el cuello, ¿no tienes....ninguno? Hábilmente se desabrocho un
botón de la camisa dejando aun más expuesto su generoso busto.
Luis se levantó de la cama con dificultad, la cabeza le iba a estallar y el cuello volvía a
quemar.
- Ya te dije abajo, que no era una buena compañía.
Creo que los dos estamos perdiendo el tiempo.
Comentó dando un paso en dirección a la puerta a modo de despedida.
La chica se removió para seguirlo con la mirada.
-Lamento el malentendido..Pero pensé... Bueno. Adiós
-No hay ningún malentendido
-¿Cómo? ¿ Qué has dicho?.
- Que no ha habido ningún malentendido, que sé por lo que estas pasando. No eres el
único.
Luis se quedó de una pieza. ¿Sería una nueva alucinación? La mujer se había levantado,
algo en ella había cambiado, su actitud, su mirada. La picardía y el deseo se habían
esfumado y ahora sólo había paz y comprensión. Le tocó el brazo con la mano y sintió
como el contacto le reconfortaba el espíritu, como un oasis de luz en su oscuridad
particular. El labio inferior comenzó a temblar ligeramente, noto el calor de las lágrimas
a punto de ser derramadas; si nada lo impedía se iba a derrumbar como un niño perdido.
-Ssssh. No digas nada. Sólo quiero que sepas que no estáis solos. Ahora no es momento
de hablar. Puede estar vigilando. Vete a casa y dile a Laura que use el espejo. Vete, no
hables, no pienses; solo vete.
- Pero...pero. No lograba articular las palabras.
- Sssssh tranquilo, recuerda; dile que use "El espejo", ahora vete y con delicadeza abrió
la puerta empujándole suavemente igual que si fuera un polluelo que no quiere dejar el
nido.
La puerta se cerró con un leve crujido. Dentro del cuarto la mujer se sentó de nuevo,
primero en la cama, suspiro y luego se dejo caer de espaldas. El colchón la recibió con
una protesta en forma de rechinar de muelles. En su gremio la actividad comenzaba con
la puesta de sol, pero los parpados le pesaban como si no hubiera dormido nada durante
el día. Se acurrucó de lado buscando una posición cómoda y antes de que fuera
consiente se quedó dormida plácidamente como un bebé.
El golpeó de un puño sobre la puerta la despertó súbitamente. Era el barman.
-Luzil, Luzil ¿Estás bien?... El salón está lleno de clientes. ¿No piensas trabajar hoy?
- Si.... si ya voy... me he quedado...dormida...
La chica se incorporó. Estaba desnuda. Su ropa yacía hecha girones por todo el cuarto.
Sintió en su vagina el escozor propio de una jornada intensa de trabajo. Una arcada la
sobrevino y tuvo que inclinarse sobre el bidet para vomitar. La cabeza le daba vueltas,
mientras una oleada de bilis amarillenta le abrasaba el esófago. Abrió el grifo y se
enjuago la boca escupiendo varias veces. En la porcelana rosada unos hilillos de sangre,
bailotearon antes de perderse por el desagüe junto con los demás jugos. Entonces es
cuando sintió el calor palpitante en la cara. Dio un tirón del cajón de la mesilla
sacándolo de sus guías. Cayó al suelo deshaciéndose en tres trozos, desparramando su
contenido por el suelo. Había un tubo de lubricante espachurrado, ya en las últimas,
varias ristras de preservativos y un juguete sexual con la forma de un miembro viril de
gigante. Rebuscó nerviosa hasta que encontró lo que buscaba; una pequeña polvera
plateada. La abrió y contempló su rostro. Se le cayó de las manos temblorosas. Alguien,
algún cliente se había ensañado con ella. La hinchazón del lado derecho de la cara había
comenzado a cambiar el rojo por el morado y el pómulo izquierdo también inflamado
mostraba un corte que parecía una boca desdentada. El labio superior estaba reventado y
lucía un coagulo de sangre seca El resto del cuerpo no estaba mejor. En ambos pechos
tenia marcas de mordeduras que le habían desgarrado el pezón izquierdo que pendía de
un colgajo de piel escarlata.
Se habían levantado ampollas sanguinolentas en los muslos como si la hubieran azotado
y la espalda estaba cubierta de arañazos profundos a medio cicatrizar. Las terminaciones
nerviosas, empezaban a desperezarse del efecto sedante del sueño, se vieron
sobrecargadas de trabajo; había un mensaje urgente que transmitir. Dolor, mucho dolor.
¿Quién la había torturado así ?. Era...era como si la hubiese poseído un demonio llegado
de lo más profundo del averno. ¡Dios mío! ¿Quién le había hecho esto? Intentó recordar
entre la paleta de dolores que la asediaban. Pero en su cabeza no había nada. Las últimas
doce horas de su vida estaban en blanco, como si las hubieran borrado. Una y otra vez
intentó traer algún recuerdo a su mente, pero lo único que conseguía ver era un color.
Azul...azul.
Recuerdo como si fuera ayer aquella noche de hace más de cuarenta años (time goes by) que no me podía dormir, era casi imposible. Sentía que sería una noche especial, que algo se estaba tramando ahí fuera y no estaba seguro de querer saberlo, casi sentía miedo al recordar las historias que me contaba mi padre sobre unos señores mayores con barbas grandes, vestidos con atuendos extraños y largas capas de colores brillantes que los envolvían por completo y servían para cubrir los lomos de unos animales parecidos a los caballos, pero con una montañita sobre la espalda.
No debían pasar frío, prque en esas montañas llevaban guardados un montón de regalos que los señores estos habían ido buscando durante largos meses por tierras muy lejanas y tenían que llegar a esta casa y debían llegar sanos y salvos.
Es más que probable que llevara toda la navidad dando la machaca con la noche de reyes y los regalos, imposible poder recordar todo, tenía poco más de tres años, pero sí recuerdo muy bien ciertos momentos mágicos, como cuando me dijeron que había que enviarles una carta diciéndoles que me había portado muy bien, había sido un niño bueno y obediente y había querido mucho a mis hermanos y a mis padres.
Ni siquiera había empezado a ir a la escuela, pero recuerdo haber hecho unos garabatos con mucho arte y unos dibujos. Ni saber qué era un ''remite'', pero el trabajo había que hacerlo.
Cómo no ''escribir'' una carta a los Reyes Magos para pedirle lo que más ansiaba en el mundo?
Cómo no hacerles saber de mi existencia, que era un niño feliz y no entendía de pobreza?
En mi imaginación todo era posible, veía a los pájaros volar y yo quería volar tambien. Veía a mi gata jugar y hacer saltos imposibles y yo quería tambien.
Veía pasar el tren y yo era el maquinista..
Los inviernos de antes los recuerdo más fríos, más duros, o quizá era esa vieja casa de vigas de madera y barro con grandes ventanas y balcones hasta el techo, con los primeros cables de corriente en la pared sujetados entre esparadrapo y púas o esa mesa de camilla donde no faltaba un brasero con ascuas de carbón y de donde no había forma de sacar a mi gata en toda la noche...tal era el frío.
Esa noche de Reyes, mi padre y yo nos fuimos a dormir temprano. Mis tres herman@s mayores, yo y mis padres teníamos que dormir en dos habitaciones y a mí me pusieron una camita junto a la de ellos.
Previamente, mi madre calentó la mía con una bolsa de agua hirviendo, porque la humedad era tal, que las sábanas parecían mojadas y se hacía duro dormir así, pero esas bolsas tenían magia para mí, así que nos dispusimos a dormir, pero antes había que rezar un poco, pero como los nervios no me dejaban dormir, mi padre empezó a contarme historietas de la Rosarillo, me harté de reir y en algún momento indefinido me quedé dormido..
Mi hermano mayor ya andaba de parranda y debió llegar de madrugada y por mucho cuidado que quisiera poner para no hacer ruido al entrar, la puerta lo gritaba todo, ya que la llave era grande y hermosa, de las de antes, de hierro y me desperté.
Papá! Ya han llegado los reyes! La bici, la bici!
Totalmente a oscuras, mi padre se levantó y me dijo que no me moviera por si eran ladrones. Salió de la habitación, recuerdo unos murmullos, unos ruidos y llegó mi padre.
Papá, son los reyes, han traido la bici? Eslo único que había en mi cabeza, la bici. Con ella me iría a la playa a navegar con los pescadores del pueblo y llevaría a mis amigos del patio y a mi gata tambien. Me pasearía por todas las calles para que vieran la bici tan chula que me habían traido..
Se encendió la bombilla del techo de la habitación con su luz pobre, amarillenta, pero suficiente como para poder ver bien a mi padre en paños menores, con una sonrisa en la cara y mi bicicleta de tres ruedas en una mano!
''mira tu bisi, ya te la han traido'' recuerdo que me dijo con su asento suave.
''como es de madrugada y la gente duerme, la voy a dejar aquí a los pies de tu cama. vamos a dormir y cuando sea de día te subes en ella''
La magia existía, esos señores existían y habían recibido mi carta. Habían buscado la bici y habían encontrado mi casa, pero a pesar de ser tantos entre reyes y pajes, no los oí, Fué un ruido solo lo que escuché.
No recuerdo haber sido tan feliz en mi niñez como esa noche de reyes, de magia y de ilusión. Hasta que crecí y fuí tomando conciencia de todos los problemas que acarrea hacerse mayor y afrontar la vida y las dificultades que nos plantea, la vida era mágica, una aventura diaria, una explosión constante de imaginación en la mente sin prejuicios de un niño y el esfuerzo de unos padres de origen humilde haciéndoles llegar a los Reyes Magos los deseos de un hijo. Cualquier cosa por vernos sonreir.
La magia existe, los Reyes Magos existen porque hay personas que nos quieren ver felices y año tras año harán ese esfuerzo por hacerles llegar nuestras cartas de deseos, no tienen por qué ser anhelos materiales. A veces con un simple ''estar'' es más que suficiente.
Y mi padre existe. En el cielo, pero para mi existe.